Uno de los escritores de más éxito de este país, más reconocido internacionalmente y divulgador histórico apasionado por lo oculto
En esta ocasión no vamos a insistir en presentar al entrevistado porque dudamos de que alguien no lo conozca e incluso dudamos de que no haya leído alguno de sus libros, todos de enorme éxito. Javier es amable, cercano y accesible, y aunque dice no hablar de política o tomar partido, la verdad es que no elude ningún tema. Javier parece entender de todo y cuando se explica es casi cierto, hasta el punto de que nos parece heredero del humanismo renacentista. No sabemos qué tema le puede ser ajeno o qué asunto no ha investigado o le ha despertado algún interés. Desde el primer momento sabemos que vamos a disfrutar y que, además, lo vamos a hacer de un modo relajado y sin tensión alguna. Javier Sierra tiene mucho oficio y se nota, no tiene sentido perderse en distracciones. Comencemos y disfrutemos del entrevistado de lujo de este mes…
P.- Javier Sierra, no sabía que fueras periodista de formación y también te identificamos como historiador o divulgador “ocultural” (de ocultura, la cultura de lo oculto).
R.- Más que historiador, yo diría historiófilo; o sea, soy un amante de la historia.
P.- ¿Autodidacta?
R.- Sí, no estudié historia para tener ese título, pero en cambio sí me fascinó la historia desde que era muy niño y sigo en ese proceso de aprendizaje.
P.- ¿Divulgador?
R.- Divulgador.
P.- Bastante amable de formas…
R.- Bueno, ¿por qué no?
P.- Porque de contenidos me consta que no hablas de política o que no te gusta hablar de política… Yo te veo muy político, pero…
R.- A ver, soy una rara avis. Cuando llegué a la facultad a estudiar Periodismo en Madrid, dejé muy claro desde el primer momento a mis compañeros y a mis profesores que no quería ni hacer información política ni información deportiva. Y, espantados, me preguntaban: “Bueno, ¿pero entonces qué clase de información quieres hacer?”. Lo que les respondía, y es lo que te respondo a ti, es que quería contar las cosas verdaderamente importantes, no las urgentes. La política y el deporte hablan de cosas urgentes que hoy nos galvanizan y mañana no significan nada. En cambio, las cosas de las que me ocupo son importantes.
P.- Bueno, a mí la política me apasiona, pero tú eres el entrevistado.
R.- Sí, está bien. Entiendo que la política, igual que el deporte, apasiona y apela a esa parte del género humano.
P.- Algunas veces me queda la sensación de que, si dijeses realmente lo que piensas de la política actual, te crearías muchos problemas, que a lo mejor prefieres no…
R.- Sí, sin duda, sin duda.
P.- También he visto que sigues en Cuarto milenio y que a Horizonte no has transitado.
R.- Voy alguna vez, cuando los temas que hay no son solo urgentes.
P.- Pero no vas a las “mesas calientes”, ¿no?
R.- Exacto, no voy a las “mesas calientes”. ¿Sabes lo que pasa? Que la política se ha convertido en un espectáculo. Todo lo que se debate, todo lo que ahora mismo está sobre el tapete, no sirve para mejorar la vida del ciudadano, y eso a mí no me satisface. Me parece que estamos perdiendo un tiempo valiosísimo. El tiempo es lo más escaso que tenemos los seres humanos y estamos perdiéndolo en discutir cosas que no conducen a nada, porque no hay un liderazgo, no hay una visión. Aquí la palabra clave es visión. No hay visión en nuestros líderes políticos ni altura de miras. Todo es muy materialista, muy bajo de principios. En el fondo hay pocas ideas de verdad.
P.- Vamos con la actualidad y con un tema incómodo, pero que estoy seguro de que tienes opinión. ¿Israel tiene motivos para sentir como propio el territorio que ahora ocupa? Un territorio en el que claramente entró a sangre y fuego, está claro.
R.- ¿Israel?… Es un discurso muy complejo. Primero, yo lo veo desde una perspectiva histórica. Israel es un pueblo que trata de construir una civilización, hace ya más de dos mil años, en un lugar que estaba ocupado por beduinos. Es una situación parecida a la que hoy tiene ese territorio. Esto no es algo de 1947 o 1948, ni nace con la fundación del moderno Estado de Israel; es algo de raíces más profundas. Y aquí debo añadir algo más: Israel es el germen de Occidente, de eso que llamamos la “cultura occidental”, aunque sea un germen que está bañado, como todos, en sangre. No hay más que leerse la Biblia.
