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Escritor, músico y muy cercano a Lavapiés

David nos cita en su casa, que no está exactamente en el barrio, pero sí muy cerca del barrio. David es joven, un joven tranquilo que habla despacio y lo pone todo fácil. Venimos con la intención de hablar de todo y también con la creencia de que hay cosas de las que no le va a apetecer hablar demasiado, pero ya veremos. Se sienta al lado de una ventana por la que entra la luz y el aire de un día luminoso. No son aún las cinco de la tarde y eso nos dará la posibilidad de bajar a hacer las fotos con una luz adecuada. Vamos a hablar tranquilamente con un joven escritor que ha ocupado páginas en medios muy diversos, seguramente de un modo distinto del que hubiera querido. De todos modos, nos aclara que la imagen de difícil entrevistado tampoco es cierta, y así parece. Empezamos la entrevista…

P. ¿David Uclés es tu nombre de verdad?
R. Es mi nombre. Mi padre se apellida así.
P. Eres de Jaén.
R. Sí, sí. De Úbeda.
P. Y mantienes el acento andaluz.
R. Sí
P. ¿Y te gusta?
R. Sí, claro. Bueno, es el que tengo. Entonces, falsearlo sería… Las lenguas hay que dejarlas fluir. Es el acento que tengo, no lo he forzado. Si me gusta o no me gusta… No lo pienso, es mi lengua y ya está. No le doy más vueltas. Me gusta, es bonito, sí.
P. Tu niñez, tu pueblo, todo eso, ¿son recuerdos bonitos para ti?
R. Tengo una herencia bonita. Para mí, haberme criado en el campo es un privilegio.
P. A ver, vamos primero con lo que fue la polémica esta que se ha producido con el tema de Reverte y de… ¿Puedes contar tu versión de cómo ocurrió o no quieres hablar mucho de eso? Lo que tú prefieras.
R. Sí puedo porque, en realidad, sois un medio bastante político y del barrio, así que no me importa. Otra cosa es que fuera El País, por ejemplo, o El Mundo, y ahí ya no lo saco.
P. Pero esto es para Lavapiés. Tienes mucha gente que está de tu lado, mucha gente amiga…
R. Sí, lo sé, lo sé. Me invitaron a una jornada para hablar sobre la Guerra Civil y acepté porque tengo actos todos los días y tampoco me paré mucho a investigar sobre el acto. Pero cuando me enviaron el cartel, que ya llevaba dos días publicado, me sentí incómodo porque el lema me parecía equidistante y mi nombre estaba incluido en una lista ordenada alfabéticamente con otras personas que me parecen…, ¿cómo explicarlo?, con las que no comulgo ideológicamente, como Espinosa de los Monteros y Aznar. Entonces hice un vídeo y dije que no participaba. Y ya está. Pero eso, al final, provocó que tuvieran que anular la jornada porque hubo un efecto de bola de nieve y empezó a caerse más gente: Maíllo, Paco Cerdà, Carmen Calvo…, hasta diez personas se bajaron de cuarenta o más. No quiero compartir espacio con Espinosa de los Monteros y Aznar, que para mí son dos personas que han hecho daño al país. Y luego solo había tres mujeres, creo, de cuarenta invitados. Es otra de las cosas de las que no me di cuenta al principio, pero es que había muchos motivos para no ir. No estaba cómodo y me fui, pero no critiqué a nadie.

P. ¿Con Perez Reverte quedó la cosa muy rota?
R. Yo nunca he hablado con él. Solamente él ha hablado de mí en redes y me ha criticado. Me ha alabado a veces. Un día me alaba y a los dos días me critica después de bajarme de la convocatoria. Muy agresivo contra mí, y yo no he dicho nada de él.
P. ¿De eso has pasado página?
R. Yo sí. Está pasado y ya está.
P. Pero mucho ruido con este tema.
R. Sí, mira, hoy he compartido una cosa de El Mundo Today, que decía que el ayatolá me invitaba a una jornada para hablar sobre la guerra que todos perdimos. O sea, cuando el tema se toma con humor, me es simpático. Pero cuando se toma demasiado en serio el tema… Ya ha pasado mucho tiempo, tres meses ya.
