El éxito de los organizadores del Tapapiés de este año es indudable, y el cabreo de muchos residentes también. La suciedad y el ruido en esta ocasión nadie puede decir que sea por los migrantes que toman latas de cerveza en los bancos de la plaza, y tampoco por los ocupantes de los pisos turísticos. En esta ocasión, el “parque temático” ha sido de consumo y fiesta y con unos perfiles sociológicos muy determinados. Los jóvenes que toman cerveza y pincho en Lavapiés no son exactamente los mismos que lo hacen en las terrazas de los bulevares de la calle Ibiza o del barrio de Salamanca, y son jóvenes que se sienten muy cómodos en este barrio. Algunos también vienen de fuera de Madrid o de fuera de España a residir a este barrio y no precisamente como migrantes pobres, y lo hacen durante unos años antes de sentar la cabeza y trasladarse a un chalet en la sierra. Los viejos vecinos, que además son viejos de edad y añoran el barrio que fue, son los más cabreados y no es buena la tensión entre estos vecinos y los comerciantes del barrio, que también son vecinos tradicionales.
Con esto no se puede jugar ni se puede manipular el relato a conveniencia. En Lavapiés es difícil vivir si uno no tiene menos de cuarenta años, y no son solo los pisos turísticos el problema, aunque también. El ruido, la suciedad, las aglomeraciones, las películas cortando con descaro calles enteras, la falta de espacios verdes, la especulación inmobiliaria, la gente viviendo en la calle de cualquier modo, la inseguridad y el miedo, fundamentado o no, son un problema muy serio.
Eso del barrio guay, multicultural, activista, modernete, turístico, festivo y demás admite debate y análisis por encima de intereses y relatos interesados.
Saludamos la creación de una nueva asociación vecinal en La Latina con nuevas ideas y nueva estética, y agradecemos a las asociaciones de vecinos de siempre que sigan activas. Y entendemos a La Corrala en su denuncia en las redes y a la Asociación de Comerciantes reconociendo que se ha ido de las manos el Tapapiés de este año.
Palestina es barrio y Tapapiés es barrio, y la insistencia en que, desde este periódico barrial solo nos limitemos a algunos temas y no a otros o a que compremos catecismos, sigue siendo un intento inútil que desalentamos absolutamente.