P.- Por tanto, a la Tierra Prometida no se entró dando un paseíto, ¿no? Había gente allí antes.
R.- Claro. Y hubo un problema de convivencia desde el primer momento. Un problema basado en el concepto de “pueblo elegido” que tuvieron aquellos primeros judíos. Dios los seleccionó y los hizo mejores que al resto, y esa idea les dio el convencimiento inicial de que podían imponerse a los demás. Nadie habla de eso en los telediarios, pero en el fondo ese es el sustrato de lo que pasa ahora en la región: “Yo soy el pueblo elegido, Dios me ha seleccionado, ha marcado la tierra donde debo quedarme y, por lo tanto, tengo preeminencia sobre cualquier otro para instalarme”. Esa es una visión supremacista única.
P.- De hecho, de la existencia de Moisés no cabe duda y de la de Jesucristo hay dudas. Hablo de lo que está documentado.
R.- En realidad, no sabemos a ciencia cierta si esos personajes fueron lo que nos dicen los escritos que nos han llegado. Por ejemplo, si tuvieras que hacer un retrato del presidente del Gobierno ahora mismo y solamente sobreviviera el ABC, ¿sería ese un retrato correcto del personaje?
P.- No, claro.
R.- Pues nuestra Biblia es eso: una serie de libros mediatizados que han construido una imagen que quizá no sea históricamente justa.
P.- ¿Jesucristo era judío y palestino al mismo tiempo?
R.- Es una posibilidad. Nació en un territorio donde la mezcla estaba muy arraigada, como ahora. ¿O no hay muchos judíos palestinos que se han visto atrapados en medio de dos fuegos? Eso me hace pensar que lo peor que nos puede pasar es el fanatismo, que es lo que está ocurriendo ahora mismo. Estamos en medio de una guerra de fanáticos.
P.- ¿Qué da más miedo, el cristianismo o el islam?
R.- El islam, porque al islam le faltan seiscientos años de evolución.
P.- Tengo un amigo que dice exactamente lo mismo. Es una religión más joven y más febril.
R.- Es más fanática, más dogmática. Recuerdo muy a menudo que no fueron los romanos los que destruyeron la Biblioteca de Alejandría: fueron los árabes y lo hicieron sobre una premisa terrible. Cuando vieron la colección de libros de la Biblioteca preguntaron: “¿Estos libros están en contra del Corán? Los que estén en contra del Corán quémense. Estos libros [preguntando por los que quedaban] contradicen las enseñanzas del Corán”. Y añadieron: “Pero si no las contradicen, no son necesarios tampoco porque para eso está el Corán. Quémense también”. Esa fue la premisa. Y ahora voy a decirte una boutade, pero que en el fondo la respaldo: Dios nos libre de las religiones “del libro”. Todas aquellas religiones que solo se construyen sobre un texto, sobre un libro, son necesariamente muy limitadas.
P.- Por cierto, Biblia y Corán comparten algunos protagonistas en distintos papeles. Es decir, son los mismos.
R.- Básicamente, sí, porque es ese escenario en el que se está debatiendo la religión.
P.- ¿Crees que hay alguien que sepa interpretar correctamente el Corán o El capital?
R.- A ver: con los libros pasa lo mismo que con las obras de arte. En el fondo, son espejos de lo que llevan dentro quienes se aproximan a ellas. Un lector de El capital que haya vivido hace cincuenta años lo leerá de una manera muy distinta a como lo leería yo, y el texto es el mismo; lo que cambia es la óptica de quien lo lee. Lo mismo ocurre cuando alguien se pone delante de Las meninas. Cada uno ve algo que está acorde con su formación, con su sistema de creencias, con sus anhelos, con su estado de ánimo. Es muy peligroso, de repente, leer ciertos libros con un estado de ánimo irascible o vengativo, porque los puedes convertir en bandera.
P.- Y, sin embargo, la Biblia, el Nuevo Testamento, es lo contrario. Es prácticamente la misma historia contada por distintos evangelistas, que parece un texto pactado porque, treinta años después del muerto de Cristo, cuentan lo mismo.