P. ¿Tu primer libro es sobre la Guerra Civil?
R. Mi tercero.
P. Pero es este libro tan currado y por el que hiciste una labor de investigación…
R. Lo que pasa es que, mientras escribía La península de las casas vacías, escribía otras cosas. Incluso la novela del Premio Nadal es anterior a la publicación de La península de las casas vacías.
P. Pero, siendo muy joven, te consideran una autoridad en el tema de la Guerra Civil.
R. Ah, bueno, no sé si me consideran una autoridad.
P. Porque ese libro fue muy currado, ¿no?
R. Sí, quince años. Es la primera vez que se cuenta toda la guerra en una ficción. Había pasado en ensayo, pero no en una ficción. Ese era el punto ambicioso y yo era consciente de eso, de que no se había hecho todavía en el país: que tú cojas una novela y ya termina, y que tenga una visión global de todo lo que ocurrió. Esa es la primera vez. Quizá a eso se debe el éxito, no lo sé.
P. Claro, es que hay dos libros tuyos que son los que salen en todas partes, pero tu obra es más extensa.
R. Cuatro novelas. La primera se llama El llanto del león, y es muy chiquitita. Ganó el Premio Complutense de Literatura en 2019. En 2020 publiqué Emilio y Octubre con la editorial LGTBI2 Bigote, pero justo empezó la pandemia al mismo tiempo, así que no pude hacer ni una presentación. La tercera, La península de las casas vacías, y a raíz de eso me presenté al Nadal y lo gané con La ciudad de las luces muertas. Ya no tengo más nada. Ya la siguiente la tengo que escribir ahora.
P. ¿Dices que te ha sido tan incómodo lo que ha ocurrido que te vas de España o no tiene nada que ver?
R. No, me voy de España porque siempre que he escrito algo me he mudado al extranjero. Viví tres años en Francia, dos años en Alemania, estuve en el sur de Inglaterra, en el norte de Portugal… Siempre me he mudado a tierras que me eran extrañas. Por ejemplo, Galicia o Euskadi o Cataluña en su día me eran exóticas, me eran ajenas, y me servían para inspirarme. Conozco el país demasiado. Necesito sentirme solo y aquí, en este país, ya no lo consigo. Por eso, para escribir desde cero una novela, me voy al extranjero, como siempre he hecho, y ahora con más razón. Pero no me voy por eso.
P. Pues ya queda aclarado. Intelectualmente brillante, ¿no? Es decir, tienes fama de que hablas muchos idiomas, por ejemplo.
R. Ah, sí, hablo muchos idiomas. Bueno, cinco o seis.
P. Eres un cerebrito. ¿Siempre has sido un estudiante brillante?
R. He sido muy inquieto siempre. Tengo mucha imaginación y estoy todo el rato con esa sed de aprender. Pero tampoco tengo yo un intelecto… Admiro a muchísima gente por la inteligencia y me veo muy inferior respecto a otros intelectuales. Lo que pasa es que soy muy creativo, eso sí.
P. ¿Trayectoria de lucha, de calle…?
R. Siempre he expresado mi opinión respecto al estado de las cosas a mi alrededor y a la política. Siempre me he interesado por la política, pero nunca he estado militando en ningún partido. No soy militante.
P. Eso es lo que te pregunto.
R. Voy a manifestaciones a favor de la mujer, del Orgullo Crítico, etc. He intentado, pues, no callarme. Eso lo he tenido muy presente, pero no he estado en ningún partido.
P. Ni en lo sindical ni en lo vecinal…
R. No, pero creo que mediante el arte puedes cambiar también muchas cosas. Esa es mi intención. No solamente mediante la política, así que me he centrado mucho en eso, en el arte.
