Una vez leí en un foro unos comentarios que se hacían en un debate sobre el dolor de los hombres frente al de las mujeres. Por supuesto que ninguno de los mensajes era objetivo, ya que cada cual tomaba su punto de vista como el más desfavorecido. Resulta que este es un tema que da mucho juego. Por ejemplo, algunos decían que, aunque el parto sea una experiencia tan intensa y agonizante para las mujeres, hay quienes se aventuran a hacerlo una y otra vez para crear sus familias. Sinceramente, no sé por qué se someten a tanto dolor, pero tal vez les vale la pena. En cambio, lo más intenso que un hombre puede sufrir es un golpe en los genitales. A diferencia del parto, no hay mucha gente que se someta a repetir esta experiencia una y otra vez voluntariamente. Pero yo creo que hay dolores más intensos que todas las personas podemos sufrir sin tener que debatir quién es mejor.
Una de las penas que más me afligen es aquella que se sufre cuando pensamos que teníamos dinero en el monedero, y al abrirlo se ve claramente que está vacío. Bueno, antes era pensar que teníamos dinero en el monedero, pero hoy en día es abrir la aplicación del banco y la reacción es la misma. “¿A dónde habrá ido a parar todo el dinero que cobré hace unas semanas?”, me pregunto al ver unas cifras que me confunden. De pronto, la idea del blanqueo de capitales no me parece tan mal. Entiendo por qué es algo tan popular en la actualidad. Supongo que los políticos y empresarios ricos se han sentido igual que yo cuando veían sus monederos vacíos. ¡Si tan solo no fuera ilegal! Es que este gobierno lo está prohibiendo todo.
Otra cosa que también me duele mucho es tener que levantarme por las mañanas para trabajar. Es cierto que, si no trabajo, me quedo sin pasta, pero es que esto me parece tan injusto. ¿No han inventado aún alguna forma de ganar dinero sin tener que trabajar, o es que eso solo lo tienen permitido los reyes? Pues me duele tanto tener que ser profesional y vivir de mis hazañas. No me extraña que se odie tanto al capitalismo. Ya que estamos, este sí que es un dolor. Un pesar terrible en las sociedades del mundo. Duele tanto tener y no tener dinero hoy en día, ¿quién sale ganando? Por eso creo que la canción representativa del siglo XXI debería ser “Ay, qué dolor”, porque es que hay dolor en todas partes y “por más que me pregunto, no encuentro la razón”.
Por otra parte, hay más tipos de aflicciones que tienen que ver con lo que uno siente, sean por bajones de azúcar o sean por bajones de cada temporada, o porque simplemente uno se siente muy solo. Esto también duele. Además, algunos males suelen ser peores que los físicos. Creo que este es el dolor de los recuerdos. Como cuando intento dormir por las noches, sin molestar a nadie, y mi cerebro piensa que es el momento idóneo para recordarme aquella vez que era un crío y les grité a mis padres porque no me compraron un videojuego. Me duele tanto que es imposible dormir. A veces pienso que mi mente está totalmente en contra de mi bienestar.
En fin, estos dolores que uno se aflige a sí mismo vienen y van. De momento no me parecen tan mal, ya que son aguantables y hasta necesarios. Otra cosa sería sufrir sin ningún remedio, como lo sería perder los recuerdos. Ahora que tomo conciencia del asunto, este tormento sería insoportable. A mí que me quiten lo bailao, no me importa perder cuanto sea necesario, porque ese dolor no sería nada comparado con el de perder el recuerdo de la sonrisa de mi madre. Aunque también los lunes por las mañanas me parecen una tortura física y/o emotiva. Pues eso, llegados a este punto, me pregunto cuál será la cura para tanto sufrimiento. Para mí está claro que los hombres y las mujeres sufrimos bastante, lo queramos o no. Debería haber algo de consuelo en que todos estemos unidos por el dolor. Pero, bueno, yo por añadir algo al argumento diría que una patada en los huevos no deja de ser tremendamente jodida de aguantar.
Riday Abdur Rahaman
