Miguel Ángel Carreño Jiménez
Acaba de publicarse la encuesta de población activa 2026, que arroja unos datos preocupantes. El paro subió en 231.500 personas y los ocupados se redujeron en 170.300 durante este primer trimestre. Los sindicatos mayoritarios han salido rápidamente al rescate de su gobierno afirmando que el empleo crece si descontamos la estacionalidad y que es normal a principios de año. En la misma línea la EPA muestra los datos de los últimos 12 meses, en los que el paro disminuyó en 527.600 personas. Como siempre, las estadísticas hay que tomarlas con mucha cautela porque pueden significar una cosa o la contraria, según cómo se cocinen los datos y lo que se quiera resaltar.
Este dato de 231.500 se refiere a número de parados más sobre los del trimestre anterior, y es destacable que no ha habido un primer trimestre tan nefasto en la destrucción de empleo al menos desde 2014.
La cifra de 2.708.600 parados da un porcentaje de paro del 10,83%, el 35% de larga duración, unos 948.000 que llevan buscando empleo más de un año y no han trabajado nada. El desempleo se ha cebado con el sector servicios con 228.400 parados más y entre los autónomos, que con una destrucción de 68.600 empleos evidencia una gran problemática. Creció más entre las mujeres, llegando a 137.000 desempleadas (12,35%), que entre los hombres, con 94.500 desempleados más (9,47%). De los 170.300 empleos destruidos, 116.500 eran a tiempo completo y 53.800 a tiempo parcial. El paro aumentó entre los españoles –incluyendo doble nacionalidad– en 106.700 personas y en 124.800 entre los extranjeros (colectivo que ronda el 15% del total de ocupados).
Aparte de la EPA también hay otras realidades a tener en cuenta. Desde la reforma laboral de 2021 el nuevo contrato fijo discontinuo ha servido para enmascarar el número de desempleados reales. Al pacto de silencio para ocultar el número de contratos fijos discontinuos se suma la opacidad informativa sobre cuántos están activos e inactivos. Cuando un trabajador con contrato fijo discontinuo deja de trabajar no recibe ninguna indemnización ni pasa a estar desempleado, legalmente sigue contratado. Sin embargo, se pueden estimar estos datos a partir de los demandantes de empleo con relación laboral. Pueden ser personas que quieren una mejora de empleo, pero el 96% tienen un contrato fijo discontinuo, unos 857.000 demandantes al cierre de 2025. Si los pudiésemos considerar como desempleados de hecho, la cifra de parados subiría a 3.565.600, muy alejada de la oficial. Esto supondría una tasa de paro del 14,26% sobre la cifra de 25.001.600 personas activas.
El trabajo no está mucho mejor, aunque en febrero hayan subido el salario mínimo hasta los 1221 euros brutos en 14 pagas o 1424,50 euros en 12 pagas anuales. Observamos como los salarios solo suben por abajo, con lo que cada vez más gente cobra el salario mínimo o menos. Casi 4 millones de personas ganan el salario mínimo y los que cobran entre la mitad y el salario mínimo suponen otros 3,7 millones de trabajadores, unos 7,6 millones (37% del total). El salario modal en España, que no es el salario medio sino el más frecuente, se sitúa en los 18.500 euros brutos anuales, un poco más que los 17.094 del salario mínimo. Y a un 50% por encima del salario mínimo se sitúan los 2136,75 euros, barrera insuperable para el 60,5% de los asalariados en España. En resumen, no toda la pobreza se concentra entre los parados, también es cada vez más fácil y frecuente trabajar y ser pobre.
Solo está creciendo el empleo público, que ya llega a 3.662.500 empleados, mientras cae el privado hasta los 18.630.500 trabajadores. Esto no es una buena noticia, ya que el sector público solo administra, pero no produce. En un país con una desbocada e impagable deuda externa tener tal cantidad de empleados públicos es bueno para ellos, pero es una losa insostenible sobre los hombros de los sectores productivos. El gasto público disparado por un gobierno sin presupuestos, que despilfarra gracias a unos fondos europeos otorgados a raíz del desastre de la pandemia, tiene los días contados. Estos fondos requieren cesiones de la soberanía de nuestro país que llegarán al límite de ser inaceptables.
En España, con una población de 49.500.725 de habitantes, donde solo trabajamos poco más de 22 millones (incluyendo discontinuos y tiempos parciales), mal vamos y no creo que tengamos nada que celebrar este 1.º de Mayo.