R.- Debo matizarte algo clave: el Nuevo Testamento tiene el valor de colocar en el centro a un personaje, que es Jesús de Nazaret, que se sale por completo de los convencionalismos previos del entorno. Este señor estaba predicando el amor, el perdón al semejante, el “si te hieren en la mejilla, dales un beso en contrapartida”. Ese es el aspecto revolucionario del Nuevo Testamento. Muchas veces dudo si el Dios del Nuevo Testamento es el mismo del Antiguo Testamento. El Dios del Antiguo Testamento fue un sátrapa que se dedicó a exterminar a los enemigos del pueblo elegido. No parece tener mucho en común con el Padre del Nuevo Testamento.
P.- De hecho, el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento no pegan ni con cola. Son libros distintos.
R.- Vienen de momentos distintos, pero resulta interesante que Jesús y los seguidores de Jesús busquen la legitimación en el Antiguo Testamento. Es decir, buscan en los profetas del Antiguo Testamento el aviso de que va a llegar el Mesías y que los va a salvar. Si no tuvieran esa ancla, ese documento previo al que aferrarse que es el Pentateuco, la Torá y los libros del Antiguo Testamento, Jesús no hubiera tenido la legitimidad de presentarse como tal. Aunque los judíos vean a Jesús como uno de tantos Mesías que reclamaban ese poder, y estén esperando todavía al suyo.
P.- Para los musulmanes Jesús es un profeta, ¿no?
R.- Sí, para los musulmanes es un profeta. Pero el tema es que muchas veces, y este es un asunto interesante, el peligro no es el libro en sí, sino el lector del libro. No lee lo mismo el Corán un chií que un suní. No construyen su sistema social, su sistema legislativo, su manera de interpretar la realidad, de manera igual un lector de una tribu que de otra. No tienen nada que ver. Y, de hecho, muchas de las cosas que nosotros vemos como terribles que están ocurriendo en el mundo islámico tienen que ver con ese tipo de lecturas partidistas del Corán.
P.- Volviendo a los tiempos actuales, no sé si te pasa igual que me ocurre a mí. Este acuerdo de paz de Trump me queda claro que tiene un montón de cuestiones perversas, pero por otra parte estoy deseando que salga bien. ¿Te pasa a ti lo mismo?
R.- Claro. Ojalá salga bien.
P.- Y hay intenciones oscurísimas, ¿no? Pero…
R.- Creo que, si fuéramos capaces de poner la paz en el cimiento de la civilización, haríamos cosas increíbles. Lo que pasa es que, cuando analizas la historia, ves que la guerra y la violencia han sido, por desgracia, el principal motor de la civilización. Nosotros hemos puesto un hombre en la Luna, tenemos satélites de comunicaciones y tenemos un desarrollo tecnológico como nunca por culpa de la Segunda Guerra Mundial. Si no hubiera habido la Segunda Guerra Mundial, no estaríamos en esa ecuación. Y esto es una lección terrible. Es como si, de repente, eso que llamamos civilización, consciente o inconscientemente, recurriese a la guerra para crecer. Es como el abono.
P.- Lo he leído y me parece muy bueno, eso de que todos los recursos que se empleaban en armas, cuando aquello acabó, hubo que emplearlos en otra cosa.
R.- Cuando terminó la Segunda Guerra Mundial había cuatrocientas mil personas que estaban trabajando para el Proyecto Manhattan, entre físicos y talentos tecnológicos; en suma, gente con un potencial intelectual brutal. ¿Qué podía hacer un Gobierno con ese caudal si ya no iban a fabricar la bomba atómica? Ya habían ganado la guerra. Todo ese genio derivó hacia la carrera espacial y nos hizo dar ese salto. ¿Recuerdas qué ocurrió después? Que los rusos espiaron a los norteamericanos y les copiaron la bomba nuclear. Estados Unidos se iba a haber convertido en una nación absolutamente hegemónica, que creo que hubiera sido terrible porque al final la tendencia humana, por desgracia, es la de dominar al que está fuera. Pero ese equilibrio, el hacer que la bomba atómica también la tuvieran los rusos, creó una situación mundial inédita, que es en la que aún estamos: la “pax” nuclear. Los periódicos no hablan ningún día de eso, ninguno. Me resulta fascinante.
P.- Eso es pura política y muy valiente: el riesgo de conflicto nuclear es más importante que lo de Palestina, con todo lo importante que es, o lo de Ucrania. Y lo has dicho así, con todas sus letras.
