Tirando dados
Este cuento se acabó, por más que personalmente me duela. No tiene sentido aguantar la amargura. Los casos de corrupción se amontonan, tienen más peso que un arrepentimiento, y a ello hay que sumarle el de los acosadores. ¡Cómo se puede ser tan miserable! Dos de las columnas fundamentales sobre las que se sustentaba este Gobierno progresista han sido ultrajadas. Ábalos, Cerdán, Tomé y Salazar al talego, pero no a Soto del Real, que allí hay muchos de la competencia; que los metan con presos comunes, violadores y trapicheros como ellos.
El Ejecutivo va más a la deriva que un manco manejando una barca. Esto ya no se sostiene, y conviene convocar elecciones más pronto que tarde. Y además, a tenor de las encuestas, lo tienen más difícil que tirarse un pedo dando saltos.
¿Y qué nos espera? Pues la verdad, no quiero ni pensarlo, tiemblo más que un pollo camino del cuchillo.
Pero imaginar a Feijoo gobernando un país donde no sabe situar a Ávila en el mapa, sentado en una mesa rodeado de mandatarios mundiales, dirigiéndose a ellos en gallego o con ese inglés que parece Chiquito de la Calzada, pues la verdad, qué queréis que os diga. O de vicepresidente al ínclito Abascal, agárrate los machos; je, je, je, me río por no llorar. Ministros como Tellado, Álvarez de Toledo, Vito Quiles o Teodoro García, este último como ministro de Agricultura por su récord del mundo en escupir huesos de aceituna. De verdad, ¿eso es lo que queremos para este país? Pues parece ser que sí. Es tanto el odio a Sánchez, además de puta envidia, que no importa la alternativa.
Herrera será el nuevo director del ente público; los toros volverán a TV; el aclamado, y para muchos mesías, Iker Jiménez y Ana Rosa presentando el matinal; José Manuel Soto y Nacho Cano codirigirán un programa de variedades y nos reengancharemos a Eurovisión; La revuelta y sus secuaces volverán a Movistar, poniendo en su lugar espacios de autoayuda y conocimiento personal; los mayores que se concentran en la calle Ferraz, cual obra pública se tratara, y en las manifestaciones de la actual oposición, volverán al 0,25% tan contentos; el salario mínimo se congelará de forma inmutable y olvídate de ponerte enfermo; las ayudas al deporte serán un recuerdo pasado y las medallas y trofeos serán Kinder sorpresa; a la vivienda para los jóvenes, hoy casi imposible, se le quitará el casi. Y, sobre todo, que Dios se apiade de nosotros dejándonos de mandar danas, incendios, covid o cualquier otra contingencia, porque ya no se podrá gritar aquello de los Picapiedra: “¡¡¡Pedrooo!!!”.
Lo único bueno que mi bola de cristal me aventura de este nuevo Gobierno es que a su llegada por fin desaparecerá ETA, y sin negociar, no como en 2011. Aquello fue otra “patraña” de PSOE.
Dicho todo esto, a los votantes de izquierda nos gusta mucho eso de la autoflagelación y bajarnos del barquito al menor viso de problema. Se hacen cosas mal, indudablemente, algunas rematadamente mal. El control de cada persona es imposible, por muy cerquita que esté. ¿Quién no conoce el dicho ese de que “no le digas a tu mano derecha lo que hace la izquierda”? Con esto no me estoy justificando, no: el que la hace la paga y, como dije al principio, a la trena. Ahora bien, los votantes de derechas son feligreses y, como tales, se confiesan y a otra cosa, mariposa.
Que los aguerridos y entregados muchachos de Vox y su Revuelta se quedan con la pasta de las ayudas a la dana, pues tiramos dados. Que en la Almería del PP se compraban mascarillas con el dinero del Monopoly, tiramos dados. Que al alcalde de Algeciras, y además senador, se le acusa de acosador hasta el punto de dimitir, tiramos dados. Que el novio de la…, no, de esos no digo nada, lo prometí en el número anterior. En resumidas cuentas, capillita, bula papal y a otra cosa. Eso sí, tirando dados.
“El que lucha por una nación sin sabiduría es como el que quema su cuerpo para iluminar el camino a los que de todos modos no pueden ver” (Muhammad Rashid Rida).
