España se ha convertido en uno de los principales países receptores de inmigrantes de la Unión Europea. En 2025, 36.775 personas entraron de forma irregular, siendo las principales nacionalidades de los inmigrantes colombiana, marroquí y venezolana, según el INE.
Ahora, España afronta una nueva regularización extraordinaria de extranjeros, que va a permitir regularizar su situación a los que lleven en España desde al menos 5 meses antes, de forma continuada, del 31 de diciembre de 2025.
Para ello, podrán aportarse tanto documentos públicos como privados (empadronamiento, informes médicos, envíos de dinero, el pasaporte con el sello de entrada, el billete de avión o cualquier factura o recibo que ponga su nombre). No podrán tener antecedes penales. Los solicitantes de asilo podrán entrar en este proceso, aunque no son irregulares. El trámite se iniciará a partir de abril hasta el 30 de junio. Aquellas personas que actualmente tengan expedientes en trámite podrían acogerse a esta medida más favorable. El inicio del procedimiento dará derecho a una autorización de residencia y trabajo provisional. La autorización concedida tendrá una duración de un año. Al año habrá que modificarla a través de los procesos habituales del actual reglamento de extranjería. Podrán beneficiarse de la regularización los solicitantes de asilo, así como los hijos menores de los interesados, que obtendrán una tarjeta de residencia de cinco años.
Las regularizaciones extraordinarias son una práctica consolidada de gestión migratoria. Desde finales de los años 80, España ha aprobado varios procesos de este tipo, entre los cuales destacan dos impulsados por el Partido Popular (2000 y 2001) y cuatro por el Partido Socialista (1986, 1991, 1996 y 2005).
Según los datos del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), a 1 de octubre de 2025 había en España 7,1 millones de personas con nacionalidad extranjera y 3,7 millones de personas extranjeras ocupadas al cierre de 2025, lo que supone que aportan el 10% de los ingresos de la Seguridad Social. Del total de ocupados extranjeros, unos 2,2 millones llevan más de 7 años en España. Destaca como ocupación el sector servicios y proceden en su mayor parte de América Latina (1,5 millones), seguidos por los de la Unión Europea (987.100), el resto del mundo (851.500) y el resto de Europa (257.300).
En cuanto a la ocupación, la mayoría de los trabajadores extranjeros se encuadran dentro del régimen general como asalariados (2,6 millones), destacando los sectores de la hostelería (415.504), el comercio (339.196), las actividades administrativas y servicios auxiliares (266.455), la construcción (243.480) y la industria manufacturera (208.130), que serían los más beneficiados por la nueva regulación. El agrario cuenta con 248.217 trabajadores extranjeros, y el del hogar, con 143.687 empleados inmigrantes. En el régimen de autónomos, en diciembre se registró un máximo histórico de 496.888 personas, llegando a copar ocho de cada diez nuevos trabajadores por cuenta propia en 2025. Esta regularización supone formalizar su situación: la mayoría ya están activos, pero muchos en la economía sumergida.
Tenemos que recordar que todas las personas que están en nuestro país ya utilizan los servicios públicos esenciales, gracias a la universalidad de la sanidad y la educación, a la que para acceder solo hace falta acreditar el empadronamiento.
Después de haber estado “metida hasta el cuello” ayudando a decenas de inmigrantes en las regularizaciones de la década de los 2000, hay cosas que no entiendo en esta regularización: llevar en España 5 meses no me parece tiempo suficiente para demostrar un arraigo; que valga cualquier tipo de documento para su demostración también me parece una burla. Y lo que ya no entiendo es que, si no puedes presentar un certificado de penales, valga con una declaración responsable donde uno mismo diga que carece de esos antecedentes (?).
Por último, sigo creyendo (algunos piensan que ingenuamente) que la mayoría de los inmigrantes que no manejan nuestro idioma están deseando marcharse a otro país europeo. Y creo que eso, precisamente, es lo que teme la Unión Europea.
María Ángeles Fuentes Moreno