R.- Pero es que la bomba cambió el futuro y el presente de la Tierra. Con el armamento nuclear que hemos desarrollado se puede arrasar el planeta, se puede acabar con toda forma de vida en minutos. Y eso está en manos de unas pocas cabezas, de unos pocos individuos. Eso es tremendo. Pero también dice algo muy importante a nuestro favor: la bomba se lanzó en 1945 y, desde ese año (1945) hasta el 2025, han pasado ocho décadas y nadie ha vuelto a lanzar una bomba atómica sobre una ciudad, nadie ha vuelto a utilizar el poder nuclear, nadie. Se ha conseguido un equilibrio. ¿Es un equilibrio fácil? Bastan catorce minutos para que el planeta Tierra desaparezca. Pero de eso, que es lo importante, nadie habla.
P.- Claro, pero eso es política, política de alto nivel.
R.- Sí, pero esa es la de verdad. Todas las demás no son importantes. Cuando Estados Unidos o la Unión Soviética o China o Corea o el club de los nueve países que tienen armas nucleares presionan o ejercen su poder, los que están fuera de ese club nuclear saben que al final tendrán que claudicar.
P.- ¿Es Rusia una amenaza para Europa o es más amenaza la misma Europa, que lo está utilizando?
R.- Rusia, primero, es un país cristiano. Pensamos en el comunismo, pero el comunismo fue un periodo que se dejó atrás. Fue un tiempo, un paréntesis en la historia de ese país. Es una nación que tiene líderes cristianos. Putin lo es. Rusia, por tanto, tiene alma occidental. Rusia debería ser Europa. Y por alguna razón, que tiene que ver con los años del comunismo, evidentemente, la hemos excluido y la hemos convertido en enemigo, cuando en realidad deberíamos hablar con ellos de hermano a hermano.
P.- ¿Gorbachov lo intentó?
R.- Gorbachov fue el hombre que más se aproximó a un cambio de paradigma en ese sentido. Rusia no debería tener ambiciones territoriales. Es el país más grande del mundo, cruzarlo en avión son muchas horas de vuelo, más que en cualquier otro sitio, incluso más que China. No necesita más territorios, lo que necesita es dejar de ser el paria del planeta. Y ojo: yo no soy pro-Putin, en absoluto. Simplemente, estoy a favor de la civilización y de la paz. Creo que las cosas se tienen que resolver hablando.
P.- Yo tampoco siento la amenaza rusa. Leo diariamente Sputnik. Ahora intento buscar fuentes de información porque es un momento en el que los grandes grupos de comunicación están muy concentrados. Es decir, es muy difícil conseguir información en realidad y qué poco interés despierta Europa en los medios rusos. Muy poco interés.
R.- No es solamente que no despierte interés. Es que, y eso Putin lo dice a menudo, ahora Europa se ha convertido en el enemigo para la mentalidad rusa. Es una pena. También hay otro elemento que es difícil de vencer y que hay que entender: la barrera del idioma. He viajado en alguna ocasión a Rusia y siempre me he encontrado con el mismo obstáculo: estar en medio de cualquier sitio y no saber cómo dirigirte a cualquiera si no tenías un intérprete ruso-español/español-ruso. Nadie habla inglés ni francés. Es decir, no existe una “zona común”, pues el ruso lo hablan los rusos y la órbita de países de alrededor, que leen ruso. Pero es muy difícil comunicarse con ellos. Igual ocurre en China. China es una gran desconocida, entre otras cosas, por la barrera del idioma. ¿Por qué nos comunicamos mejor con Estados Unidos? Porque hemos asumido el inglés como lengua franca. Pero es que en China el inglés no es lengua franca y en Rusia tampoco.
P.- Pero una relación directa con Rusia, sin la interferencia de Estados Unidos, qué bien hubiera venido.
R.- Hubiera sido lo lógico porque compartimos continente. Hubiera sido de sentido común. Aunque, desde el punto de vista español, tiene sentido que nosotros tengamos un plato de nuestra balanza inclinado hacia los Estados Unidos. La independencia de Estados Unidos la pagamos nosotros. Esto no se dice casi nunca, pero fue dinero español, en buena medida, el que financió la independencia de los actuales Estados Unidos de América respecto a Inglaterra, porque nuestro enemigo eran los ingleses. Y un país que debería tener unas relaciones magníficas con Estados Unidos, que es España, ahora tiene una situación política local que las está enturbiando. A mí eso me da una pena terrible. Viajo a Estados Unidos con mucha frecuencia y es un país admirable.
