Opinión

La gracia de ser altruista

By 26 de febrero de 2026No Comments
Riday Abdur. La gracia que tiene ser altruista

El otro día, mientras limpiaba el pis de perro que dejaron de regalo en el portal de mi edificio, una señora me invitó a pensar con este comentario: “Muy bien, ya que lo ensucias, lo limpias”. Le quise replicar y ojalá hubiera dicho: “¡Oiga! Si no es mi orina, ni tengo mascotas”. Pero es que soy un poco cobardica, así que simplemente terminé de limpiar el pis y con ganas de mearme en el portal de la señora. ¿Qué sabe ella? ¡El mundo es tan injusto! Ella vio el acto de civismo y pensó que yo estaba intentando limpiar mis huellas del crimen. Total, que la presunción de inocencia ha muerto en las comunidades de vecinos, por lo que cada cual prefiere lanzarse a las conclusiones más adecuadas. Y digo yo, ¿para qué ayudar y hacer las cosas bien, si ni te dan las gracias y tampoco te lo reconocen? Bueno, y si eso te echan la culpa.

Normal que luego seamos tan sospechosos de los demás y no queramos extender la mano. A ver si se van a pensar que quieres ayudar a una persona mayor a cruzar la calle, y alguien piensa que estás secuestrando mayores. Obviamente, es por esto que nos cuesta ayudar a la gente. En parte, es también porque no tiene mérito. Vivimos en una época en la que, si no publicas a gritos tus actos y lo compartes por todas partes, pues como si no hubieras hecho nada. Tampoco es que no haya gente altruista por ahí, pero me da que de estos se aprovecha demasiado la gente.

Pongamos de ejemplo a mi persona. No solo porque soy alguien a quien conozco muy bien, sino también porque soy altruista, por obligación profesional, claro. A mí me pasa mucho que cualquier individuo me puede venir a pedir. Es lo que tiene trabajar de cara al público y tengo que poner buenas ganas. La gente suele pedir hasta ver a dónde llegará mi amabilidad, sin darse cuenta de que sé perfectamente cómo usar la palabra no. Puede pasar que a veces das la mano y te acabas suscribiendo a ofrecer unas ayudas mensuales de las que no te puedes librar ni cancelar, a no ser que quieras correr el riesgo de parecer un villano egoísta. Es necesario decir que no, aunque esto tiene su riesgo, pues en cuanto le dices que no a alguien, te conviertes en una criatura atroz. Alguien que minutos antes te llamaba como un familiar y un alma caritativa, según oye la negación o el rechazo, se vuelve ansioso de calificarte a ti y a tu madre y/o padre, si para ahí, claro, como si fuerais la escoria más maldita del universo. Da igual que hayamos prestado todo tipo de servicios y pagos y deudas sin lucro, en cuanto le cortamos el suministro de ayudas al caradura, somos el peor mal del mundo, allí y entonces.

Sin embargo, es importante saber decir que no. Pues yo me alegro mucho de no haber ayudado a aquel que me acaba insultando, o aquel que mira con recelo, o aquel engreído que, con hablarme bonito para pedir mil favores, se vuelve histérico cuando le digo que no. Dirán todos estos aprovechados que por qué no les han ayudado. La respuesta a esto la encontré en la experiencia de vivir en este mundo tan gracioso, ya que ver cómo se desmorona la gente delante de tus ojos solo porque les han denegado el servicio que te exigen es muy satisfactorio. Cada vez que me siento justificado en rechazar a alguien y veo su comportamiento deplorable, me alegro. Sonrío por dentro y por fuera. Si pudiera, diría “¡ole!”. Mira que tenía razón. Si me vengo arriba, hasta me aplaudo a mí mismo por tener la certeza de que estaba lidiando con una sanguijuela social. Ay, qué gustito el tener la razón.

A todo esto, me pregunto cuánta gente se plantaría a limpiar el pis del portal de mi casa, y me imagino que sería poca. Esa limpieza que hice, ¿fue de veras altruista? Me habría gustado “un gracias al menos”, por pedir algo. En fin, sospecho que hoy en día es más común que la gente sea quien se mea en la calle tanto como sus perros, y todos vienen al portal de mi casa, claro. Es por eso que voy a ver dónde vive aquella señora del comentario y aprovechar para devolverle el favor, y dejarle una sorpresita en el portal.

Riday Abdur Rahaman