Opinión

La vida no vale nada

By 13 de noviembre de 2025No Comments

La vida no vale nada es el título de una bella canción de Pablo Milanés, un cubano cuyas letras claman contra las injusticias de la vida cotidiana. Es el grito que se ahoga en nuestros corazones cuando se contemplan las aterradoras imágenes que nos ofrecen las televisiones y los medios de comunicación diariamente.

Son imágenes que pueden llegar a provocar crueldad, una visión dantesca que ya ni siquiera es capaz de movilizar nuestras insensibilizadas conciencias. Pavorosas escenas fruto de unos asesinos (amparados en su posición de gobernantes guerreros sin ningún escrúpulo) que parecen disfrutar sembrando la desolación allá por donde pasan, amparados tan solo por un injustificable odio ciego, una insaciable sed de sangre y una marcada intolerancia y desprecio al contrario. Pongamos como ejemplos, de los muchos que hoy tenemos, el genocidio que el Gobierno de Israel ejerce sobre los palestinos y a la Rusia de Putin con la invasión de Ucrania.

La vida no vale nada es el único comentario posible al ver cómo el “terrorismo de Estado” se convierte en una forma de violencia que se fundamenta en el cálculo de matar para aterrorizar. Sus efectos se hacen cada vez más visibles y universales en el sentido de que ningún sector de la población se puede considerar libre de sus amenazas.

Estamos sufriendo y aceptando con una “apatía antropológica” que tiene que ver, fundamentalmente, con el perfeccionamiento técnico de los instrumentos que hoy se usan para llevar una “guerra híbrida” que permite matar y destruir lejos del campo de operaciones. Para ello se cuenta con los medios de comunicación, que permiten trasladar casi instantáneamente al interior de cada hogar el mensaje implícito que conlleva cada operación: “Tú puedes ser el próximo país que asaltemos”.

La vida no vale nada es lo que podemos pensar cuando partidos de ideología vacía no solo no condenan a los Gobiernos guerreros, sino que en ocasiones hasta los defienden o los justifican. En situaciones en las que los límites de la legalidad y del respeto al derecho y a las reglas del juego político son variables o imprecisos, la frontera de lo aceptable tiende a diluirse, sobre todo si va acompañada de una sensación de impunidad.

Nuestra “apatía patológica” ante las agresiones de los Gobiernos invasores y expansionistas y la agresión desde la impunidad han sido interiorizadas, especialmente por parte de los más jóvenes, como una invitación a aumentar la dosis de la provocación con el único fin de avanzar en la causa, y esa causa es la desestabilización de lo existente, es decir, del sistema democrático.

La vida no vale nada es esa vieja canción que muchos cantábamos en aquellos años en los que aún creíamos que se podía cambiar el mundo a fuerza de canciones y hacerlo así más justo, más solidario, más bello y más habitable. De aquel antiguo sueño tan solo quedan unas pocas canciones inservibles y mucha frustración, pero, sobre todo, un mundo aún más injusto, más cruel y más insolidario. 

 

Francisco José Alonso Rodríguez

Politólogo, sociólogo, presidente de la Liga Española Pro Derechos Humanos, del Centro de Estudios Ateneos y del Centro de Estudios Manuel Azaña