Ella nació en Linden (Alemania) un 14 de octubre de 1906. Ese año el silencio se hizo dueño del hábitat, solo un leve murmullo de hojas de arce acariciaba el asfalto y en la lejanía el eco de una vida que se confabulaba con un universo sin estridencias, la de Hannah Arendt. Llegó a ser discípula de Heidegger, Jaspers y Bultmann. Teórica política alemana de origen judío, fue una pensadora que escribió sobre la actividad política, el totalitarismo y la modernidad. Entre sus obras se encuentra Los orígenes del totalitarismo, donde reflexiona sobre el nazismo, el estalinismo… Agustín Serrano, investigador del Instituto de Filosofía del CSIC, alaba la lucidez de la autora para reconocer que Arendt recurría al ejemplo de lo que pasaba en su tiempo. Ocurría que, si uno perdía su nacionalidad, perdía la pertenencia a la especie humana; si uno se quedaba sin hogar, perdía el derecho a tener hogar; y si se quedaba sin la protección de su gobierno, quedaba incapacitado para cobijarse bajo cualquier otro. Esto explica que el delincuente tuviera un estatus jurídico muy superior al del apátrida, por buena gente que fuera. Al delincuente se le reconocían derechos y deberes, por eso se le sancionaba. El apátrida, por el contrario, vivía en un Guantánamo avant la lettre. Otra de sus obras famosas y polémicas fue Eichmann en Jerusalén. En 1933 es inhabilitada para la enseñanza en universidades alemanas por ser judía. Luchó contra el nazismo y en otoño de 1933 escapa a París, donde trabaja rescatando a niños judíos para enviarlos a Palestina. En La condición humana (1958), la autora se plantea interrogantes sobre conceptos políticos clave, como los de democracia, poder, violencia o dominio. No hay duda de que sus obras muestran lo importante que es defender la democracia y los derechos humanos. “Mis pensamientos vagan como sombras en un laberinto mientras afirmo que los derechos humanos no forman parte de una época o nación: están incluidos en la esencia del ser humano”. Me uno a las palabras de Arendt y a las de Nelson Mandela en relación con el concepto de libertad: la libertad se construye paso a paso sobre la memoria del dolor y la esperanza. Soy consciente de que cada pueblo que pide justicia o que acabe la guerra está escribiendo una página nueva para el mundo.
Y siguen naciendo versos de plata para esta gran pensadora, Hannah Arendt:
Cada conciencia
es faro en noche oscura,
rompe los muros.
El mal desnudo
deambula con rostro gris,
acaso ciego.
El derecho más puro no se trafica:
tener derechos.
La libertad viene
cuando la conciencia habla,
sin temor ni silencio.
Libertad llama encendida,
voz nunca vencida.
Verdad que el ánima enseña,
voz que se levanta.
Latido que no se doma,
céfiro que quiebra rebeldía,
día y noche algarabía.
Ana María López Expósito
