Hace unos 20 días, se avisaba a la población de la necesidad de pertrecharse con kits de supervivencia, ante la posibilidad de un estado de emergencia bélica, pandemia o catástrofe natural.
Curiosamente, hoy 28 de abril de 2025, parte de ese kit ha sido necesario, y quienes fuesen buenos y obedientes ciudadanos habrán tenido la posibilidad de estar en situación menos perentoria que el resto que fuimos insumisos. Hoy justo se ha producido un GRAN APAGÓN durante unas 12 horas, según el lugar. ¿Fortuito? ¿Provocado?
Nadie ha explicado claramente a qué se ha debido, ni si ha sido en realidad y a ciencia cierta un fallo técnico o un ciberataque; pero, en cualquiera de los casos, lo cierto es que se ha demostrado nuestra vulnerabilidad como sociedad y cuán cautivos somos de las tecnologías actuales porque, sin internet y sin luz, millones de personas han visto paralizada su actividad diaria: trabajos de oficina, trenes, metro, comercios, bancos… y, por supuesto, la economía en general. Personas hospitalizadas, personas con diálisis o dependientes de máquinas vitales…
Hoy, lo que se pudiese comprar tenía que ser con dinero en efectivo, lo que implica que el rechazo al pago con tarjeta por parte de muchos ciudadanos no es algo baladí.
Pesar simplemente unas piezas de fruta ha sido algo impensable, sencillamente porque las básculas son digitales, y se han denostado y olvidado las viejas básculas analógicas que posiblemente sisasen algún gramo, pero seguían funcionando con y sin luz. Hoy los posibles pesajes de alimentos se han convertido en estafa.
Los cajeros no funcionan y, por tanto, imposible sacar dinero para comprar. Nuestro dinero en poder del banco nos imposibilita siquiera poder adquirir el pan.
Y puestos en este punto, ¿hemos pensado en ello? La disposición económica de cada uno queda relegada a la nada porque, en situaciones como esta, el dinero ciudadano es absolutamente cautivo de las entidades bancarias, sin que nadie se responsabilice. Un auténtico «corralito» tecnológico de dimensiones astronómicas, pues no solo no se puede disponer de efectivo, sino que no se puede comprobar la cuantía de los ahorros de cada cual, porque las libretas bancarias tampoco existen. Lo del dinero guardado en casa, eso que nos prohíben, tiene mucho sentido.
¿A quién beneficia esto? Desde luego a los ciudadanos no. La pérdida de autonomía a la que estamos siendo sometidos coincide más con experimentos sociales para comprobar nuestra capacidad de resistencia y obediencia que con hechos casuales.
El papel del alto grado tecnológico al que está sujeta nuestra forma de vida, por mucho que aporte beneficios a priori, demuestra el altísimo grado de vulnerabilidad y la dependencia al que nos enfrentamos, de quienes se erigen en mandatarios. La autonomía individual y social ha dado paso al sometimiento y esclavitud tanto a las nuevas tecnologías como a nuestros magistratus mundi.
Habremos de solucionarlo y no perder nuestra humanidad, igual hay que luchar contra el sistema impuesto…
… Y los experimentos, para el laboratorio.
12/5/2025
Han pasado ya 14 días desde que España hizo un fundido en negro, 14 días en los que la negrura informativa es de las mismas dimensiones de las que tuvo el colapso eléctrico de nuestro país, inmensa.
Nadie nos ha aclarado aún a quién o a qué se debió esa desconexión de la red, mientras los argumentos más variopintos surgen por doquier, con más o menos aporte esclarecedor en cuanto a entendimiento para la ciudadanía, y echándoles las culpas a renovables, sobrecarga, exceso de producción frente a la demanda…
Mientras tanto, un nuevo acicate para que nuestros políticos se tiren sacos de basura a la cara, sin solucionar nada, y los ciudadanos esperando con cara de póker, lo de siempre. En definitiva, seguimos como el mismo día 28/4/2025. ¿Quién nos dará la respuesta?
Por cierto, ¿a quién se imputarán los fallecidos debidos a este apagón? Parece que todos se lavarán las manos, o se tirarán la pelota unos a otros, mientras nadie se hace responsable y el ciudadano sigue perdiendo.
María Isabel Dorado