P. Yo soy de los que dicen que, por ejemplo, el movimiento LGTBI no tiene una trayectoria importante de lucha, de igual manera que el movimiento feminista sí lo tiene. Alguna gente habla de que en la época de la Transición, pero yo creo que no hubo tanta militancia. No sé, es opinable, y que no siempre el movimiento LGTBI es de izquierdas…
R. Cuando se mueven sí son de izquierdas. Hay una gran parte del colectivo…, ¿cómo explicarlo? La parte del colectivo LGTBI sí que… estaba dormido. Bueno, no quiero utilizar las palabras incorrectas, pero digamos que el colectivo se ha gentrificado un poco. Por tanto, ahora hay como un estilo de vida LGTBI muy asociado al capitalismo, y lo veo mucho en Chueca, por ejemplo. Hacen viajes a lugares de turismo gay, con hoteles caros, enfocados para ello, etc. Esa parte quizás pueda ser de derechas. Pero mis amigos, por ejemplo, que son todos homosexuales, son muy críticos. Nosotros vamos al Orgullo Crítico, no vamos al otro. Pero entiendo que los que vienen para pasárselo bien y no tienen ese pensamiento crítico vayan al otro, pero eso no es por ser homosexual o no. Es decir, yo miro a mi alrededor y la mayoría de las personas no tienen esa vocación política como había antiguamente.
P. Es lo que te digo: gente de pasta, hoteles caros… Y, seguramente, Madrid también lo ha aprovechado. Es decir, también se ha vendido ese tema de que hay un negociazo tremendo con todo el tema del Orgullo. Gente que viene de toda Europa, ¿no?
R. Sí, sí, ocurre. Creo que es la fiesta que más dinero mueve en Madrid.
P. En lo referente a ti, ¿Orgullo Crítico, luchador por la libertad sexual?
R. Sí, en eso sí soy militante y siempre voy al Orgullo Crítico. En La Península de las casas vacías, el romance principal es entre dos hombres. Quería que fuera así. Al final, insisto, mediante el arte uno va cambiando cosas. Mi siguiente novela quiero que trate sobre la epidemia del sida de los 80. Intento concienciar mediante lo que hago.
P. ¿Políticamente marxista, libertario o a tu bola?
R. Soy progresista, de izquierdas, y tampoco tengo unos fundamentos políticos muy firmes. Digo las cosas desde mi punto de vista de la realidad, pero tampoco citando a tal o cual político. Me ha interesado muy poco siempre la política. Me refiero a los textos y discursos políticos. Creo que estamos muy obsesionados con ella y que, a veces, discutimos siempre desde un punto de vista político y no filosófico, sociológico, artístico. Por ejemplo, el caso del procés. Cuando ocurrió que todo el mundo hablaba del procés, mucha gente hablaba citando según qué político, pero pocos se planteaban abrir una retórica en torno a por qué un ser necesita sentirse independiente. Eso forma más parte del espectro psicológico de la persona que del político. Hay ciertas cuestiones que creo que siempre analizamos en la sociedad desde la política, institucional o teórica, y no desde otros lugares. Pero yo no tengo una formación política importante.
P. Hablas del procés ahora. A mí me parece mucho más libre Madrid que Barcelona.
R. Depende de qué Madrid, porque yo de Malasaña para arriba no subo, no lo piso. Eso es otro Madrid. Me muevo por el sur de Madrid, de la Gran Vía para arriba me muevo por el sur…
P. A mí Madrid me parece muy libre y muy de izquierdas.
R. Por eso me decían algunos: “Ah, ¿te vas a comprar un piso?”. Cuando hablé del piso era una crítica generacional, algo así como que, si no puedo comprármelo ahora que gano dinero, no se lo puedo comprar a nadie. Y entonces me criticaron, como diciendo que quería comprarme un piso ya. Y los medios decían que ya mismo estaría con un ático en el barrio de Salamanca. No pueden estar más confundidos: en mi vida me iría al barrio de Salamanca, aunque me lo regalaran.
P. Lavapiés te gusta mucho. Este periódico es un periódico que se mueve en Lavapiés y, además, no decimos revista, decimos periódico. Esto no es una revista, esto es un periódico. ¿Por qué? Porque tiene una publicación periódica. ¿Te gusta, ya lo conocías?
R. Me gustaría mudarme por Antón Martín, por estar cerca de la Filmoteca y de Atocha, ya que viajo mucho. Ahora me voy dos años, pero vuelvo, claro. Y Madrid me gusta mucho. Es mi ciudad preferida para vivir en el país. Y sí, iría a Lavapiés, pero más por el norte que por el sur, por estar cerca de Atocha y de la Filmoteca. Voy mucho al cine y voy mucho a la estación. Este periódico lo hojeaba mucho. Recuerdo, por ejemplo, que siempre lo cogía cuando iba a las copisterías. Estaba siempre en la copistería de la calle Duque de Alba y también en otra que está donde vive Sabina, no me acuerdo de la calle, al lado de una librería. Siempre lo cogía en los comercios y lo leía con interés. Yo creo que, y esto lo cuento mucho ahora en las presentaciones, la solución para muchos de nuestros problemas se encuentra en el cambio a nivel local. Confío mucho en ello. Por tanto, me gusta que haya medios así, que expongan los problemas de la sociedad en general, pero sobre todo también los que nos atañen al barrio. Creo que así es la manera de cambiar las cosas.
