Entrevista a Afroza Rhaman
Referente de las mujeres bangladesíes en Lavapiés
Nos hemos acostumbrado a concentrar contenidos feministas en el mes de marzo y a considerar el 8 de marzo como un momento especial, sin que eso nos haga olvidar que se trata de una lucha constante que trasciende fechas concretas. Antes de que la pandemia afectase a todo, las movilizaciones feministas llegaron a tomar las calles de Madrid con una fuerza descomunal; hoy no solo han perdido fuerza, sino que se dividen en distintas convocatorias que distraen los objetivos conjuntos.
Nos dirigimos al espacio feminista de la calle Ribera de Curtidores y hablamos con quienes actualmente lo organizan para ofrecer la entrevista del mes a quien consideren. Nos sorprende un poco que la propuesta original de saber sobre el momento actual de este espacio público a disposición de las mujeres del barrio se transforma en la sugerencia de abrir este espacio a quienes ellas consideran un referente de lucha y resistencia. El contacto con Afroza nos lo facilitan ellas, y llega esta elegante mujer bangladesí el día pactado acompañada por dos jóvenes y dispuesta a ser entrevistada. Afroza es abierta y comunicativa, pero, como ya nos ocurrió en su día con Elahi, las dificultades con el idioma muestran que, para alguien que proviene de la cultura bangladesí, el choque cultural y las dificultades deben de ser mayores de las que nos imaginamos.
Se nota que estamos ante una mujer fuerte y valiente, que conoce perfectamente este país y que está determinada a trasladarnos los problemas que sufren las mujeres de su cultura y procedencia. Si el espacio feminista nos propone esta entrevista por algo será, y estamos dispuestos a dar a Afroza el espacio que necesita.
P. Empecemos por saber cuál es tu nombre y por saber algo de ti, ya que hasta este momento no nos habíamos conocido.
R. Me llamo Afroza Rhaman.
P. Esperamos escribir bien tu nombre. Cuando hagamos la transcripción, tendremos que poner atención a esto… Fuimos al Centro Social Comunitario Annette Cabelli para pedir una voz de mujer importante en el barrio y feminista para el 8 de marzo, y nos dijeron que tú eres esa mujer.
R. Primero os doy las gracias por elegirme para esta entrevista. Soy una mujer bangladesí. Llegué en 2006 y han pasado ya veinte años. Hablo poco español, me falta gramática. He vivido siempre en Madrid y he luchado toda mi vida. Y también quiero apoyar a las mujeres, ya que mi primer pensamiento fue siempre ese: apoyarlas. Estoy trabajando en el Casino de la Reina como traductora y mediadora en el distrito Centro.
P. Se te entiende muy bien todo. Una mujer de carácter, me dicen… ¿Es verdad?
R. Sí, soy una mujer de carácter, una mujer muy fuerte y muy luchadora.
P. Vale, ¿estás bien en España? ¿Te gusta España?
R. Sí, sí. Puedo decir que estoy en mi país porque llevo veinte años viviendo aquí. Este es ya, por tanto, mi país, y no pienso en otras cosas.
P. Te sientes bien en España y es un lugar que te gusta.
R. Sí.
P. Dices que, más que hablar de la mujer en general, quieres hablar de la mujer en Asia. Los derechos de la mujer, ¿chocan con las grandes religiones, es decir, con el cristianismo y con el islam, o son compatibles?
R. Yo respeto todas las religiones. El profeta de mi religión dice que tenemos que respetar las religiones y que cada uno practique su religión sin empujarse, sin forzar.
P. Pero, por ejemplo, en España los derechos de las mujeres han chocado con la Iglesia católica en ocasiones…
R. No, nosotros no hemos chocado, no hemos empujado, porque respetamos e invitamos. Cada cual puede hacer lo que quiera. Los musulmanes siempre respetamos otras religiones. Cada uno que elija su religión.
