No dejamos de vivir con tensión el seguir adelante con esta publicación y, sobre todo, el intentar salirnos de la linde ideológica que se nos supone. Eso aún se nos complica más cuando la moda o la coyuntura alimenta las trincheras y se nos exigen fidelidades acríticas y absolutamente entregadas al relato.
La entrevista de este mes no es a alguien central del barrio, sino a alguien de mucho éxito e influencia al que traemos al barrio porque el barrio lo merece. Javier Sierra no es “confesional” o “alineado” en ningún ejército mediático organizado, y habla con mucha libertad de lo que suele generar mucha tensión. Por eso aporta un punto de vista que no decimos que sea acertado, pero sí que es libre y distinto.
Hablar de Palestina, de las religiones “del libro” y de tierras reclamadas por pueblos errantes elegidos por su dios o por los pueblos residentes agredidos por esas reclamaciones antiguas es muy oportuno. Seguramente, los partidarios de relatos simplificados sufran y se irriten. Eso de dar voz a quien me conviene y negarla a quien no me conviene no va con nosotros. El punto de vista que aporta Javier Sierra sobre Israel y el pueblo judío no es muy positivo, pero es fundamentado y no afiebrado, y, sobre todo, no es un antisionista o antisemita vociferante.
El tema de Gaza o de Palestina es muy de barrio, y quien no lo vea así a saber por qué no lo ve claro. Hemos estado en las manifestaciones que algunas veces se mueven por Lavapiés y otras veces muy cerca de Lavapiés, y hemos intentado ver más allá de lo que queríamos ver o nos gustaría ver. Y algunas cosas nos han gustado y otras no tanto. Que la solidaridad con Palestina y la indignación con el genocidio monstruoso es un movimiento social mundial es algo incuestionable. Que las movilizaciones se han producido en muchas ciudades de Europa y que Europa no pinta nada en este asunto también es muy evidente y muy decepcionante. También es muy evidente que nadie está rompiendo sus relaciones económicas y diplomáticas con Israel, y España tampoco. Las posturas del PSOE y del PP son muy parecidas, más allá de lo cosmético y de Ayuso, que lo pone fácil casi siempre. La foto junto a un tanque como monumento hierático antes de ser presidenta y sus declaraciones impresionada por Israel y sus “logros” no son difíciles de rescatar y actualizar; la recepción al equipo de la Vuelta es más reciente y su emplazamiento amable con Israel como inversor en la Comunidad de Madrid tampoco. El espacio que ocupan los gritos contra Ayuso en las manifestaciones y la esperanza de que todo eso le haga daño electoralmente puede volver a ser otro intento inútil y otra decepción.
El PSOE no estuvo en la gran manifestación de Madrid porque Sánchez acababa de mostrar su apoyo a la paz de Trump, y tampoco vimos pancartas de Sumar, aunque su posición no era la misma. Los convocantes de esa manifestación fueron la izquierda alternativa de Madrid, y en esa izquierda se sigue moviendo con comodidad Podemos, IU y el PCE (con pancartas distintas), aunque con menos comodidad y autoridad que Corriente Roja, Anticapitalistas o el Sindicato de Estudiantes. No hubo medio millón de personas, pero sí mucha gente movilizada desde los barrios por gente muy militante. Cada segmento de la manifestación era distinto y esa suma de manifestaciones es algo muy interesante de analizar. Decir que esas organizaciones saludan la paz de Trump es casi un insulto, y es casi un insulto también para el Sindicato de Estudiantes, que se define con toda claridad sobre la paz de Trump. El Sindicato de Estudiantes ha mostrado un músculo enorme y los sindicatos alternativos han pasado por la izquierda a UGT y CC.OO., aunque la huelga no existiera como tal y sí como color y movilización en las calles.
Los jóvenes se han movido estos días y eso de “obreros y estudiantes” ha tenido su puntito de realidad.
Pero, volviendo el barrio y a la presencia de jóvenes activistas movilizados, la presencia de otros miles de jóvenes ociosos en las calles ha provocado menos simpatía.