P. ¿No crees que está faltando una izquierda madrileñista, que se le está regalando Madrid a la derecha?
R. Está faltando una izquierda en todos lados.
P. Sí, pero aquí, en Madrid, parece pecado casi hablar de Madrid.
R. Pues no sé qué decirte. Por ejemplo, yo soy andaluz, y aquí por lo menos habéis tenido Más Madrid y cosas así, pero en Andalucía no hay nada. Bueno, Izquierda Unida, pero no tiene la fuerza que antes ni la proyección. A ver ahora con Maíllo. En cualquier caso, creo que la izquierda está muy desilusionada, muy fragmentada, como siempre. Y eso es un mal que tiene. Decía Woody Allen que la izquierda es como la mafia, que se mata entre sí. Yo lo vi también estudiando la Guerra Civil, y es una pena porque a veces debemos hacer de tripas corazón y unirnos. Y creo que es el momento ahora, visto el auge de la ultraderecha. Por eso veo con mucha ilusión cualquier intento de que la izquierda se una, aunque sea muy dispar y demás. No he investigado mucho de la coalición que quieren hacer, no tengo tiempo.
P. ¿El PSOE no está vampirizando a la izquierda alternativa?
R. ¿Vampirizando?
P. Sí, que esa izquierda se está quedando en el chasis.
R. Al final hay una tendencia bipartidista muy fuerte en el país; parece que nos salimos de ella y estamos de nuevo ahí. Cuando Podemos alcanzó 70 diputados, parecía que había un posible cambio, también con Ciudadanos y demás, como que se iba rompiendo un poco el bipartidismo, y ahora hemos vuelto a lo mismo. No me gusta el bipartidismo. Puede ser que, en cierta forma, el PSOE haya fagocitado a otras fuerzas más a la izquierda, o son las propias fuerzas más a la izquierda que se han visto muy debilitadas y, por lo tanto, el voto ha ido al PSOE. No lo sé.
P. Yo soy de los que dicen que todo pasa en la izquierda. Me parece que la derecha no tiene ni relato ni peso intelectual.
R. Yo creo que tienen menos peso intelectual. Siempre lo he dicho con miedo a que me critiquen, pero es lo que pienso. Lo veo en el mundo literario, pues me cuesta encontrar obras críticas, líricas y demás bien construidas en la derecha. Eso lo encuentro más en el centro y la izquierda.
P. En todo caso, me molesta cuando dicen eso de que los jóvenes son franquistas. Me parece que no. Creo que lo que pasa será otra cosa, pero yo no conozco ningún joven que sea nostálgico de la dictadura de Franco
R. Ah, yo sí.
P. ¿Sí?
R. Sí, sí. Yo me he ido ahora a los institutos y, sobre todo, los hombres entre 15 y 18 años están obsesionados. Sí, los chicos están obsesionados con la Falange, con Franco…
P. ¿Sí?
R. Sí, sí.
P. Ahí no estamos de acuerdo. Yo no percibo eso. Yo tengo un hijo de 23 y tengo un montón de gente joven cerca, y no veo eso
R. Yo me he recorrido muchos institutos para hacer el podcast de la serie y para presentar la novela, y es algo común. En todas las presentaciones hablo de esto y se lo pregunto a las madres, y todos me lo dicen. Para mí no es una opinión, es una certeza. Pero entiendo que tú tengas otra opinión.
P. No, no, yo creo que lo que pasa es otra cosa, pero bueno.
R. He visto alumnos que saben el Cara al sol de memoria.
P. ¡Hostias, tío! Yo, de verdad, en mi entorno no veo nada de eso.
R. Claro, pero a veces, cuando hablamos de futuro, hay que mirar. Los futuros son los adolescentes que van a votar dentro de dos y de seis años… O de uno, pues el año que viene son las elecciones. Yo sí veo el futuro negro precisamente por eso, porque esta gente va a votar a Vox. Y veo que en dos legislaturas… Veremos
P. Yo creo que los jóvenes se enfadaron mucho en el confinamiento. Para mí aquello fue un experimento de ingeniería social. El tema de la pandemia, el confinamiento y todo aquello.
