Opinión

No a todas las guerras

By 4 de abril de 2026No Comments
Miguel Ángel Carreño. No a las guerras (1)

¡No a la guerra! La campaña sanchista funciona. Tanta corrupción y voladura de mecanismos democráticos, precarios de por sí, había desplomado el crédito del ejecutivo. Mientras que la guerra de Irán supone muerte y destrucción para unos, su instrumentalización es un balón de oxígeno para otros. Y Sánchez, individuo práctico al que su falta de escrúpulos le permite perpetrar lo que haga falta, ha sabido aprovechar la guerra de Irán como nadie. La cofradía de agasajadores del puto amo hace la propaganda del relato gubernamental. Mientras, los socios de gobierno a la izquierda del sanchismo, catatónicos ante el robo de su electorado por el number one, siguen apuntalando una “coalición progresista” que incluye socios de ultraderecha y de otra calaña.

Y lo de cerrar nuestro espacio aéreo a los aviones de Estados Unidos que van a atacar a Irán es puro cinismo. Sabemos que tres de los destructores de Estados Unidos implicados en esta guerra tienen su base en Rota.

El pueblo iraní, la dictadura teocrática que sufren, las torturas y ejecuciones poco le importan a Sánchez si no es para sacar rédito electoral, que deja sin resolver cómo se libera el pueblo iraní por cauces civilizados. La maniobra de aparecer como abanderado del “¡No a la guerra!” en la escena internacional ha sido inteligente y como opositor a Trump se garantiza la glorificación automática. Declamar contra la guerra es fácil, nadie quiere guerras. Solo una minoría de magnates y líderes con deseos expansionistas arrastran a los pueblos a las guerras.

Irán ha intentado desarrollar armas nucleares durante décadas. Pero el control sobre el enriquecimiento de uranio, las sanciones, los ataques a sus bases, centrales nucleares y asesinato de ingenieros han hecho fracasar sus planes. Es fácil denunciar el ataque al margen de la legalidad internacional a un país sin armas nucleares.

 Pero guerras hay muchas. Y la guerra de Ucrania, ¿sí es razonable? El otro día Zelensky vino a ver a Sánchez para birlarnos a todos 1000 millones de euros más para armamento. Con una mirada superficial, de conflicto entre dos países, podría sostenerse que esta guerra sí es legal porque Rusia invadió Ucrania, que tiene derecho a defenderse.
Pero si ampliamos un poquito el campo visual podremos ver cómo la expansión de la OTAN y el cerco militar a las fronteras rusas y chinas ha sido implacable desde el colapso de la Unión Soviética. Putin es un déspota con sus ciudadanos, pero no es un loco en política exterior. Zelensky, el esbirro que ha hecho el trabajo sucio para la élite globalista del Partido Demócrata de EE.UU. y que maneja Ucrania tras el Maidán, fue avisado por Putin de que invadiría su país si Ucrania entraba en la OTAN y abría la puerta a emplazar armas nucleares en la frontera con Rusia. Zelensky no reculó e intentó involucrar a la OTAN en una guerra directa.

Mientras, los gasoductos Nothstream I y II, por los que Rusia suministraba gas barato a Europa, fueron volados por la OTAN bajo órdenes de la administración Biden, suponiendo un duro golpe al vínculo de Europa con Rusia, tan temido por EE.UU. Ahora Trump, entre exigencia y súplica, pide implicación a los aliados europeos para controlar el estrecho de Ormuz, olvidando el gran perjuicio ocasionado por la administración anterior y que su país debería reparar.

Ahora necesitan a España para que sea la pila de Europa y nosotros los tontos de Europa, dejándonos arrasar miles de hectáreas de olivares, viñedos, campos de cereales y parajes naturales, para cubrirlos con placas solares de las que succionar energía.

¡No a todas las guerras! Deberían cesar los bombardeos sobre Irán porque cualquier guerra es cruel, los ataques quirúrgicos solo existen en la tele y no es el camino para derrocar tiranías. Europa debería normalizar relaciones con Rusia y esta devolver los territorios ocupados a Ucrania, unido al firme compromiso de que Ucrania sea un país neutral, colchón entre Rusia y la OTAN, poniendo fin a la guerra.

Solo frenando las ansias expansionistas, devolviendo territorios ocupados y desmantelando progresivamente arsenales se puede lograr la paz. Si cada persona comprende profundamente la necesidad de eliminar la violencia, los pueblos reclamarán un mundo en paz. Presionar a nuestros propios gobiernos es el comienzo para que instituciones políticas y estructuras económicas se orienten hacia una nueva civilización en paz que ponga fin a esta barbarie prehistórica.

 

 

Miguel Ángel Carreño Jiménez