Opinión

Vivir en modo avión

By 30 de abril de 2026No Comments
Jose Antonio Tejedor Herranz. Vivir en modo avión copia

Mi cabeza está en “CAOS” o, mejor dicho, el mundo lo está. Las personas necesitan controlarse unas a otras, una realidad que reflejo en una de mis creaciones: Saliendo del caos.

Si una persona decide inconscientemente elegir una fecha y una hora determinadas marcadas en su vida, como es el día de su cumpleaños, y pasar a la acción desconectando del mundo digital, solo le queda la comunicación presencial. Mi prueba la elaboró mi subconsciente y una decisión que tomé simplemente a golpe de clic, y es que conecté el modo avión de mi teléfono, ocasionándome un aislamiento en la nube, mientras mi mundo real continuaba accionando, pues yo seguía con mi vida, mi disciplina, ejercicios, estudio de mi marca personal recientemente patentada, Mr. JATH, preparada y en estudio de ser lanzada al mercado en diferentes nichos comerciales. Es toda una labor que lleva su tiempo y concentración, pues ya he pasado por diferentes etapas de mi vida y la experiencia como autónomo me obliga a parar y a replantearme estudiar la forma de ver el mercado y el mundo. Lo que mi subconsciente hizo durante horas me recuerda el apagón que sufrimos hace ahora un año, cuestionándome: ¿a qué personas realmente importo?, ¿qué valor tengo para ellas?, ¿con qué personas puedo contar a la hora de pedir ayuda?, ¿quién se preocupa por mí si me ocurre algo? Y con esto no quiero decir que yo sea el centro del mundo, cosa que muchas personas que lean este manifiesto se habrán planteado en algún momento de sus vidas.

Todos y todas tenemos una experiencia para bien o para mal que se ha ido presentando en diferentes escenarios de nuestras vidas. Es cierto que podemos aguantar la humillación y el desprecio hasta un cierto límite. Pero siempre he cuestionado mi presencia en ciertos momentos claves que me han ocasionado un malestar profundo, al accionar de esta forma y desconectarme del mundo. Las personas que me conocen, que disponen de mi teléfono, que contactamos con frecuencia y en ocasiones participamos en celebraciones cercanas, tanto de forma individual como también en grupos de WhatsApp, empezaron a enviarme mensajes de felicitación. Esas personas comprobaron que faltaba mi respuesta, les parecía rara mi falta de agradecimiento en ese día tan señalado. Enseguida, y a las pocas horas, el entorno más cercano empezó a tejer una ola de pánico, miedo e insomnio accionando un dispositivo de búsqueda, antes de dar oficio a las autoridades, debido a mi silencio.

Mientras yo disfrutaba de un sueño reparador, otros pasaban la noche en vela. Y es que un día después desconecté el modo avión y, al instante, recibí una avalancha de notificaciones de júbilo y preocupación.

Así que respiré profundo y fui contestando todos los mensajes recibidos, si bien cuando lo hacía se cruzaban llamas de esperanza al comprobar mi disponibilidad de nuevo. Pero lamentablemente no fueron todos los que son.

Para algunos fue una situación de alivio al escuchar mi voz…, manifestando su preocupación y disgusto vivido durante horas. Otros aparecieron en mi casa para comprobar que realmente no me pasaba nada, incluso llegaron a viajar toda la noche para dar fe de ello. No salía de mi asombro al comprobar su presencia, su emoción al decir: Qué susto nos habías dado. En el viaje vinimos todo el tiempo en silencio, en fin…, dame un abrazo, por favor, lo necesitamos. Me quedé sin palabras, dándome cuenta de que mi subconsciente había fabricado una prueba muy dura emocionalmente en mi mente, para las personas que verdaderamente me quieren como hermano, amigo, como ser humano racional y hacedor del bien. Me costaba creer y ser consciente de lo que fabriqué sin enterarme.

Menudo comienzo de semana, un lunes de pánico. Traté de empatizar con ellos inmediatamente, enseguida ofrecí mi hospitalidad, preparando un desayuno consistente para levantarles el ánimo. Se les veía cansados, con sueño del largo viaje. No era consciente de lo que hice hasta ver el resultado, pues vi la realidad real y no virtual a la que estamos acostumbrados. Simplemente desconecté del ruido.

 

José Antonio Tejedor Herranz