P.- Creía que vivías allí.
R.- No, no, he vivido algún tiempo. Y te digo que es un país con el que resulta muy fácil comunicarse. En un pueblo de Wyoming, no te hablo de Nueva York o de Washington, no hay mucha diferencia en el trato con la gente con el que puedas tener si visitas un pueblo de Ciudad Real. Las preocupaciones son las mismas, la hospitalidad es la misma, la vida cotidiana es muy parecida. Si vas al suroeste de los Estados Unidos, la mitad de los pueblos tienen nombres españoles. ¿Por qué no quieren que lo sepamos? España, que es un país bisagra, ¿por qué no ejerce mejor su función de “madre” de América? A mí eso me preocupa, más allá de las cosas con las que nos distraen los políticos.
P.- Quiero ir a otro tema, sé que a lo mejor para ti es un poco incómodo, pero veo que no lo es casi ninguno. El tema de la pandemia quiero tratarlo. ¿Nos cambió la vida? ¿Hay un antes y un después?
R.- Sí, pero menos que la peste negra.
P.- Ah, claro.
R.- Cuando juzgamos nuestro presente, somos tan torpes de no tener en cuenta el pasado, y el pasado está ahí para no repetirlo. Cuando la peste negra arrasó Europa, se tapiaron barrios enteros y se dejó morir a la gente dentro.
P.- Ya, pero hubo poca ciencia en la gestión de esta pandemia.
R.- No. La hubo. Lo que pasa es que la ciencia no lo es todo. La ciencia es una herramienta, pero también debería serlo el sentido común. Y ahí no se equilibraron por culpa del miedo.
P.- ¿Y no hubo ingeniería social? ¿No hubo control social?
R.- Mira, contrariamente a lo que te puedas imaginar, yo soy poco conspiranoico.
P.- Ah, yo lo soy muchísimo.
R.- Yo, no. Creo que buena parte de esto que llamamos conspiraciones son torpezas que cometen nuestros gobernantes. No son tan listos para hacer un diseño, habrá gente que lo intente, pero el ser humano tiene algo ingobernable: su ansia de libertad. Mientras no nos coloquen, que eso sí que sería para conspirar, un chip en la cabeza que nos haga pensar a todos igual, es muy difícil conspirar globalmente para cambiar el mundo.
P.- No me refiero a lo de los chips ni pienso que la Tierra sea plana. Yo no soy médico, soy sociólogo, y te aseguro que la curva de sobremortalidad no se movió ni un milímetro con las campañas de vacunación. Y eso sí lo certifico. Las vacunas no han evitado ninguna muerte y no se ha evaluado. Por ejemplo, Estados Unidos sí que ha hecho una evaluación. Hay un informe.
R.- Eso lo desconozco. Con el tema de la pandemia lo que hubo fue una acción mundial temeraria. Es decir, se nos aplicaron vacunas que no estaban testadas. Fuimos conejillos de Indias, eso es verdad, y eso lo juzgará la Historia. Luego se tomaron acciones radicales muy severas contra derechos fundamentales. De repente, el pasaporte COVID. Eso fue una aberración de nivel 10.
P.- Por ejemplo, cómo hemos disparado el uso de psicofármacos. Nos hemos quedado todos tocados.
R.- Pero eso es normal. ¿Tú crees que la gente que fue confinada en Rávena en el siglo XIV, con la peste, no se quedó tocada? Claro que sí, lo que pasa es que no tenían farmacias a las que acudir para pedir psicofármacos. Es el mismo problema pero planteado con distintas ópticas, por la evolución histórica. Y cuidado: no puedo juzgarlo porque no soy médico, pero ese exceso de celo que tuvimos seguramente salvó muchas vidas. No lo sabemos, no lo podemos saber.
P.- Sí, pero no se ha evaluado, no lo sabemos porque no se ha evaluado de un modo serio. Está faltando eso y hubo mucha corrupción.
R.- Ahí tocas hueso: el ser humano tiene el alma corrupta.
