8 de marzo de 2026. Como cada año, nos unimos contra la discriminación, la violencia y la injusticia que sufrimos las mujeres en todos los ámbitos, y para proponer soluciones.
Las feministas luchamos contra todas las injusticias, no solamente contra las que atañen especialmente a las mujeres. De hecho, los primeros grupos feministas en Norteamérica se formaron a raíz de que a ellas no les permitieron participar en convenciones antirracistas.
Actualmente, la mayoría de las personas que están día a día en los movimientos sociales son mujeres. Y eso a pesar de que las mujeres tienen menos tiempo libre, ya que trabajan un poquito menos en el empleo (con bastante menor salario medio por hora), pero mucho, mucho más en el hogar.
Sin embargo, la sociedad, e incluso estos movimientos en los que hombres y mujeres trabajamos codo a codo, parece padecer de un límite a la solidaridad humana: los problemas que afectan a las mujeres se invisibilizan o, a lo sumo, desencadenan reacciones de escándalo momentáneas como si fueran fenómenos raros y, sin embargo, son generalizados.
Podemos citar el caso de Gisèle Pelicot, a quien violaron tantos hombres «normales» de su pueblo durante tanto tiempo sin que hubiera «traidores» que destaparan esa barbarie. Más casos de esta complicidad tan frecuente están saliendo a la luz.
Las mujeres son carne de cañón. En los procesos migratorios intentan agarrarse a uno para no ser violadas por muchos. En las guerras las violan masivamente. Hay granjas de mujeres pobres que paren para que otros compren sus bebés. Se las utiliza en la industria de la prostitución, que es un sistema de violencia organizada contra las mujeres cuya condición necesaria es la desigualdad, la pobreza, la exclusión, el racismo y la normalización de la violencia sexual
En regímenes de apartheid de género como Afganistán, Arabia Saudita, Irán o Siria, todas las mujeres viven secuestradas sin que las Naciones Unidas, la Unión Europea o el Gobierno de España tomen medidas. Cada año son casadas doce millones de niñas en el mundo (Unicef). 230 millones de niñas y mujeres en todo el mundo han sido sometidas a mutilación genital femenina durante su vida y, según UNICEF, 4.5 millones de niñas seguirán siendo víctimas cada año mientras no se erradique esa práctica.
Es cierto que algo hemos avanzado en algunos países. En España ya es raro oír eso de que la violencia se da igual por las dos partes, que matan tanto hombres a mujeres como mujeres a hombres. Ahora, cuando un hombre mata a una mujer, en su pueblo se decreta luto oficial, mientras que no hace tantos años el Ayuntamiento ni se daba por aludido.
También es cierto que los Gobiernos occidentales reconocen algunos de los problemas que afectan a las mujeres, pero no toman medidas. Las cosas de mujeres siguen siendo asunto de las feministas.
Este año, el Movimiento Feminista de Madrid (MFM) convoca la manifestación del 8 de marzo con el siguiente lema: “Frente a la barbarie patriarcal, feminismo internacionalista. ¡Ni veladas, ni explotadas, ni prostituidas!”.
El manifiesto exige políticas públicas reales: un Sistema Público de Cuidados; la regularización de las mujeres migrantes; el fin de la precariedad de los colectivos feminizados (como son todos los relacionados con los cuidados); una ley abolicionista que proteja y dé alternativas de empleo a las mujeres prostituidas y que, a la vez, castigue a quienes se aprovechan de su vulnerabilidad; una ley como las que ya se han aprobado en países como Suecia, Islandia, Noruega, Canadá, Irlanda o Francia, aunque con desigual implantación. Porque, según señala el manifiesto, si el consentimiento es un derecho fundamental, no se puede comprar (Parlamento Europeo, resolución P9_TA(2023)0328: “El sexo debe basarse en el consentimiento, que solo puede otorgarse libre y voluntariamente y que no puede sustituirse por el intercambio de dinero”).
Sobre el velo impuesto a mujeres y niñas, el manifiesto defiende que no tiene cabida en la escuela, que debe coeducar en valores de respeto e igualdad. A este respecto, recomiendo los últimos artículos de la escritora Najat El Hachmi (Nador, 1979) y también el libro No nos taparán de Mimunt Hamido (Melilla, 1961); dos escritoras feministas entre las muchas de territorios mayoritariamente musulmanes que luchan contra la imposición del velo a las mujeres. Es un debate que no ha hecho más que empezar en España (continuará). ¡Feliz 8 de marzo reivindicativo!