P. Pero tú, como mujer de Bangladés, puedes hablar con libertad. ¿Te sientes libre?
R. Eso depende de la familia, pero ahora somos más modernos. Es decir, ahora las mujeres también hablan. En la generación de mi abuela no, pero ahora sí.
P. Dices que el primer problema que tienen las mujeres de Bangladés aquí, en España, es la cultura y el idioma. Explica un poco eso.
R. Sí, por ejemplo, casi el 85% que llega a España vienen de los pueblos y no saben cómo se vive en las capitales. En Bangladés hay mucha diferencia de vivir en un pueblo a vivir en la capital, incluso por la vestimenta. En la capital puedes llevar pantalón y camiseta, pero en un pueblo no. Muchas mujeres llegan a España directamente de los pueblos, y eso es un problema. Sus maridos antes vivían en el pueblo, pero después han ido a otros países y ellas llegan directamente aquí sin tener experiencia de vivir en una capital. Tienen un problema grande con el idioma, que les afecta a su día a día. Yo he ido al colegio, he cuidado de los niños… Pero las mujeres que vienen de los pueblos no saben de estos problemas: cuidar de los niños, la casa, limpiar… Y eso no es culpa de ellas. Es muy distinta la vida de la capital a la del pueblo.
P. Dices que hay diferencias entre el pueblo y la capital. ¿Y de Oriente a Occidente hay mucho choque y mucha diferencia? Cuando habéis venido aquí, a Europa, ¿hay mucha diferencia?
R. Aquí, en Europa, no hay mucha diferencia entre el pueblo y la capital, pero para nosotros hay mucha.
P. Por ejemplo, yo sé que en el covid hubo problemas con el idioma para ser atendidos correctamente. Hubo consecuencias serias.
R. Sí, tuvimos muchos problemas con el idioma. Cuando los hombres llegan a España se buscan la vida para ganar su dinero y mandarlo a su familia, pero no tienen tiempo para aprender español. Saben cómo negociar los precios de los alquileres de un local, pero tienen muchos problemas con el idioma porque no saben español. Y no lo aprenden porque, como he dicho, no tienen tiempo. Vienen aquí a ganar dinero y mandarlo para apoyar a su familia. Si vienes a un país y no aprendes su cultura ni aprendes su idioma eso es un problema muy serio porque, si no sabes el idioma, ¿cómo te haces entender, cómo aprendes, cómo solucionas tus problemas? Lo primero que se necesita es saber el idioma para que te puedas explicar más o menos, porque al cien por cien no lo aprendes, pero debes aprender como mínimo un cincuenta por ciento para poder explicarte.
P. Veo aquí, en el barrio, que los hombres bangladesíes se mueven con mucha libertad. A las mujeres bangladesíes se os ve menos…
R. Sí, porque las mujeres no hablan, tienen miedo. Por ejemplo, en los pueblos de Bangladés las mujeres no salen solas, es muy difícil, porque no saben a dónde ir. Por ejemplo, esta mañana hablé con un señor para que su mujer viniera al centro Annette Cabelli para dar clases. Me dijo que su mujer ha llegado hace poco tiempo a España. Primero tienen que aprender a venir al centro a dar clases.
P. Pero tú no tienes miedo a moverte y salir de casa…
R. Antes de llegar a España ya viajé a veinticuatro países.
P. Claro, y estás muy formada.
R. Soy “capitana” [risas].
P. Ah, bueno, ya, ya. Y estudiosa, ¿no?
R. Sí, y una mujer inteligente. Y también lo eran mi papá y mi marido, que murió hace cinco meses. Él era muy bueno. Yo estudié después de casarme. Me casé con diecisiete años, y él me dio muchísima libertad. La cultura de mi país es muy diferente. Hace treinta y nueve años mi marido se gastó dinero para que yo estudiara, y eso allí es muy difícil. Se gastó dinero en mi educación, en mi carrera, y también cuando vine a Europa.
