Opinión

Mejor, la adaptación creciente

By 30 de abril de 2026No Comments
Natividad Jimenez Lopez. Mejor. La adaptación creciente 2

Natividad Jiménez López 

 

En estos días finalmente he concretado una cita con el director del instituto público de mis hijas. Los motivos son varios: por un lado, hablar de los precios tan elevados de las actividades extraescolares que año tras año se hacen siempre con la misma empresa (las llaman “inmersiones lingüísticas”), y por otro el funcionamiento de la AMPA (Asociación de Madres y Padres de Alumnos), a la que actualmente denominan AFA (Asociación de Familias de Alumnos).

Este año nos hemos gastado algo más de 800 € en que nuestra hija, que cursa 3.º de la ESO,  vaya a los Pirineos a esquiar 5 días y 4 noches, me da vergüenza verbalizarlo… Me queda claro que adornan la actividad y nos hacen creer que es una oportunidad para nuestros hijos el poder hablar inglés durante todo el día con profesores nativos. La experiencia me dice que es un sacacuartos. Es verdad que se lo pasan muy bien, pero sabemos que hay infinidad de actividades con un coste accesible para todos. Lo más triste es que las familias accedemos.

El director no me ha dado datos de cuántos adolescentes se han quedado fuera por no poder pagarlo, pero ya ha habido alguna madre que me ha hecho saber que han sido muchos los alumnos que se han quedado en tierra… Esto es muy grave. ¿Y cómo me argumenta el director que se promuevan estas actividades? Pues diciendo que esto hace que el instituto sea “competitivo” y que a lo largo de estos años haya ido aumentando en el número de alumnos procedentes de familias que no viven próximas y que tienen un mayor nivel económico; que no sería de recibo que estas actividades dejaran de hacerse porque haya familias que no pueden pagarlas, que no sería justo. No, no estoy de acuerdo con estos argumentos. Creo que se tiene que tener acceso a una educación pública de calidad independientemente de cuál sea tu economía.

Ante esto se me dice que estoy “desenfocada”, muy “desenfocada”, que soy ingenua y que toca adaptarse. Hacía tiempo que con mis 57 años no me decían que “vivo en los mundos de Yupi”…

Nos estamos dejando comer el terreno, lo estoy viendo. Ya en los últimos tiempos de mis hijas en el colegio vi cómo padres y madres nos encargábamos tan solo de organizar las actividades extraescolares y ahora, en el instituto, solo necesitan que en la Asociación de Familias de Alumnos figuremos nominalmente con nuestros cargos porque, se nos dice, que a estas edades los adolescentes quieren lejos a sus padres. Reconozco con mucha tristeza que la mayor parte de los que han entrado a formar parte de la AFA ha sido exponiendo que no tienen tiempo ni ganas de implicarse.

Elegimos este instituto porque es el más cercano a casa, porque es “familiar” y aparentemente sin florituras. Nos gustó ver el seguimiento a los alumnos y la buena disposición para hablar. Pero, según van transcurriendo los cursos, temas importantes que tienen que ver con el sistema educativo hacen agua: el gusto por aprender y saber, la comprensión lectora, el espíritu crítico, la libertad de pensamiento y de expresión. Algo que valoro mucho y trato de asistir son los encuentros de familias porque son un espacio donde tomo muestra de cómo les va a otros y yo trato de contar en cuanto a dificultades, avances… Es ahí donde se me ha confirmado tristemente que se ha “institucionalizado” la medicación a nuestros niños y adolescentes a través del TDH, el autismo, la depresión, la ansiedad… Se ha normalizado el diagnosticar y medicar a nuestros hijos. Ya es muy habitual y es muy grave que los adultos no seamos capaces de ofrecer las herramientas necesarias para enfrentar la vida a las nuevas generaciones; se está optando por las pastillas y de eso somos responsables los padres. 

Es necesario que nos impliquemos en la medida de lo posible, que estemos ojo avizor en la educación de nuestros hijos y en sus centros. En este mundo que vivimos se están normalizando situaciones que tenemos el deber de no permitir.

Ya decía un buen amigo: “Los oportunistas padecen de una gran miopía, consideran que la mejor forma de vivir es la aceptación de todo, la adaptación a todo; piensan que aceptar todo siempre que provenga de quienes tienen poder es una gran adaptación, pero esto está muy lejos de la coherencia. La adaptación tiene que ser creciente, aumentando nuestra influencia en el medio y en dirección coherente”.