Cultura

Pongamos que hablo… de teatro

By 12 de diciembre de 2025No Comments

La verdad, la amistad… y otras luces de Navidad

 

Diciembre lo ilumina todo: las calles encendidas, los teatros llenos, el olor a castañas asadas, la cartelera a rebosar y ese murmullo eléctrico antes de subir el telón que parece un brindis adelantado. En estas fechas todos sentimos un poco más, pensamos un poco más… y hablamos un poco más de la verdad y de la amistad.
Será la magia de las luces, será la emoción suspendida en el aire, serán los villancicos, será la lotería, serán las risas y sonrisas, serán esas cenas de empresa, serán las caritas de los más pequeños que nos devuelven la ilusión, será que diciembre nos vuelve más frágiles y más valientes a la vez.

Así que, aprovechando que la amistad y la verdad están tan de moda este mes, yo también traigo la mía. Y viene en forma de cuento. Navideño, teatral… y un poquito descarado.

Porque como todo en el teatro se versiona, me he permitido adaptar el viejo relato de La verdad de Florián a nuestra fauna escénica. A ver si les suena…

Cuentan que Florián, aprendiz de todo y soñador de más, entró un día en un teatro viejo y glorioso (como casi todos) decidido a resolver un misterio universal: ¿qué es la v.erdad en el teatro?

Para averiguarlo, empezó a preguntar.

El actor protagonista, sin apartar la vista del espejo, proclamó:
La verdad es lo que uno siente en escena. Y si no funciona… la culpa es del texto, del director o de la luz.

El director, mientras cambiaba por enésima vez la escena final, sentenció:
La verdad es mi visión. Lo que yo digo es lo que es.

En producción, rodeada de facturas, una productora respondió sin levantar la mirada:
La verdad es lo que cabe en presupuesto. Lo demás es literatura.

El técnico, con su cinta de doble cara, afirmó:
La verdad es lo que no se cae. Lo que se cae era mentira.

El regidor, dueño absoluto de la realidad escénica, dijo:
La verdad es lo que pasa ahí, delante del público. Lo demás son hipótesis.

Y una actriz veterana, mirando a las butacas vacías, murmuró:
La verdad es que la gente cambia cuando suena el teléfono. La amistad…, ni te cuento.

Florián salió de aquel teatro entendiendo por fin que aquí no hay una sola verdad, sino una colección de versiones interesadas, de egos frágiles y de luces cuidadosamente elegidas.

Y así funciona también la amistad en el teatro. Cada quien interpreta el papel que más le conviene.

Aquí todos somos amigos… hasta que el reparto cambia.
Compañeros… hasta que llega una fecha codiciada.
Familia… hasta que se adelantan a los derechos que tú querías.

Pero también, y esto es lo verdaderamente mágico, existen amistades auténticas: las que se quedan cuando tiembla el telón, las que celebran sin envidias, las que sujetan el decorado contigo cuando parece que todo se derrumba.

Esas son las que valen. Las demás son público. Muy necesario, muy ruidoso, muy festivo…, pero público.

Y ahora que se acercan las fiestas, que la ciudad brilla y los teatros hierven de vida, quizá sea buen momento para mirar alrededor y reconocer a quienes de verdad caminan con nosotros entre bambalinas, en los aplausos y también en los silencios.

Porque al final, en esta profesión nuestra, no hay mayor regalo que descubrir quién te acompaña cuando se apagan los focos. Esa es la verdadera amistad.

Y con el telón del año a punto de bajar, solo me queda desearles algo muy sencillo: felices fiestas. Que el año que viene nos encuentre de pie, con el corazón abierto; que se acaben de una vez las guerras; que llegue la paz en el mundo y en nuestros propios escenarios, y que 2026 venga cargado de cosas buenas, salud, alegrías compartidas… y muchísimo teatro. 

¡Nos leemos el año que viene!

Esther Bravo