P. Entonces, hacen falta mujeres bangladesíes valientes para defender a mujeres bangladesíes en dificultades. Y mujeres bangladesíes jóvenes para defender a mujeres bangladesíes menos jóvenes.
R. Sí, pero hacen falta más recursos y ayudas. Cuando la juventud de nuestro país llega a España, lo pagan sus padres y ahora no tienen dinero ni encuentran trabajo. No, no encuentran ningún contrato laboral, y siguen con muchos gastos de dinero.
P. Yo imagino que tu asociación cuenta con apoyo económico de oenegés y de fondos europeos, ¿o no es así?
R. Nada.
P. ¿Nada?
R. Nada.
P. ¿O poco y no es suficiente?
R. Nada, nada. La asociación Valiente Bangla no tiene dinero. A veces nos dan algunos alimentos, pero no siempre. Ahora ha llegado muchísima gente y les estoy apoyando desde mi casa. Como mi hija ya no está en mi casa, esa habitación la ocupo con la gente que llega, pero no soy una mujer rica. Trabajo por horas. ¿Cuánto tiempo más puedo dar apoyo?
P. Pero no es suficiente con que las mujeres bangladesíes aprendan solo costura. Tienen que aprender ingeniería, medicina, o aspirar a ser presidenta del Gobierno de España, ¿no?
R. Yo no quiero hablar del Gobierno ahora, en este momento, aunque le dé las gracias a Pedro Sánchez por las nuevas regularizaciones [risas].
P. Sí, claro, pero es regularización sin trabajo y hay que regularizar con trabajo. No es suficiente regularizar; hace falta trabajo.
R. Pero, cuando hay una regularización, los jóvenes sí pueden trabajar, porque la juventud quiere trabajar. Ellos tienen educación y pueden acceder a cualquier trabajo.
P. ¿Hay muchas mujeres bangladesíes en la universidad de España?
R. Sí, pero no pueden aprender español porque tienen que cuidar de los niños, del marido, preparar la comida…
P. ¿Pero el marido no sabe cuidarse solo?
R. Cuando ellos viven solos hacen las cosas, lavan la ropa, limpian la casa… Pero cuando llega la mujer ya no hacen nada.
P. ¿Cuántas mujeres bangladesíes puede haber aquí, en este barrio? ¿Sois muchas?
R. Sí, muchas. Mira, yo llevo veinte años aquí y anteriormente todas las mujeres, cuando cogían la nacionalidad, se iban a Londres. Con dieciséis años estudiaban y también trabajaban, pero en España no se podía.
P. ¿Hay muchas mujeres bangladesíes jóvenes?
R. Yo apoyo a las mujeres y las ayudo a buscar sitios donde trabajar. Hay un señor que tiene bastantes fruterías y las pongo en contacto con él para que las coja y les haga un contrato. Claro, para algunas que tienen bebés ha de ser un trabajo de media jornada y cobran menos. ¿Qué voy a hacer? Lo que más necesita la mujer bangladesí es trabajo.
P. ¿Compatible con hijos y con marido?
R. Sí, pero es muy complicado para las mujeres bangladesíes porque, si quieren trabajar en una frutería, tienen que estar a las ocho de la mañana y los niños no entran al colegio hasta las nueve.
P. Yo también tengo hijos y a mí también me ha tocado llevar a mis niños al cole, claro.
R. Eso es muy difícil. Por ejemplo, mi hija trabaja en un restaurante-hotel de cuatro estrellas y por las mañanas deja a su hija en el colegio. Como yo estoy trabajando, tenemos que dejar a mi nieta comiendo en el colegio. No tenemos otra opción porque no podemos pagar a nadie para recoger a mi nieta. Y algunos días yo estoy mala.
P. Pero aquí, en España, ocurre igual. Aquí es muy difícil para una pareja joven vivir con un trabajo solo. Tienen que trabajar hombre y mujer, y hay que ponerse de acuerdo.
