Blanquear la dictadura
Durante los meses de junio a septiembre, la sala El Águila contó con la exposición “Madrid icono pop”, comisariada por la Comunidad de Madrid, exposición que pretendía poner de manifiesto un Madrid referente de modernidad, dinero, buena vida…, durante los años 60 y 70, a través de las fotografías de Gianni Ferrari. En su presentación, literalmente dice «trasladarnos al Madrid de los años sesenta y setenta, recuperando el espíritu pop de una época que ha sido, y continúa siendo, fuente de inspiración constante (?)”.
Quienesquiera que viviesen en Madrid durante esos años podrán confirmar la auténtica verdad sobre la vida de esos momentos, años en los que, lejos de vivir con la opulencia pretendida en la exposición, los madrileños llegaban a duras penas a fin de mes, las protestas en la calle se multiplicaban, los grises tiraban de pistola y la DGS, esa que la Sra. Ayuso pretende ocultar, se llenaba de ciudadanos torturados, mientras Lucía Bosé posaba con sus hijos en su chalet (los obreros hacían con sus manos en San Blas las casas domingueras, cubriendo aguas antes del amanecer del lunes, para que no se las tirasen), o Herrera y Ollero vestía a la nobleza de la época, como a Cayetana de Alba.
Años marcados por el deseo de libertad, de mejoras sociales, de protesta, de despidos, de cierres de fábricas, de crecimiento de sindicatos en la clandestinidad.
Madrid, en esos años, vivió huelgas obreras y estudiantiles de gran calado, como la del metal. Cierres de fábricas como Kelvinator, Standard Eléctrica y otras muchas. Cierre de Metro, con los trabajadores encerrados en iglesias y, finalmente, una huelga general.
Años de represión, torturas y muerte, como lo fue la del estudiante Enrique Ruano en su domicilio mientras realizaban un registro. Muertes que quedaban impunes, dentro del marco de la supuesta legalidad franquista.
Estudiantes aplastados contra la pared de la Facultad de Medicina, por los chorros de agua a presión de los tanques de anilina de la policía…
Incluir a la nieta mayor del dictador como imagen referente de la juventud española insulta y humilla a los jóvenes que perdían la vida en las manifestaciones estudiantiles, a manos de las fuerzas represivas de la dictadura; jóvenes encañonados en la sien mientras pedían permiso para sacar el requerido DNI. Humillan a esos últimos condenados a muerte por el asesino hace 50 años, uno de los cuales, José Humberto Baena, ha sido eximido de culpabilidad hace poco más de un mes. Humillan a todo el pueblo que sufrimos esa represión.
Música de Los Bravos, o Los Brincos, elegida como de la época para la exposición, olvidando toda la canción protesta de los cantautores, como Paco Ibáñez, Aute, Luis Pastor y tantos otros, que resumían el sentir del momento, como lo hizo la canción Al alba de Luis Eduardo Aute, en homenaje a esos últimos asesinados en Hoyo de Manzanares.
Y mientras en la muestra aparecían trajes de Balenciaga, las madres reales de esos años sacaban bajos de faldas y pantalones, para que durasen otra temporada, o usaban el abrigo del año anterior como bata para el más pequeño.
Nefasto título de una exposición que, lejos de mostrar la verdad de un Madrid años 60-70, ha sido un burdo e intencionado intento de blanquear la dictadura franquista y el sentir de un pueblo amordazado y torturado.
Flaco favor se hace a la historia, cuando esta pretende ser borrada con blanqueos insultantes a la inteligencia, cuando se quiere engañar a la verdad.
¿Madrid icono qué?
María Isabel Dorado
