Cientos de vecinos, miembros de las AFA, asociaciones de inmigrantes, integrantes de proyectos socioculturales, sindicatos (de manteros, de inquilinos), medios de comunicación vecinales, entre más de 50 instituciones convocantes, marcharon el pasado 15 de febrero bajo el lema “Lavapiés al límite”, exigiendo mejoras para el barrio. La marcha se inició a las 12 h en el parque del Casino de la Reina y tuvo varias etapas (Mercado de San Fernando, plazas Nelson de Mandela y Arturo Barea, Mesón de Paredes, hasta Tirso de Molina, calle de Jesús y María, bajando por la calle de Lavapiés, continuando por Argumosa, Sombrerete y la calle Valencia, para desembocar en Tribulete y concluir en el Casino), donde los vecinos pudieron realizar declaraciones sobre los temas de mayor preocupación en el barrio, acompañados de música y performances. Pudieron verse pancartas, banderolas realizadas por los propios vecinos, con eslóganes como “Las fronteras matan”; “Más carros de la compra, menos maletas con ruedas”; “Los desahucios matan”; “Aquí vivimos, aquí soñamos, aquí nos quedamos”; “Madrid is not Miami”.
Protestaron por el deterioro que sufre el barrio y para exigir soluciones urgentes ante problemas tan graves como el abandono institucional, la falta de equipamiento social y servicios sociales acordes para abordar los problemas que generan la drogodependencia y los problemas de salud mental. También para que se garantice el acceso universal a la salud, con presencia de intérpretes y mediadores y el refuerzo de aulas de enlace para facilitar la integración a los menores en el sistema educativo. Durante esta marcha los vecinos evidenciaron la falta de equipamiento para la infancia, de políticas que pongan a esta y a la juventud en el centro. Mostraron su malestar por la falta de servicios que permitan cuidar a las personas mayores y dependientes.
Lavapiés se movilizó, ante la mirada perpleja de los turistas que inundan sus calles, para parar la especulación y frenar la proliferación de los pisos turísticos. Expusieron cómo los vecinos sufren la presión y se les fuerza a abandonar la casa en la que han vivido toda la vida, habiéndose producido desahucios de personas con más de 90 años. Todo ello mientras, y como señalan los vecinos, “aumenta la especulación inmobiliaria, la gentrificación y la proliferación sin control de los pisos turísticos. Una forma de proceder que está tratando de segregar y dividir la diversidad, que sustituye a los habitantes del barrio por otros con mayor poder adquisitivo”. A lo largo de su recorrido, y sin que se produjera ningún tipo de disturbio, los vecinos solicitaron la mejora y aumento de espacios verdes en el barrio, así como la creación de refugios climáticos. Otra de sus reivindicaciones se centró en el reconocimiento y legitimidad de los centros autogestionados, reclamando el acceso de los vecinos a los entornos y espacios públicos.
