José “Pepe” Mujica fue guerrillero del movimiento terrorista Tupamaro. Devuelta la democracia en Uruguay, fue senador, ministro y logró la presidencia de su país. Nació el 20 de mayo de 1935 en el barrio de Paso de la Arena, en la ciudad capital de Montevideo. Hijo de inmigrantes vascos, se convirtió en un referente ético y político de una izquierda austera y honesta, desplegando una imagen de político bastante humilde, con aires hippies, conduciendo un escarabajo algo destartalado y, además, viviendo en una humilde granja, enclavada en una explotación agrícola.
Como guerrillero tupamaro en su juventud, fue herido de bala seis veces y encarcelado en varias oportunidades, pero logró fugarse en dos de ellas. Según su propio relato, pasó más de diez años preso en condiciones inhumanas, en la terrible oscuridad.
En su participación política, devuelta la democracia, destacaba como un gran oferente de sí mismo a base de proferir frases grandilocuentes, con tintes de sencillez. Hasta el día de hoy muchas de sus frases se consideran muy sabias y contingentes.
Durante su presidencia, persiguió dar un crecimiento económico a Uruguay. Una presidencia marcada por sus antecesores, con una economía de mercado y con un giro popular y cercano a los ciudadanos más vulnerables. Se debe decir que, como gestor de la nación, fue un fracaso en varias áreas, como educación, infraestructura, carreteras, ferrocarril, que se deterioraron enormemente. De ahí esta frase suya: “Me dediqué a cambiar el mundo y no cambié un carajo”. Esto lo dice como balance de su gestión.
Durante su presidencia, y como acto de sensatez, legalizó el matrimonio igualitario, el aborto y la marihuana, esto último como un medio para eliminar a los narcos. No podemos desconocer que redujo los niveles de pobreza en Uruguay.
Dados los buenos contactos internacionales adquiridos, logró avanzar de manera importante en fuentes de generación de energía eléctrica, sin desconocer el capitalismo y sus efectos positivos, como el desarrollo tecnológico y la mejora en el nivel de vida de mucha gente. Sin embargo, siempre demonizaba el sistema capitalista como fuente de desigualdades de las naciones, dichos que manifestaba al relacionarse con otros líderes. También, en el mismo tenor, era crítico con las dictaduras de derechas o de izquierdas.
Consideraba que el poder era un instrumento para servir, no para servirse. “El poder no cambia a las personas, solo revela lo que son”, decía.
Su relación con el dinero lo reflejaba en la siguiente reflexión: “Cuando compro algo no lo compro con plata, lo compro con el tiempo de vida que tuve que gastar para tener esa plata. Pero con esta diferencia: la vida se gasta. Es miserable gastar la vida para perder la libertad”.
Pepe jugó un rol importante en Colombia, no ocultando su pasado guerrillero. Fue clave para el proceso de paz con las FARC, aportando su experiencia, dando confianza entre las partes para lograr entendimiento, evitando más violencia y así llegar a un acuerdo entre las partes.
José Mujica deja un legado: el de un político fiel a sus ideas, abierto al cambio y al diálogo, y que reconoció errores. Siempre fue un hombre estoico e íntegro. Es de destacar su coherencia de vida, su sencillez, la capacidad de perdón y su visión crítica del mundo, lo que le convirtió en un símbolo ético para la humanidad.
Juan Manuel Muñoz Jara
