El barrio se mueve, los colectivos del barrio se mueven, nada permanece quieto. El panorama político en la izquierda de la izquierda también, y eso parecía algo casi imposible. Dos actos también muy cerca del barrio han juntado a distintos actores, y mira que queda postureta esto de “actores”, y mira que se ha vaciado de contenido eso de “izquierda”. Pero de algún modo hay que hablar para que nos entendamos.
En el barrio, la gente se agrupa como quiere y desde luego que los convocantes de la manifestación, en una mañana de domingo soleada en Lavapiés, que se detuvieron en lugares muy concretos y muy intencionados no fueron exactamente los mismos del desfile de final de carnaval simulando un entierro simbólico. Con todo, ni unos ni otros representan al barrio de Lavapiés, como tampoco esta publicación lo hace de un modo pleno y rotundo y, sin embargo, la suma de todo sí se parece a un todo interesante y vivo. No vamos a incidir en la carga política de lo que se mueve por estas calles, y tampoco vamos a recordar que esa carga se desdibuja cuando a la gente le toca votar o no votar modelos de gestión. La compositiva y el perfil ideológico del barrio de Embajadores no es el mismo del resto de Madrid y, sin embargo, tampoco ya el nivel de transgresión y de disidencia es el que pudo ser en algún momento.
Sobre redadas “racializadas” tenemos que recordar que, no hace mucho, gente de este periódico se vio envuelta en un incidente con lo que interpretamos como una sobreactuación policial contra un migrante que perdió el conocimiento en el suelo, y que la respuesta de varios vecinos defendiendo a la policía nos descolocó bastante. Tampoco está mal recordar que dos compañeras tuvieron que pagar una multa por haber impedido un operativo policial al pedir explicaciones por otra detención que no entendieron. Lavapiés está llenito de cámaras y de policía, de migrantes con aspecto de migrantes que son detenidos por la policía varias veces al día y que pasan miedo, y de vecinos y vecinas que también pasan miedo por temor a sufrir alguna agresión y no se sienten incómodos entre tanta sirena y vehículo policial circulando a toda hostia por las calles del barrio. “Hay gente pa to”, que diría no sé quién, y el ambiente está un poco rarito por mucho que cada cual lo relate a su modo. El barrio se mueve y eso está muy bien, colectivos que parecían desactivados se vuelven a activar y, aunque el acuerdo general es evidente que no existe, tampoco es imposible ir hablando un poco y encontrando soluciones que nos vayan gustando.
No se parecen los dos encuentros políticos de estos días atrás a aquellos procesos curradísimos de confluencia, y no parece que vayan a tener muchos problemas Ayuso y Almeida en las próximas y aún lejanas elecciones municipales y autonómicas de Madrid, pero si en algún lugar se puede producir algo nuevo y distinto es en este barrio, aunque tampoco va a ser fácil vender lo mismo otra vez. Tendrá que ser otra cosa.
Cuando los tractores pasaban por la glorieta de Embajadores en dirección a la manifestación convocada el mes pasado, algunos vecinos y vecinas aplaudían, y para sorpresa de muchos saludaban levantando un puño apretado, y la cara de quienes les miran como fachas era un poema. Cuando el casi desconocido acompañante del popular Rufián advertía de que los barrios populares de Madrid necesitan seguridad, limpieza y bienestar, algún sujeto y alguna sujeta, que seguramente no viven ni frecuentan esos barrios, se escandalizaban y nosotros, en el consejo, volvíamos a recordar que no existe izquierda posible sin barrios populares y mundo rural, por mucho relato que lo disimule. Que izquierdas ruralistas como el BNG o el CHA se entiendan bien con agricultores y ganaderos, y que colectivos de arraigo muevan a los vecinos y vecinas en barrios como el nuestro, nos debería hacer pensar un poquito.
En un debate reciente sobre la derechización del voto y la desintegración de la izquierda, nos sorprendía la cantidad de gente que desde experiencias de lucha y compromiso social se ha instalado en la abstención, y no una abstención inactiva precisamente.
Este mes han pasado cosas en el barrio y cerca del barrio, y nos parece que sobre la necesidad de vivir y de hacerlo en unas condiciones suficientes de dignidad las opiniones de vecinos migrantes y de vecinos nativos, de vecinos y vecinas de siempre y vecinos y vecinas recién llegados, es muy parecida. Preguntarnos si queremos vivir y en qué condiciones queremos hacerlo, y sobre todo qué estamos dispuestos a hacer para lograr esas condiciones para nosotros, y si puede ser también para los demás, es un encuadre mínimo que nos puede animar a hablar un poquito.
Además, cerrado este editorial y la maquetación del periódico, un ataque masivo de EE.UU. e Israel se ha desatado sobre Irán. Desde luego, no podemos apresurar conclusiones y dejamos para el próximo número el encendido debate que seguro que se va a producir. Todo se mueve muy rápido.
En los debates de los viernes nos atrevemos con temas difíciles y en los consejos abiertos del periódico de los lunes armamos el mosaico que termina por hacer posible una publicación como la que tienes en tus manos.
Los lunes y los viernes a las 19.00 horas, dentro de la corrala de la plaza de Cascorro, 11, y en concreto en el local número 5, hablamos, nos escuchamos y algunas veces también discutimos, pero también algunas veces nos ponemos de acuerdo y no suenan las trompetas ni estallan fuegos artificiales de colores intensos, pero alguna mirada de complicidad sí se produce. Volvemos a reiterar que todo el mundo está invitado y que, si no vienes, será porque no te da la puñetera gana. Y por nuestra parte que no quede…