R. ¿Quiénes se enfadaron?
P. Los jóvenes… O sea, meter a gente joven en casa así, de esa manera…
R. Ah, sí. Tengo un amigo de 21 años y le afectó mucho, sí. Es normal, son sus años de juventud.
P. Los acusamos de que iban a matar a los viejos. Yo creo que se enfadaron mucho.
R. Sí, pero… No sé, son problemas más del relato. Eso es más complicado.
P. Bueno, cuéntame tú. ¿En qué andas? ¿Qué quieres?
R. Me voy a Venecia con una beca todo el otoño y luego el año que viene entero a Praga. Es mi intención. Voy a escribir, alejado del ruido, pues siempre lo he hecho así. Antes había menos ruido, ahora hay más, pero siempre me alejo, incluso del ruido propio, de mi propia percepción de mí mismo. Cuando me voy a un país del que no conozco el idioma que se habla, ni la cultura, ni tengo amigos, me siento tan solo que escribo muy bien. Es la soledad. Y eso es lo que voy a hacer otra vez.
P. ¿Puedes adelantar algo de lo que vas a escribir?
R. Pues te he adelantado demasiado porque no suelo decirlo nunca. He dicho que iba a escribir sobre la epidemia de sida, pero en realidad nunca lo digo. Lo he dicho también porque era a nivel local, pero a nivel nacional no lo diría.
P. Lo mismo te metes en otro jardín. Nosotros somos también mucho de meternos en jardines, de pisar charcos…
R. Yo no me meto en ningún jardín: me suelen meter. Únicamente hablo en mis presentaciones de libros y en mis redes sociales privadas. No, no, pero yo no los piso. O sea, me ponen el charco en el camino y tengo que pasar por el camino. De verdad, tengo esa sensación. No he escrito nunca un artículo en contra de alguien así. A veces sacan mis palabras de contexto y otras las utilizan para criticarme y ponerme en el candelero. Pero insisto: yo siempre hablo en mis actos literarios. Eso fue a raíz de Ayuso, pues hablé delante de ella. Le dije que estaba haciéndolo mal en Madrid. Básicamente que su administración, su gestión de la Comunidad, me parecía horrible. A partir de ese día, toda la maquinaria de fango de la derecha mediática empezó a hacer todo lo posible para hundirme. Muchos boicots, y con la novela también. Y con Reverte ya se disparó. Pero empezó con Ayuso, ya que antes no había ninguna crítica negativa hasta La Península de las casas vacías.
P. O sea que empezó todo con Reverte y Ayuso.
R. Ayuso primero y luego Reverte.
P. Leo que también eres músico…
R. Sí. Toco la guitarra, el acordeón y el arpa. Y canto en la calle. Lo sigo haciendo, sí.
P. ¿En algún garito también?
R. Sí, tocaba en muchos garitos. Y eso es lo que más me ha dado de comer toda mi vida. Tenía grupos y también en solitario. He hecho muchos discos, muchas maquetas. No sé, diez o doce.
P. ¿A corto plazo se te puede ver en algún sitio?
R. Mira, en Lavapiés hice una actuación en un sitio que ya no existe: Función Lenguaje. Ahí di uno muy grande y se llenó con 200 personas casi. Pero era siempre en locales pequeños. Eso sí, se me puede escuchar en todos lados: en Spotify, en YouTube…
P. No, yo digo en directo. Algo que tengas previsto….
R. Ah, cantaba en Bodegas Lo Máximo. Con Piluka a veces me subía a cantar algo.
P. A Piluka también la entrevistamos.
R. Sí, lo vi. Me acuerdo
P. ¿Y en La Marimala?
R. En La Marimala, sí. Voy mucho. Voy a ver Drag Race los domingos. Y ahora los he apoyado, ya que necesitan dinero para no cerrar porque han tenido muchas multas por parte de la policía y demás, y les estoy echando una mano. Y es un sitio para mí de encuentro muy importante en el barrio, ya que es de lo único LGTBI que hay. Es un laboratorio, además. Es un sitio muy interesante. Y canto en la calle normalmente.