R. Mi yerno no vive aquí.
P. Claro, claro. Una mujer o un hombre con un trabajo solo es muy difícil.
R. Sí, es muy difícil. ¿Y qué voy a hacer? Necesito vivir. Y también, cuando mi hija está embarazada, vamos a los servicios sociales y el trabajador social nos dice que no nos puede ayudar nada, que por qué su marido no la manda dinero. Pues porque su marido vive en Bangladés. Y le dicen: “Y tú, ¿por qué estás embarazada?”. Su marido no viene porque mi hija no trabaja, depende de mí, porque la traje por la reagrupación. Es culpa mía.
P.- Entonces, tú crees que debería haber una ayuda especial para mujeres de Bangladés, ayuda específica para mujeres, ya que tienen más problemas que los hombres, ¿no?
R.- Es muy difícil, pero el Gobierno no tiene dinero. Porque, cuando una madre cuida de los niños y el marido trabaja, ¿cuánto gana? ¿1500? Todos los hombres, no. Quizá 1200. Ahora está subiendo el alquiler mucho. Cuando buscas piso, ¡hay tantos gastos! Hay que cuidar de los niños… Cuando una mujer no trabaja, trabaja en realidad más que los hombres: está en casa cuidando de los niños, los lleva al cole, prepara la casa… Pero sin dinero, las manos están vacías. Pero en otros lugares, en Londres, por ejemplo, cuando una mamá cuida de los niños, cuando los niños son menores de edad, cuando van al cole, pagan a la mamá. Hay ayudas.
P.- ¿Hay muchas mujeres bangladesíes solas aquí, en España, sin el apoyo de sus maridos?
R.- Ahora sí, antes no. También este año, en 2025, he visto muchas mujeres que llegan solas para buscarse la vida. Y me ha sorprendido.
P.- ¿Y muchas mujeres solas con hijos? Porque eso es muy difícil ya.
R.- Sí, he oído que hay una mujer, pero no la he visto todavía. Muchas mujeres han venido solas y puede ser: mujeres árabes, mujeres que han llegado aquí para buscarse la vida.
P.- Entonces, necesitáis ayuda de las instituciones, del Gobierno, del Ayuntamiento de Madrid, ¿no? ¿Ayuda con los hijos? ¿Ayuda con el trabajo?
R.- Colaboro con los servicios sociales y conozco a una mujer que vivía con su papá, el cual murió. Ella está separada del marido y tiene un hijo de doce años. Trabaja y el dinero que gana lo manda a su país. Cuida de su mamá y tiene dos hermanas más pequeñas. También les manda dinero. Con esto ellos estudian y comen, porque su mamá cuida de su hijo.
P.- Trabajas para el Ayuntamiento de Madrid, ¿no?
R.- Yo trabajo para la asociación La Rueca, como mediadora e intérprete en el Servicio de Integración y Mediación Social en el Departamento de Servicios Sociales del Distrito Centro.
P. Y como mediadora sabrás de muchos casos difíciles de integración y querrás ayudar en todos ellos.
R. Sí, claro. Algunas veces hablo algunas cosas con el concejal, y me dice: “Afroza, tranquila”.
P. Eres entonces como Elahi, que pide, que pide, y le dicen “no, no, no”. ¿Estás también en Valiente Bangla?
R.- Sí, pero ahora no puedo ir mucho porque me tengo que cuidar. Tuve un ictus, así que no puedo trabajar voluntariamente. Sí, sufrí un ictus y una parte del cerebro se quedó paralizada, pero ahora, gracias a Dios, ya puedo pasear. Y también fue una etapa dura porque murió mi marido. Ahora estoy cuidando de mi nieta y a las tres de la tarde empiezo a correr para recogerla.
P.- La asociación Valiente Bangla tiene tantas mujeres como hombres, ¿no? O sea, estáis más o menos igualados en número. ¿Es importante el colectivo de mujeres dentro de Valiente Bangla?
