La empinada pendiente hacia la guerra
Europa se despeña arrastrada por políticos sin escrúpulos, embriagados de poder, con políticas lesivas para nuestros países y ciudadanos, que nos han metido en una carrera delirante:
- La imposición de medidas militares durante la pandemia, como confinamientos masivos, suspensión de derechos fundamentales, control de los movimientos de la población y paralización de servicios, han acelerado la precarización de condiciones laborales, el cierre de pequeñas y medianas empresas, aumento de la sobremortalidad, una epidemia de salud mental y la desaparición del tejido productivo.
- La obsesión por el ambientalismo fanático del capitalismo “verde”, falso en sus premisas, ha desatado políticas antisociales, de negación de la vida humana, de destrucción de la agricultura, la ganadería, la pesca y la devastación de grandes espacios naturales de alto valor ecológico y cultural, poniendo en serio peligro nuestra soberanía alimentaria y el futuro de nuevas generaciones.
- La obstinación por dilatar la guerra en Ucrania y la fijación con Rusia como enemigo absoluto han logrado destruir el suministro energético barato que mantenía la industria europea. La voladura, por intereses anglosajones, del gasoducto North Stream 2 que unía a Rusia y Alemania ha sido el culmen.
- La ofuscación por ampliar la OTAN hacia las fronteras rusas ha terminado por romper unas buenas relaciones que amenazaban la decaída hegemonía de Estados Unidos y la OTAN. Tras el Maidán, la presión para que Ucrania ingresara en la OTAN fue la línea roja que provocó su invasión por Rusia. La incorporación de Finlandia y Suecia a la OTAN ha supuesto el abrupto final de la larga neutralidad en la zona.
En esta situación de destrucción social, económica e industrial al que nos han llevado desde Bruselas, parece que están dispuestos a seguir el principio de que cuando en economía todo está perdido solo sirve la guerra. Una huida hacia delante para reconvertir la industria europea en industria para la guerra y la muerte, capaz de fabricar drones, misiles y carros de combate. Puede que el objetivo no declarado no sea la paz y los derechos humanos, sino ocupar la parte occidental de Ucrania, saquear sus recursos e incluso repartir territorios. Es imprescindible enviar un contingente militar europeo, pero exige un clima social favorable que tratarán de lograr cebando el relato del enemigo ruso.
Los intentos de Zelensky para que la OTAN entre en guerra directa con Rusia mediante ataques de falsa bandera, así como la obsesión de las élites globalistas por situar a Rusia como enemigo total y provocar para que responda bélicamente, nos ponen muy cerca de una guerra real. Psicópatas como Merz (procedente de BlackRock), Macron, Starmer, Von der Leyen o Rutte se han aventurado en una campaña de manipulación masiva para la aprobación social de un escenario y una economía de guerra, en la que la inducción del miedo es fundamental. Obviamente, ellos o sus hijos no van a ir a la guerra. Se trata de una generación que no vivió la II Guerra Mundial y solo se la imaginan a través de películas de Hollywood. Son los hijos de las clases humildes los que irán al frente para defender sus intereses, hecho tantas veces repetido en la historia.
Rusia va ganando la guerra en Ucrania a un alto precio. Con una economía inferior a la de Italia, la dificultad para controlar ese 20% del territorio muestra que no está para nuevas guerras. Putin, aun gobernando autocráticamente su país, ha demostrado tener una prudencia de la que Biden o los globalistas de la UE han carecido con sus constantes desafíos e incitaciones al uso de armas atómicas, uso que ocasionaría una destrucción mundial sin retorno.
El gasto del 5% del PIB acordado en la OTAN obliga a cumplirlo a todos sus miembros. Este histórico gasto en armamento, que sobre todo se comprará a Estados Unidos, conllevará recortes drásticos de gastos sociales, como sanidad, educación, pensiones o subsidios. Para ello debe haber una permisividad social hacia la militarización de la vida cotidiana, la aceptación de una economía de guerra y la miseria. Por ahora, el gasto militar de España en la OTAN es de los más reducidos entre sus miembros. Sin embargo, su implicación con militares en sus misiones es de las más altas. En caso de movilización a Ucrania ya sabemos quién iría de los primeros.
¿Estaremos dispuestos los europeos a dejarnos arrastrar a una guerra suicida con Rusia por los intereses de una élite?
Miguel Ángel Carreño
