Opinión

Accidentes ‘in itinere’ VI

By 30 de abril de 2026No Comments
Matías Kítever. Accidentes in itinere VI copia

Matías Kítever

Concentración. Entro al Barco. Sobre el mostrador que hay al lado de la barra veo una pila de libros y rosas. Es una tradición, me dice el Capitán, ¡sírvete! Cojo un libro al azar. Me cambio. Lo abro en la cocina. Introducción al teatro español. Dice Francis Umbral que contrario a lo sucedido durante el Siglo de Oro, época en que escribieron Cervantes, Lope de Vega, Quevedo y Calderón de la Barca, la España del siglo XVII experimentó un periodo de decadencia y agotamiento literario. A pesar de los estragos de la burbuja minera y la decadencia agrícola de España durante el siglo XVIII, y a la cual Jovellanos dedicó su obra, dice Umbral que la Ilustración cambió el rumbo de las cosas. Este pollo ya se fue y hay que preparar humus. De la luz a la oscuridad, de la gloria a la decadencia. El camarero D entra a la cocina. ¿Hace falta algo?, iré a hacer la compra ahora. Sí, tráeme amoníaco y lejía, dice P. A ella le encanta el amoníaco. Es lo suyo. No me burlo. Me hace gracia. Es su ritual. Yo necesito cilantro, mantequilla y parmesano. Oído. Me pongo el delantal y cojo la chaira. No quiero revisar las cámaras. Cuando hacen ruido al cortar la cebolla, shhhhh… es hora de afilarlos. Auge y decadencia, la historia está marcada por periodos de auge y decadencia. A la Edad Media, por ejemplo, le sigue el Renacimiento. Yo solo he vivido con la crisis. Mis periodos de auge fueron islas desde donde podía ver las nubes que traían de vuelta la crisis. ¡Vaya manera de disfrutar el presente! Un servicio más. ¿Qué platos nos faltan hoy? Pregunta la camarera. Ninguno. Pero bacalao solo quedan dos. Oído. Para Umbral, la Ilustración significa el paso del libro al mundo, de la página a las cosas. A partir de entonces las explicaciones no están en las escrituras, están en el mundo, lo real no son las letras, son los fenómenos. El Capitán abre la puerta de la cocina y prende la campana, no soporto ese ruido, desde que llegué funciona mal. Empieza a llegar gente y tenemos seis reservas, ¿todo listo? Me pongo los tapones. Mesa para tres.

Probablemente a esto se refería Marx con sus descripciones de la fábrica o Víctor Hugo con sus relatos del infinito desde abajo. Me has dicho que quedan dos bacalaos, ¿no? Sí, pues ponme uno y un solomillo al punto. Oído. Por eso J. Snow, que desmontó la teoría de los miasmas, esos aires fétidos que viajando por el aire transmitían el cólera, se fue a tomar nota en los barrios obreros. En esta ciudad hace falta un ejército de inspectores de trabajo. ¿Cuántos son?, ¿qué hacen todo el día? Con la teoría y la práctica pasa lo mismo que con la idea del auge y la decadencia. O es lo uno o es lo otro. Joder, tío, te he dicho que no apagues la campana durante el servicio, ¿pero si no hay comandas? No importa, tío, no importa. No hay una vía del medio. Por eso, y porque cada vez leemos menos, todo el mundo quiere historias basadas en hechos reales. Porque la única manera de sentirse mejor es hurgar en la miseria de los otros. Vivimos en una época apasionada por el directo, sedienta de realidad. El problema es que no hay retorno. Todo corte es ficción. Editar es interpretar y si lo estás viendo es porque alguien quiere que lo veas o lo escuches. La realidad escapa. 

Mientras espero sentado en la barra los billetes que me debe el Capitán, escucho una conversación. No es que los políticos estén desconectados de lo real o que ignoren a la gente que trabaja de pie. No, de nada sirve que nos juzguen. Hacemos lo que podemos y si no queremos llevar a nuestros hijos a los colegios donde el componente español es minoritario o el ingreso medio es bajo, claro, tío, ¡es que el nivel académico es importante! Abre la caja, extiende el brazo y me entrega los billetes doblados, no sé cuánto me ha dado.  Hay cosas que preferiría no oír. Pero bien lo dijo el naturalista Plinio que, alcanzado por lo real, murió durante una erupción del volcán Vesubio: nada hay que no sea contradictorio en el hombre.