Esperamos, sinceramente, que después de 15 años y a la luz del proceso que han seguido las “herencias” del 15M no nos quedemos en una celebración tontorrona y autocomplaciente. Desde luego, y en lo que respecta a esta publicación, no lo vamos a hacer, como tampoco hemos simplificado los análisis sobre la crisis en la izquierda señalando la amenaza de que vienen las derechas, y es evidente que vienen las derechas…
Desde la fuerza de la gente organizada en la base social y la necesidad de cambio real y consciente, los argumentos de esas derechas no tienen “media hostia”, y ha sido necesario un proceso de traición y degradación suicida para llegar a esta situación.
No compartimos el relato y el análisis de Lucía Etxebarria, por poner el ejemplo de la entrevistada de este mes, pero sabemos perfectamente que no se trata de ninguna “facha” y sí de una divergente cancelada y perseguida con violencia que ahora se defiende en una catarsis cargada de tensión y agravio.
Hemos repetido mil veces que se han perdido los barrios populares y el mundo rural, y eso sí es un drama; y ahora, pensando en una regularización de migrantes como truco de ingeniería electoral, también se van a perder a esas gentes que han venido y vendrán a intentar vivir con dignidad en su mayoría, y dispuestos a cualquier cosa una minoría.
Ya ocurría en aquellas asambleas en Lavapiés que grupos de migrantes nos miraban desde lejos y nos costaba que algunos se acercasen a participar de algún modo; y si alguno se acercaba era alguno y no alguna, porque las mujeres migrantes, sobre todo de alguna procedencia y cultura, tienen una enorme resistencia a participar. La importancia y mérito de algunos espacios de participación como Dragones, por poner un ejemplo, es enorme porque la mezcla de culturas, de géneros y de edades es algo muy difícil, y ese mito de Lavapiés multicultural es básicamente un mito o un eslogan para turistas. Aquí, en Lavapiés, cualquier logro es difícil y currado, muy currado.
No nos hace falta buscar trapos sucios, orígenes y vergüenzas en una izquierda que se reclamó distinta, y nos da lo mismo que alguien sea de “familia” y tenga enormes propiedades para saber que no se trata de clase obrera organizada, ni siquiera aquello de “clases populares” que suavizaba un poquito la cosa cuando hablar de “obrero” y “lucha” asustaba a quienes estaban buscando su propio nicho de negocio con barniz revolucionario.
Ahora se ven los intentos de agruparse de mil modos para mendigar las migajas que deja caer el PSOE de una mesa que también ha menguado, y más parecen jóvenes, ya no tan jóvenes, intentando no perder el currito facilón que los referentes de ningún cambio o avance social importante. Se entiende porque fuera hace frío y, en la España del gobierno más progresista de la historia, conseguir un curro que no sean retales de curros precarios y que permita tener un techo donde meterse es cada vez más difícil, y además ser autónomo se ha vuelto suicida y si tu idea funciona vas a tener que trabajar jornadas de 12 horas, por lo menos.
Aquí, en Madrid, es más difícil señalar la amenaza de Vox porque, de momento, suman sin Vox, y el miedo a una derecha que vota en Europa exactamente lo mismo que la izquierda formal no funciona demasiado para sacar de la abstención a una izquierda que no va a volver a meter el voto a nadie que no les ilusione de verdad. Madrid no es de derechas y nunca lo ha sido, como tampoco lo es Andalucía o Extremadura, y mira cómo están votando…
Vamos a revisar las banderas del 15M, desde el “no nos representan” al “democracia real ya”, desde las auditorias de la deuda hasta la transparencia, y no se nos va a pasar por alto que aquello de limitar los sueldos de los representantes públicos es algo que se ha olvidado muy rápido. El 15M no andaba censurando redes, ni silenciando disidentes, ni cancelando divergentes, ni poniendo por delante la opinión de expertos a sueldo de grandes fondos de la voz de las asambleas. Y si alguien ha perdido la memoria o vendido su alma es su problema, porque eso le obliga a pensar y decir tonterías insustanciales desde que se levanta hasta que se acuesta.
Lo hemos dicho muchas veces: aquí no manda Trump ni Netanyahu, y tampoco la derecha tiene un discurso para tirar cohetes. Aquí todo ha pasado y pasa en la izquierda, y si hemos bajado las banderas es porque nos hemos cagado antes de empezar.
Pudimos elegir entre una eclosión de las decenas de miles de círculos llenos de gente en todas partes después de “apropiarnos” del 15M y decidir que tocaba política, y cambiamos la cosa cortita de tocar un poquito de poder a costa de abortar la posibilidad de activar un movimiento social de amplia participación.
El 15M fue real, los círculos de Podemos podían haber funcionado y otros inventos solo eran prótesis ortopédicas de los grandes partidos; como mucho se puede salvar alguna experiencia de municipalismo libertario y alguna confluencia entre tanto plástico y tanto cartón piedra.
Lavapiés fue un lugar de génesis muy interesante y a saber si aún queda algo que pueda germinar. Desde luego, la pequeña aportación de estas páginas y del espacio de debate de los viernes de momento está asegurada, y en esos espacios cada vez se habla menos de espacios polarizados y más de acuerdos en la base social y entre la gente que no renuncia a su libre expresión y a su libre acción. Este mes de mayo, recordamos sin trampa ni truquetes aquel 15M y los procesos que después se han sucedido, con sus luces y con sus sombras…
