Opinión

Pablo Iglesias Posse

By 30 de abril de 2026No Comments
Maribel Dorado. Pablo Iglesias Posse

El pasado 9 de diciembre, se cumplieron 100 años de la muerte de Pablo Iglesias Posse, fundador del Partido Socialista Obrero Español y de la UGT.
Hombre salido del pueblo, y que vivió para el pueblo. Persona decente, comprometida, autodidacta, vivió humildemente y fue absolutamente coherente con la clase trabajadora, a la que pertenecía, estando al frente del primer 1 de Mayo de la historia de España, con marcada conciencia social.
La figura de Pablo Iglesias Posse contrasta enormemente con los actuales dirigentes políticos que, lejos de volcarse realmente con el pueblo y los problemas de este, utilizan el trampolín de la política para su lucimiento, enriquecimiento y lucro personal, y, por extensión, el de sus familiares.
Actualmente, la sociedad civil española sufre una gran crisis económica, habitacional y de referencias ideológicas, crisis que debe preocupar muy poquito a esos señores, que de cuando en cuando, que no todos los días, calientan los escaños de las máximas cámaras de representación popular, escupiendo exabruptos y no dando pie al debate y búsqueda de soluciones a los problemas de la sociedad.
Políticos de medio pelo, preocupados por su ego personal, las colocaciones familiares y su «inmortalidad» y economía propias. Personajes que, una vez retirados de la escena política, se transforman hábilmente en contertulios y expertos de opinión, conferenciantes o mediadores, aunque su paso por las instituciones no haya sido precisamente loable y mucho menos benefactor para el pueblo, ese que cada 4 años les elige. Ellos saben gestarse un entorno que continúa permitiéndoles vivir desahogadamente, sin los sobresaltos de la mayor parte de la ciudadanía que, cuando pierde un trabajo, se las ve y se las desea para volver a encontrar algo que les proporcione una vida digna.
Es curioso como quienes hablan de puertas giratorias, acusando a los opositores de hacer uso de este mecanismo, caigan en los engranajes de esas mismas puertas con una facilidad aplastante.
Los mismos que destapan corrupciones de sus antagónicos en siglas son los primeros que pretenden tapar y exculpar las propias.
Aquellos que acusan de nepotismo lo ponen en práctica de forma continuada. Los que hablan de chantajes y extrañas coaliciones ya tuvieron las suyas propias de las que no se acuerdan…
Y mientras todo esto sucede, la ciudadanía no ve resueltos sus auténticos problemas y necesidades, asistiendo asqueada a la proyección del mismo panorama repetitivo, mientras los próceres políticos hacen su agosto.
Promesas electorales incumplidas, leyes que les benefician más a ellos que a otros, inmunidad para no ser juzgados como cualquier ciudadano de a pie, en caso de delinquir. Su idiosincrasia les hace creerse los dioses de la creación, situándose por encima del bien y del mal, como seres a los que ninguno podemos siquiera recordar que les pusimos para servir a los intereses del pueblo y no a los suyos, porque, aunque se les recuerde, harán oídos sordos y seguirán el curso de perseguir sus propias metas, legislar de acuerdo a sus gustos y no teniendo en cuenta muchas veces los intereses ciudadanos.
¡Qué lejos queda Pablo Iglesias Posse de la realidad política actual! ¡Qué poco queda de ese partido y sindicato que creó, al que en su momento el sucesor del Sr. Iglesias, en 1982, dotó de subvenciones, como lo hizo con el otro sindicato mayoritario, CC.OO., para asegurarse la paz social con los trabajadores, al haber comprado voluntades de sus representantes sindicales!
¡Qué desvirtuado ha quedado ese 1 de Mayo que Pablo Iglesias lideró y que se ha convertido en una mera pantomima de reivindicación!
Serían necesarios muchos Pablos Iglesias Posse para que la ciudadanía tuviese una representación política digna, que se preocupe por sus problemas y que consiga su solución.
Son necesarios políticos del pueblo y para el pueblo que, como Pablo Iglesias Posse, sean coherentes con los discursos que dicen que trabajarán para la ciudadanía, y no busquen llenar las arcas propias, en detrimento de beneficios para aquellos a quienes representan.
Posiblemente, dentro de otros 100 años nacerá otro Pablo Iglesias Posse, que vuelva a coger las riendas de la coherencia, la humildad y el trabajo para el ciudadano. De momento, toca esperar y pedir que sus correligionarios y sus opositores piensen algo en sus votantes y trabajen para ellos.

María Isabel Dorado Marín