Mi Memoria, Tu Memoria, Nuestra Memoria
El año 2025 ha sido el año de celebración de la muerte del Dictador, muerte que solo debería haberse celebrado cuando se produjo. Un óbito que debió producirse (v.l.r.) en el momento del golpe de Estado, evitando así la tan cruenta guerra civil, el asesinato de muchas personas, la hambruna, la tortura y represión durante 40 años. Muerte que nos trajo a un sucesor impuesto por él, que había jurado los principios del Movimiento y que, a día de hoy, después de robar a todo un pueblo, se permite la licencia de escribir que respetaba y quería al Dictador, escupiéndonos a la cara a quienes le seguimos dando de comer, porque vive de aquello que nos usurpó.
En 1977, temiendo que se les hiciese pagar las atrocidades que cometieron, los actores del momento, que seguían en el poder, se encargaron de gestar una amnistía ad hoc, que evitó y evita procesarles, y que llevó a muchos de ellos a ocupar cargos gubernamentales «democráticos», justo ellos que contribuyeron a destruir la democracia.
En 1978, una «Constitución» hecha a medida, con la aquiescencia de la izquierda de Felipe González, y supuestamente puerta de la democracia ganada a pulso por el pueblo, supuso un respiro dictatorial, pero ocultó entre bambalinas actos nada democráticos, como la destrucción de documentos, hermetismo archivístico y documental de los que quedaban, la falta de reconocimiento de nuestros muertos, la inacción en cuanto a recuperación de testimonios y cuerpos, la continuidad de muchos políticos franquistas no solo en la oposición, sino también de miembros del Gobierno con familiares adeptos al régimen del Dictador. Martín Villa, Calvo-Sotelo, Arias Salgado, José María Aznar, Manuel Fraga, Leire Pajín, José Bono, Teresa Fdez. de la Vega, Manuel Chaves, José Luis Rdguez. Zapatero son solo unos cuantos, de uno y otro lado.
Y mientras, asumir directrices, aguantar el tipo y seguir callando porque, gobierno tras gobierno, nadie se preocupó de recuperar aquello que perdimos en esa guerra cruel. Miles de cuerpos en fosas ignotas, mientras las familias clamaban en silencio por sus seres queridos. Testimonios perdidos, porque los viejos del lugar, los hijos y casi los nietos han ido muriendo poco a poco, llevándose consigo en multitud de ocasiones ese recuerdo que hubiese sido vital para recuperar a algún pobre abandonado en la tierra, una vez fusilado, y llevar los restos a su familia.
50 años después no hay que celebrar, sino invertir ese dinero en rescatar a cuantos más desaparecidos y enterrados en cunetas, mejor. En no depender de la acción de asociaciones, sino del propio Estado, haciendo exhumaciones de oficio allá donde se sabe positivamente que hay fosas. Ese dinero puede llevar a muchos fusilados con sus familias.
No hay que celebrar esa muerte, y sí gastar ese dinero en acciones que eduquen a nuestros descendientes en lo que no debe repetirse.
Mientras, siguen oyéndose voces de los que dicen que eso ya pasó, que no hay que remover, que dejemos a los muertos en paz, o que removemos mierda. Voces de quienes no entienden que, mientras haya un muerto en las familias, el duelo no se ha completado, que no entienden el dolor acarreado durante generaciones, porque has hecho tu vida en democracia, esa que están volviéndonos a robar. Voces de quienes no entienden, o no quieren entender.
Mi Memoria, Tu Memoria, Nuestra Memoria, es de Todos, no puede olvidarse. Es de un país entero que vivió una guerra de 3 largos años, y una postguerra en dictadura de 40. Y ha de seguir sirviendo, sin ambages, para que recuperemos a los nuestros, nuestros recuerdos, y no se repita la atrocidad.
María Isabel Dorado
