Opinión

Sinergias

By 30 de abril de 2026No Comments
Federico Gutiérrez. Sinergias

Queridos vecinos de Lavapiés y alrededores, tengáis la edad que tengáis, da igual, si escucháis la palabra sinergias poneos a temblar. Y, si además va acompañada del verbo crear, corred, huid, desapareced, como cuando suenan las sirenas de la policía por Mesón de Paredes a la altura de la plaza de Nelson Mandela.

Crear sinergias significa, en sentido matemático y explicado por las nuevas gentes de bien que pululan por el barrio, que 2+2=5. Llevado a la práctica, si tenemos un edificio con 12 vecinos y un fondo de inversión anónimo lo compra y desahucia a los arrendatarios, puede adecuarlo para convertirlo en un negocio de 36 apartamentos turísticos de una habitación, con el disfrute de baño compartido en cada planta.

Otra creación de sinergias es ese bar de barrio de toda la vida, el de caña bien tirada y chato de vino de Mondéjar con sus aceitunas rellenas de hueso de aperitivo, cuyo sentido barrial nos quieren convencer de que ya no es adecuado a los nuevos tiempos y lo cambian por una librería con unos pocos libros, pero muy cuquis, de escritores coreanos y finlandeses de moda; donde además puedes tomarte un café de especialidad que se tarda más en hacer que en enfriarse, escuchas sonidos de fondo semejantes a cuando paseas por el campo y saboreas un trozo de tarta de cuerno de unicornio con frutas prohibidas cosechadas por ninfas y querubines en paños menores, igual de prohibidas que su precio. Eso sí, ni una mosca, ni una mancha y ninguna arruga en el mandil. Tres negocios donde antes había solo uno, y en el mismo espacio.

Imagina, querido vecino, que con suerte, y también con muchísimo esfuerzo, eres propietario de un piso y recibes la nota corporativa para la próxima junta de vecinos; sí, esa que celebramos en la escalera una vez cada año. El presidente saliente junto con el administrador, en el orden del día, quieren crear sinergias para el próximo año: luces que se encienden solo cuando detectan tu entrada al portal y las escaleras; ascensores con información sobre el tiempo; eliminación del servicio de limpieza de la finca que hacía la misma señora durante los últimos veinte años, para contratar una empresa externa que además saque y meta el cubo; montar un grupo de WhatsApp vecinal para la vigilancia y buenos modos de la comunidad.

Y, por último, que también lo sufres aunque no lo escuches en boca de nadie, la creación de sinergias municipales. Donde antes se limpiaba a diario ahora los periodos se alargan; en la vida hemos tenido el barrio tan sucio. Los depósitos grandes se llenan y, en ocasiones, pueden pasar dos o más días sin ser recogidos, con aceras inundadas de residuos. La calle Embajadores es un claro ejemplo.

Y, querido vecino, ¿de dónde parten la gran mayoría de sinergias? Pues es otro melón que hay que abrir y que está convirtiendo el barrio de Lavapiés en la alfombra roja del preppy style, todo ello de la mano de los pijos aspiracionales, los del querer y no poder. Estos, a diferencia de los pijoprogres, sí votan a la derecha y se inventarán espacios cerrados socioculturales, el antiguo club privado de las clases altas, para realizar debates sobre la proliferación de la paloma en los tejados de la calle Amparo o el consumo de agua Evian entre las clases trabajadoras, además de cursos de silencios incómodos o catas de vinos sin vino.

Pero esto lo dejaremos para más adelante.