P. Voy a dar la oportunidad de que pregunten algunas de las amigas que han venido conmigo y con eso vamos cerrando.
P. He oído mucho, esta misma mañana me lo ha dicho una amiga, que tienes mucha pose, que el tema de la boina es una gran pose. Es que me lo han dicho esta mañana, y que en cierto modo te has subido al carro de la polémica precisamente con lo de las jornadas de memoria.
R. Estoy muy presente en muchos sitios. Entiendo que me aborrezcan, que esté sobreexpuesto y que haya gente a la que le caiga mal. Lo de las jornadas fue una semana antes de publicar la novela. Estaba en el número uno con La Península de las casas vacías, después de dos años siendo el autor más vendido. Y tras el Premio Nadal ya no necesitaba nada. Lo que necesitaba era mantener el perfil tranquilo, precisamente porque iba a ser una novela, como pasó con La península de las casas vacías, muy comprada tanto por gente de izquierdas como por gente de derechas o de centro. Lo que pasó con las jornadas es que he perdido a un montón de gente de derechas que ya, por prejuicio, no me quiere comprar. Eso me ha perjudicado. En cuanto a lo de la boina, es una gilipollez. Me la llevo poniendo desde chico. Es como el de los sombreros de hace cien años, igual. Antes te tiraban piedras porque te quitabas el sombrero y ahora te las tiran porque te lo pones y, al parecer, haces una pose. Eso es el rebaño. Si te sales un poco del rebaño… Incluso los que piensan como tú.
P. Vamos a otra pregunta dando la oportunidad a otra de las amigas que nos acompaña. Te quería preguntar cuántas novelas llevas escritas y qué edad tienes. Y te lo pregunto porque he leído en algún perfil de gente relevante que eres muy inteligente y que tienes mucho trabajo acumulado para tu edad. ¿A qué edad empezaste a escribir?
R. Llevo publicadas cuatro novelas. He escrito mucho, como diez o así, pero han caducado. Ya no las voy a publicar, no tienen madurez. Cualquier texto podría publicarlo si lo reescribiera. Pero, teniendo ideas nuevas, ponerte a reescribir… Tengo 36 años y nunca he parado de escribir, aunque no se lo pasara a ningún editor. He escrito alrededor de diez novelas porque disfrutaba escribiendo. Empecé escribiendo a los diecinueve con La península de las casas vacías. Fueron quince años escribiéndola… La escribía, le dedicaba un año, la intentaba publicar, me decían que no, la aparcaba, hacía otra cosa. Ese fue el modus operandi durante quince años. Sí, está todo registrado en todos lados: en Granada, en Madrid, en Santiago de Compostela, desde París, con nombres distintos. Pero, bueno, la primera vez que la registré ya tenía 500 páginas o 700. No me acuerdo.
P. A mí también me gustaría hacer una pregunta. Estoy leyendo La Península de las casas vacías, pero no he acabado. Me gustaría que nos dijeras qué formación tienes.
R. Soy traductor de alemán y francés. Yo no sabía nada de la guerra hasta los 26 años. Me compré La guerra civil española de Paul Preston. Fue el primer ensayo que me compré para poner un fondo realista a la novela. Pero sin más. Y, cuando lo leo, digo: “Dios mío, yo quiero leerlo en ficción”. Pregunté, y no había ficción. Y dije: “Pues voy a hacerlo yo. Voy a ficcionar”. Pero no era nada militante, era puramente literario. Era una épica la guerra para mí, y quería verla así, como una épica. Lo que pasa es que uno ya va viajando, va investigando, va hablando con la gente, y te das cuenta del trauma y de la herida. Y luego ya te haces militante. Militas, pero no fue a priori. Y creo que por eso además pude escribirla, porque no tenía unos ideales respecto a la guerra o una opinión muy…
P. ¿Y prejuicios?
R. Sí, y también porque siempre estoy abierto a la conversación y a que mis ideas vayan de un lado a otro. Bueno, no de un lado a otro de la izquierda a la derecha, pero sí a escuchar al otro y dar mi brazo a torcer si la cabalidad y la lógica me lo exigen, cosa que a la gente, a mucha gente, cuando está en un partido le cuesta más porque suelen ser muy dogmáticos. Mis mejores amigos, Carmen y Rafa, son muy de izquierdas y les costaba mucho al principio la novela. Luego acabaron agradeciéndomelo porque decían: “Oye, pues este lado no lo han contado y esto no lo sabía”. Pero yo, precisamente, tenía la mirada muy limpia e iba a plasmar lo que investigara. Y ya descubrí lo que es la guerra para mí. Tengo una idea muy básica en torno a ella.
