Opinión

Los ojos del observador

By 16 de octubre de 2025No Comments
Bolígrafo para artículos

Yo, desde mi punto de vista, creo que hay muy pocas cosas que importan en este mundo. Esto se debe a que la existencia de este mundo solo tiene sentido cuando tengo los ojos abiertos. Cada momento que cierro los ojos, adiós muchachos y muchachas porque ya no estáis. El mundo entero se apaga cuando cierro los ojos. A día de hoy, no he encontrado pruebas de que el universo exista fuera de mi campo de visión. Por lo que, en cuanto cierro los ojos, sé muy bien lo que está pasando a mi alrededor. No está pasando absolutamente nada. Muchos dirán que no es posible que no pase nada en el mundo, porque en el mundo suelen pasar un montón de cosas cada minuto. Pues no. 

Hasta ahora, nadie se ha dado cuenta de este fenómeno, ni la NASA, ni el CNP, ni la ONU, ni mi madre, y eso que la mama es muy sospechosa. Siempre anda con sus preguntas tipo “¿dónde has estado? ¿Con quién? ¿Por qué/para qué has ido hasta allí si hay uno al lado de casa (mentira)?”. Y su pregunta más recurrente: “¿Por qué hueles a alcohol y tabaco?”. El caso es que ni ella sabe que la vida se pone en pausa cuando cierro los ojos.

Por desgracia, el mundo se para incluso cuando me esfuerzo en mantener los ojos abiertos. Por alguna razón, mi cerebro insiste en cerrar e hidratar los ojos. Por esta razón se paran los coches en las carreteras, por eso hay tanto atasco; se paran los discursos y las charlas, y por eso el gobierno tarda tanto en ser competente; se paran los barcos y los aviones, y por eso la gente sigue muriéndose de hambre. Mientras cierro los ojos, se para el mundo. Pensaréis que una persona como yo se sentirá culpable y muy mal por hacer el feo de parar el mundo entero. Pues no, porque yo también sufro de esta maldición.

Tanto sufro que no puedo ni guiñar el ojo. Es que suele confundir bastante a la gente. Pasa que algunos se tropiezan mientras otros se les queda mirando con cara confusa, pensando “¿este tipo acaba de derrapar como si fuera una estatua en hielo?”. Es por esta razón que la gente no capta mis indirectas. Normal que no tenga mucho juego en el ligoteo. La primera vez que noté que guiñar un ojo también podía pausar a la gente fue cuando estaba intentando conseguir el número de una chica que conocí en un bar. Me acordé de una frase que le oí decir a un señor muy castizo, y le solté a la chica “quién fuera catarro para agarrársete al pecho, morena”, y acto seguido le guiñé el ojo. Total, que la chica evidentemente se quedó parada un rato y luego caminó rápidamente hacia la salida.

Total, que no me responsabilizo de las cosas que no se logran hacer. A pesar de tantas dificultades, yo me esfuerzo en llevar mi vida adelante. Me da igual tener que esperar horas y horas sentado en urgencias, tengo que mantener los ojos abiertos. No importa que cobre poco en mi trabajo por horas, si es necesario me pongo pinzas en los párpados. Sea quien sea que me venga a contar sus historias, me mantengo con los ojos bien abiertos, no quiero que la cosa dure para siempre. Sin embargo, cuando veo cómo viven las personas, me sorprendo. ¿Por qué hay tanta gente en esa Gran Vía, dónde irán cuando cierro los ojos o cuando no les mire? ¿De dónde sale tanto malgasto, tanto humo, tanta miseria? De haberlo sabido desde el principio, ¡nunca habría abierto mis ojos a esta vida tan extraña!

Que me perdone quien pueda, creo que voy empezar a andar con los ojos cerrados. Me arriesgo a que me pillen las puertas mecánicas, si acaso se abren. Me arriesgo también a que me miren con pena porque piensen que no veo el mundo como los demás, pero no tienen ni idea. El mundo solo existe cuando yo lo veo. Entonces, ¿cómo es posible que los demás me juzguen? Mis ojos ya no quieren ver más mundo. La mirada del observador se ha agotado tanto que ni gafas ni cirugía le serían útiles. Me propongo ir a todas partes con los ojos cerrados. Pero a lo mejor, y solo por curiosidad, abriré los párpados un poquito para ver qué se cuece y a ver si no me estampo contra una farola.

 

 Riday Abdur Rahaman