P.- Vamos a otro tema, un tema que tampoco lo quiero dejar pasar aprovechando que estás aquí y que te considero alguien con mucho criterio, con buen criterio. El tema de nuestro país, el tema del mundo rural. Todo esto de los molinos, las placas… Los agricultores y los ganaderos se quejan de que cada vez se vacía más el mundo rural. ¿Tú cómo ves el proceso?
R.- Es un proceso muy complejo. Y tú, que eres sociólogo, apreciarás esa complejidad. Cuando hablamos de que un territorio no está bien articulado con el resto y que le faltan vías de tren o autovías, no solemos valorar una cosa: que las vías de tren y las autovías sonde doble dirección, y lo mismo que pueden traer gente, pueden sacarla. Esto ya ha pasado en algunos sitios, donde de repente una autovía ha hecho que gente que vivía en el pueblo haya decidido dejarlo aunque tenga sus tierras de cultivo allí, porque prefiere vivir en la ciudad donde tiene servicios que el pueblo no le brinda. Todo es de una gran complejidad. Estuve hace unas semanas en una manifestación que se llamaba “Salvemos al mundo rural de la agresión”, y leí un manifiesto que escribí sobre la cuestión. El tema me toca porque soy de un lugar pequeño, de Teruel, y sé cómo está Teruel y lo difícil que es hacer que un territorio de este tipo evolucione. Se vio en su momento lo de los molinos y las plantas energéticas como una solución para aprovechar ese territorio, dar empleo y generar riqueza, pero ya se ha visto que no, que el empleo no se ha generado y tampoco la riqueza que se esperaba. Se han pavimentado hectáreas de territorio con placas solares, cuando lo sensato hubiera sido que esas placas solares estuvieran alfombrando los techos de centros comerciales o de lugares que ya están hormigonados en las grandes ciudades, y no destruir campo, paisajes, agredir a la naturaleza. Es decir, que se han tomado decisiones con muy poca lógica y con mucho interés, obviamente. ¿Revertirá esto? Así lo espero. En estos días China estaba desarrollando unos aerogeneradores flotantes que van a estar flotando en el cielo. Pronto no tendrán que estar sobre un poste enorme, destrozando el territorio.
P.- Suena horrible.
R.- Tal vez, pero pasará. Ya sabemos, por ejemplo, que los centros de datos van a consumir millones de litros de agua solamente para refrigerar sus servidores. Bueno, pues también hay un proyecto para meterlos bajo del mar porque allí el agua los refrigerará. Estamos en un proceso que se parece al de la Revolución Industrial; es un continuo prueba-error. El tema es que algunos de esos experimentos, al final, no sean reversibles. Esa es mi preocupación.
P.- A ver, ahora me sale también el yo conspiranoico y digo: el mapa de incendios y el mapa de las tierras raras son calcados. Es mi yo conspiracoico, como el que tiene tu buen amigo Enrique de Vicente…
R.- Aprecio mucho a Enrique, pero te replico a eso: las tierras raras están en todas partes. Si haces un agujero aquí, en Lavapiés, te saldrán. El problema no es la tierra rara que está en todas partes, sino cómo procesarla. Tienes que cribarla, sacar el material y aislarlo. Y eso ahora es un proceso químico carísimo. Pero también era carísimo y enorme el proceso de los ordenadores… y mira. Te puedes comprar un portátil nuevo por doscientos euros.
P.- Entonces, los incendios no están cargados de intención.
R.- Hay intención detrás de algunos incendios, obviamente, pero creo que tienen más que ver con la especulación inmobiliaria. ¿Tú crees de verdad que el pirómano piensa en tierras raras cuando prende un bosque?
P.-No, no, pero no creo que esos sean los que provocan los incendios. Creo que los provocan corporaciones que pagan a un españolito para que lo haga.
R.- Pero vamos a ver: si tú quieres tierras raras sin quemar nada, y fáciles, puedes irte al Sáhara.
P.- Ahora no, ahora el Sáhara se lo entregamos a Marruecos. La Unión Europea necesita tierras raras. Son estrategias por el aumento del armamentismo.