P- Una pregunta rápida. Entiendo que casi no tienes ningún antecedente familiar en Andalucía, que fue uno de los mayores sitios de represión por el bando nacional.
R. Afortunadamente, no tengo. Quesada, de donde yo provengo, porque toda mi familia es de Quesada, era uno de los pueblos más anarquistas de España. Cada dos por tres lo nombraban en el Congreso. Y luego mi abuelo estuvo en la UGT y dio la cara por muchos para intentar sacar a la gente de la cárcel, pero no era muy político. Me sorprendió investigando en el Archivo de Salamanca.
P. ¿Estuviste investigando el árbol genealógico?
R. Si, y hablando con mi abuela me dijo: “Ah, sí, estaba en la UGT o no sé qué”. Pero no hay mucha militancia. Mi padre es guardia civil, ya está jubilado y ni siquiera es el prototipo de guardia civil que uno se puede imaginar o el esbozo que uno piensa de guardia civil que va a votar a tal partido. Es un hombre cuyo voto ha fluido mucho. De hecho, en mi casa no se ha hablado nunca de política. Eso para mí fue muy positivo para plasmar luego la guerra con ojos neutros. Perdón, neutros no: objetivos. No me gusta el término neutral.
P. Ya vamos cerrando porque no nos gusta recortar nada. Un último mensaje para la gente de Lavapiés, que te conoce de sobra. Para los que tú conoces, diles algo. Lo que quieras decir. Eso que dicen que el barrio está muy tocado, que tiene el futuro comprometido….
R. Ah, ¿por la gentrificación y demás?
P. Sí, y por todo. Y porque se está vaciando el tejido vecinal.
R. Sí, es verdad. Bueno, no sabría muy bien qué decirles si tuviera a todo el barrio delante. Que me siento orgulloso de que sea un barrio que tenga conciencia propia, aunque está siendo afectado por ese tejido gentrificado que afecta a todo el barrio. Pero para mí es un orgullo, y por eso quiero que siga siendo mi barrio. A mí no me gusta vivir en barrios donde no vea un fiel reflejo de la sociedad en general. Si hay problemas de droga, no me importa verlo en mi barrio para tenerlos presentes. O problemas de prostitución, o problemas de robo, lo que sea. Hay otras personas que prefieren que su barrio esté limpio y tener un barrio muy pulcro y muy seguro. Yo quiero ver los problemas que me rodean. Esas cosas que a veces señalan de Lavapiés a mí no me molestan, al contrario: agradezco verlas para poder ser consciente de cómo está la sociedad en la que vivo e intentar cambiarla y mejorarla. El mayor enemigo no es el que mucha gente señala que podría ser, sino la gentrificación. Y, por su situación en el centro, se gentrificará cada vez más. Y desaparecerá, tal vez. Es muy céntrico. Digamos que esa gente se está mudando al otro lado del río. Viví en Lavapiés unos tres años y nunca he tenido ningún problema ni sensación de inseguridad. Al contrario, me siento tranquilo en el barrio.

Seguimos hablando un rato más sobre el barrio y la imagen que recogen los medios, pero debemos aprovechar la luz de la tarde para sacar las fotos. No sabemos si David es difícil de entrevistar, pero no ha sido así con nosotros, desde luego. Tiene un punto intimista, está acostumbrado a decir y hacer lo que quiere sin meterse con nadie, y no parece gustar de conflictos y tensiones. David Uclés no parece haberse quedado detenido en ninguna polémica y promete regresar a vivir a Madrid, posiblemente a Lavapiés, después de un paréntesis fuera de España. Nos ha adelantado que quiere escribir sobre el sida, y eso ya es una primicia. Agradecemos a David Uclés el habernos abierto las puertas de su casa y haber respondido a todo lo que le hemos preguntado…