R.- No es un colectivo numeroso; pero, cuando alguien necesita recibir alimentos, sí que hay.
P.- La mujer más importante bangladesí en el barrio, o la que ejerce de portavoz, eres tú, ¿verdad?
R.-Sí.
P.- Y a ti eso te pesa, porque tienes muchas cosas que hacer y no siempre es posible.
R.- Mira, gratis no quiere trabajar nadie. Los chicos, las chicas, todos necesitan sobrevivir. Cuando puedes sobrevivir, si tienes tiempo, das una hora para apoyar. Pero, cuando no puedes sobrevivir, ¿cómo vas a dar a alguien tu tiempo? En conclusión, si tienes tiempo y dinero, puedes ayudar a las personas. Pero, si tienes hambre, ¿cómo vas a apoyar a alguien?
P.- Sí, claro, tiene que ser retribuido, yo no digo que sea gratis.
R.- Eso es. Valiente Bangla no tiene un céntimo, así que ¿cómo va a tener dos trabajadores? Elahi está muy malito y cada día va al hospital. Le doy las gracias porque está luchando por su comunidad y todos los días está ahí. Algunas veces le digo: “Elahi, tienes dos hijos, tienes mujer, y no sacas tiempo para ellos porque siempre estás con tu comunidad, todos los días. ¿Y qué ganas?”. Pero ese es su carácter.
P.- Con el ayuntamiento del PP, ¿qué tal?
R.- No quiero hablar nada sobre el tema político. Soy una líder política de mi país. Cuando salí de mi país hace veinte años, decidí no hablar nada de política. Cuando llegué a España y aposté por quedarme aquí, dije: “Lo siento mucho, pero voy a olvidar a los políticos de mi país y ya en España quiero sobrevivir tranquilamente con mis hijos”. Ahora solo vivo para ellos.
P.- Los políticos hay que apretarlos a todos, igual a unos que a otros.
R.- El tema político lo he apartado de mi vida: ni en Bangladés ni en España.
P.- Ya, pero quien puede dar dinero son ellos. Ellos son los que tienen el dinero.
R.- No, yo no quiero vivir de ese dinero, no quiero vivir de ese tema. El otro día mi hijo me dijo: “Mamá, ahora con el sistema que hay puedes votar en Bangladés”. Y lo sé, pero no voy a votar en Bangladés.
P.- Pero aquí también puedes votar.
R.- No, todavía no tengo la nacionalidad española.
P.- ¿Con tantos años que llevas aquí?
R.- Sí, porque no la he sacado.
P.- Ah, porque no has querido.
R.- No la he sacado porque tengo una propiedad en Bangladés y, si saco aquí la nacionalidad, pierdo la nacionalidad allí porque España no concede la doble nacionalidad. La tarjeta de residencia ahora es obligatoria, pero no tengo la tarjeta de residencia de Bangladés. Cuando murió mi marido, fui a Bangladés obligatoriamente porque tenía una propiedad, cuando no tenía mi tarjeta de residencia allí. Tuve problemas con la tarjeta de mi marido porque no me reconocían. En mi tarjeta pone el apellido mal. Hubo una investigación, vinieron a mi casa a decirme que estaba mintiendo. He protestado, he presentado los pasaportes de mis cuatro hijos, el de mi marido y el mío. Les dije: “¿Cómo puede ser? Yo soy su mujer, he traído su cuerpo aquí”. ¿Sabes cuánto dinero me he gastado? Jamás he cogido dinero del Gobierno de España, tampoco he cogido dinero del Gobierno de Bangladés. Llevo veinte años viviendo en España y no he pedido ni un céntimo a ninguno de los Gobiernos de los dos países.
P.- ¿Tu idea es regresar a Bangladés algún día o quedarte en España?