R.- Mi mente es menos conspiranoica que la tuya, sin duda. Pero cuidado con las conspiraciones. Yo lo hablo con Enrique, y te voy a decir una cosa: conspirar, o la conspiranoia, consiste en relacionar informaciones que aparentemente no están vinculadas. A eso se le llama inteligencia si se usa bien. El conspiranoico suele ser una mente muy inteligente, muy creativa. Enrique es de las personas más inteligentes que conozco, de verdad. Pero no quiere decir que, cuando relacionas dos elementos, tengas razón. Puede que te aproximes a algo, pero cuidado. Creo que hay que tener siempre la mente abierta. Mi lema es este: “Tener la mente abierta”. Y luego, otra cosa: el planeta es lo suficientemente fuerte como para aguantarnos, salvo que recurramos a lo nuclear, que es lo que nos ha hecho excepcionalmente peligrosos. Así que, salvo que recurramos a eso, el planeta no va a perder.
P.- Sí, yo lo veo como tú, pero creo que con la vacuna nos han metido veneno y creo que el cuerpo humano es tan suficientemente fuerte como para metabolizarlo, lo mismo que tú dices del planeta.
R.- Para filtrarlo. Sí, totalmente.
P.- Y quiero ir a otro tema, por si alguien más quiere decir alguna cosa. A ver, la izquierda organizada ha ido perdiendo el mundo rural y los barrios populares. Y ahí es cierto que, por ejemplo, Vox está movilizando a la gente con temas que tienen que ver con asuntos como la migración, la ocupación… Sé que a ti te preocupa el tema de los fascismos. ¿Cómo ves el proceso? ¿Ves que están creciendo los fascismos?
R.- Yo sé historia, por eso me preocupa. Claro que están creciendo los fascismos, de base y organizados. Y crecen por lo mismo que crecieron en su momento en la Alemania nazi: por la crisis y por la insatisfacción de la población. ¿Quiénes son los responsables de que aparezcan movimientos como los nazis? ¿Quiénes? Te lo diré: los que nos gobiernan. A quien tenemos que pedir responsabilidad no es a Vox, que encarna una reacción instintiva, sino a quien nos ha llevado a esta crisis.
P.- Yo culpo a la izquierda, que ha abandonado la estructura sindical, vecinal, los barrios, los pueblos… Lo están entregando todo.
R.- Hay un elemento, que es el que lo cambia todo respecto a lo que ocurrió en la Alemania de los años treinta, y es el elemento tecnológico. La gente está conectada de otra manera, y eso lo cambia todo. Y ahí sí que entra la conspiranoia. A la gente se la maneja a través de las redes sociales y a través de esta ingeniería tecnológica que nos ocupa. El único antídoto está en que el individuo desarrolle un criterio propio, sosegado, filosófico. Y para que el individuo lo desarrolle, se necesita educación, y no veo que se esté educando a las generaciones que vienen en lo que ya nos ha pasado. A mí esto que estamos viviendo ahora, en los años veinte del siglo XXI, me resuena a lo que pasó en los años treinta del siglo XX. Y no me gusta.
P.- Un mensaje para un barrio como Lavapiés, en esta línea, pues es un barrio que presume de ser multicultural, pero luego no creas que las culturas se relacionan entre sí. ¿Cuáles son los riesgos? Además, todo el tejido asociativo que viene a este barrio se está diluyendo.
R.- Claro, luego no se mezclan. Esto ya pasaba en el Toledo de Alfonso X el Sabio: cada uno iba a lo suyo. Pero, aunque no esté de moda decir esto, me considero un optimista antropológico y creo que el ser humano saldrá de esta. Confío en ello. No sé si saldremos todos los seres humanos, pero saldremos como sociedad porque somos una especie muy particular. En el metro he visto a gente joven, a niñas con velo, leyendo un libro como El plan maestro. Y dices “’¡qué bien!”. Esa niña, cuyos padres probablemente sean marroquíes, de repente ha tenido la curiosidad de leerse un libro que habla de cuadros del Museo del Prado, la mayoría de ellos de carácter cristiano. Es un gran paso. Por ahí es por donde está el camino. Esa niña probablemente será una entre un millón, pero el camino de la concordia es la cultura. El camino es que esa niña sepa de dónde venimos nosotros y que nosotros sepamos de dónde viene ella. ¿Qué sabemos en España del islam más allá de cuatro generalidades? Muy poco. Eso es lo que nos falta. Pero ¿cómo se consigue eso? Se consigue poniendo medios al servicio de esto. ¿Cuántos programas culturales hay en la televisión que hablen de estas cosas? ¿Cuántos? Ninguno.
P.- Yo me refería más a que, si los barrios se degradan, gana la derecha.