R.- Quedarme en España. Cuando murió también mi amiga Isabel, dije que yo moriría aquí y aquí me enterrarán. Antes de morir mi marido, comenzamos a hablar sobre esto porque el cementerio donde entierran a los musulmanes aquí, en Madrid, ahora está cerrado. Por eso nosotros tuvimos que llevarnos a mi marido y ahora está muy lejos, en Burgos. Pero yo no quiero llevar mi cuerpo a Burgos, eso no lo quiero porque está muy lejos. Cuando mi corazón llore, quiero ver a mis hijos. Yo le pido a mi hijo: “Llévame a Burgos en coche, que quiero ver a tu papá”. Un día o dos días sí puede, pero después me dice: “Mamá, hoy no puedo”. Y quiero ir todas las semanas, todos los meses, así que estoy triste. El otro día, como yo lo quiero ver, llamé al cuñado de mi marido y le pedí, por favor, que llevara la cámara, el móvil, al lugar donde está la tumba de mi marido. Y veo la tumba y lloro. Esa es mi libertad, ese es mi corazón.
P.- ¿No hay cementerio musulmán en Madrid?
R.- Hay un cementerio, pero está cerrado porque está lleno.
P.-Ah, está completo.
R.- Sí, está completo. Ahora, cuando alguien se muere, aunque quiera quedarse en Madrid, le tienen que llevar a Burgos.
P.- Son problemas que no sabemos. No se entera nadie de eso.
R.- Cuando a mí me llegue, no quiero ir a Burgos.
P.- Bueno, pues vamos terminando. Algo más que quieras decir, algún mensaje que mandar al Ayuntamiento; al concejal presidente de Centro, Carlos Segura; a Pedro Sánchez…
R.- Ahora quiero decir que quien llega a España necesita ayuda, porque mucha juventud no tiene papeles, no tiene comida, no tiene dinero. Delante de vosotros tenéis a estas dos chicas [son dos jóvenes bangladesíes que han acompañado a Afroza durante la entrevista]. Ellas están en mi casa porque mi hija ya no vive conmigo, ya que se ha ido a su nueva casa. Ahora tengo una casa vacía, y en algo puedo ayudarlas, pero una no es rica. Ellas necesitan comer, tienen gastos, y yo no puedo darles más. Necesitan ayuda porque tienen el padrón fuera, como muchas otras personas. Sus comunidades viven en Lavapiés, en el distrito Centro. Están sin comida, sin casa, sin médico. Voy a los servicios sociales y explico que necesito una tarjeta familiar para comida, pero el trabajador social no está y no sé cuándo vendrá. Y llamo y llamo… Pero sí, en Centro el trabajador social atiende a mi comunidad bangladesí. Ellos apoyan, dan las tarjetas que solicitas. Pero en otros distritos, como Carabanchel, no las dan. Yo fui, voluntariamente, a acompañar a otros paisanos, pero en otros distritos y en otros barrios no atienden a la comunidad bangladesí. En Centro, en la Paloma, sí atienden.
P.- ¿En la Paloma?
R.- En el Centro de Servicios Sociales de la Puerta de Toledo, en la calle de la Paloma, 39. Ahí atienden muy bien porque llevan muchísimos años trabajando, pero en otros barrios el trabajador social no atiende.
Acabamos la entrevista con Afroza y seguimos conversando con ella un poco más. Afroza tiene muy claro que la gente de su comunidad tiene muchas necesidades y recibe poca ayuda, y parece que en el distrito Centro las cosas funcionan algo mejor que en otros distritos. Desde una mentalidad feminista, algunas de las cosas que dice Afroza pueden chocar, pero habla de dificultades serias y de necesidades reales con las que hay que enfrentarse en el día a día. Esta ha sido la entrevista, y por nuestra parte ha sido toda una experiencia conocer a esta mujer bangladesí. Nuestro 8 de marzo en Lavapiés da espacio a la comunidad de mujeres de Bangladés y, si a alguien le escandaliza esto o le inestabiliza lo que lee, será su problema. Así es Afroza y así se ha expresado…