R.- Si los barrios se degradan no gana nadie, porque luego la derecha llegará, ocupará el poder, pero ¿gestionará eso para bien?
P.- No, me queda claro que no.
R.- Pero tampoco lo ha hecho la izquierda. Entonces, ¿cuál es el problema? Te voy a decir cuál es el problema: que ni derecha ni izquierda valen. Se acabó. Es mi visión. Por eso te digo que no hablo de política porque estas cosas muchas veces no se pueden decir. Pero ni derecha ni izquierda valen. No, no nos vale ese modelo. Tenemos que evolucionar.
P.- Yo me doy por satisfecho. Si alguien quiere hacer alguna pregunta más… [Pregunta una compañera del periódico]. Se ha hablado del proceso de paz, del acuerdo al que se ha llegado gracias a la intervención de Estados Unidos. ¿Crees que, si se da ese proceso de paz, en la actualidad tendrá durabilidad? El momento más cercano y más real a la paz que hubo fue con Arafat y con Isaac Rabin, y a los dos los mataron.
R.- Me gustaría creer que sí. Pero la realidad es muy tozuda y es verdad que ese es un conflicto muy enquistado. Yo no tengo la solución. De verdad, no la tengo.
P.- Otras dos cosas muy dispares. ¿Crees que realmente el hombre ha llegado a la Luna?
R.- Sí, sin duda. Y te voy a decir por qué: porque hemos dejado basura en la Luna. Adonde va el ser humano, contamina, deja basura. Cuando hemos mandado otras naves que han circunnavegado la Luna, y tenemos satélites alrededor de la Luna de potencias hostiles a los Estados Unidos y han hecho fotografías de los lugares de alunizaje de las Apolo, se ha visto lo que han dejado allí. Si no hubiéramos llegado a la Luna y los satélites chinos que ahora están dando vueltas a la Luna hubieran visto que en el mar de la tranquilidad no hay nada, ¿tú crees que no hubieran tardado diez minutos en decirlo? Ahí tienes una prueba.
P.- Y la segunda pregunta: ¿crees que los esenios realmente escribieron los manuscritos del mar Muerto?
R.- ¡Caray, qué pregunta! Sí, creo que sí, que la tribu de los esenios los escribieron.
P.- Y que son los ancestros de los actuales judíos, obviamente.
R.- Los judíos son una mezcla de muchas culturas anteriores. Cuando Salomón levanta el famoso templo, en realidad está imitando un templo egipcio. La estructura del templo de Salomón, tal como lo describe la Biblia, es la de un templo faraónico. ¿Sabes lo que pasa? Que todo este concepto que usamos tanto y que en política se usa tanto, que es el concepto de raza, es mentira. Estamos mezclados todos. La humanidad ha sobrevivido y ha llegado hasta aquí porque estamos mezclados. Si te hago un estudio de ADN voy a encontrar, probablemente, que tienes un 15% de tu ADN neandertal, ni siquiera sapiens, que es tu estructura dominante. Vas a tener ancestros, por supuesto, del corazón de África porque es la cuna de la humanidad. Es decir, que tienes genes que te equiparan evidentemente con cualquiera de los senegaleses que están paseándose ahora mismo por el barrio.
P.- ¿Descendiente de sefardíes? ¿Descendiente de musulmanes?
R.- Suma y sigue, claro. Entonces, ¿de qué estamos hablando? En realidad, cuando se está hablando tanto de razas, se nos está desdibujando el foco. Nos estamos fijando en cosas que son absurdas.
Muchas gracias, Javier. Yo creo que aquí terminamos, pues en algún momento tenemos que hacerlo…
Terminamos aquí la grabación, pero seguimos hablando con Javier mucho más. Estamos a gusto y se nota, vamos de un tema a otro y de todo se puede hablar y, además, con criterio. Nos queda como síntesis la sensación de que hay que huir de dogmatismos y simplificaciones, que hay que hablar y hay que reflexionar. Hemos disfrutado y hemos intentado liar a Javier para que escriba cuando quiera en el periódico o para que venga a alguno de los debates. Javier Sierra no improvisa ni un libro ni una opinión, está claro que investiga y se documenta, habla y se explica, pero también escucha con atención. Nos gusta su pulcritud y su precisión, y nos parece que nada de lo humano le es ajeno. Desconfía de los dioses, pero no del ser humano y sus capacidades. Un humanista, sin duda alguna…
