Realmente, esto no es una cuestión de si la educación sirve o no, más bien si cierto tipo de educación tiene como objetivo el tenernos entretenidos y no quejarnos para que otros se embolsen dinero a tu costa. Bueno, de hecho, es dinero a costa de todos, porque los cursos subvencionados los paga todo el mundo, conocieran su existencia o si, de antemano, ya sabías que no valían para nada.
Esto, en concreto, no es una generalización absoluta de todos los cursos subvencionados disponibles, pero sí se trata de lo ocurrido con un curso concreto y, aunque en un principio pensaba que era más bien cosa de algunas academias o similares, debe de ser algo más bien generalizado. De lo contrario, no entiendo por qué existe un programa oficial entero de Gestión Medioambiental, de 500 horas presenciales, con 80 horas de prácticas.
La educación en sí, el aprender, está bien. ¡Cómo va a estar mal! Siempre hay algo que se aprende (y a veces también se olvida).
El ecologismo lleva un tiempo largo a nuestro lado y es inevitable que siga. En ese sentido, justamente, si existen todos esos problemas derivados del medioambiente, ¿cómo no vas a creer que un curso de esas horas, que te dice prometer el oro y la gloria, no te va a aportar algo?
Te dicen que te dan todo el material asociado, que oye, gratis total. Y es cierto, era totalmente gratis. El problema es que el tiempo personal no es indefinido y, seamos claros, si te regalan mucho es que algo en concreto sacan de ti, aunque no te estés enterando de qué va la vaina. De hecho, me siento algo estúpida porque ahora, mirando esos cursitos, te dicen que te pagan cuando termines el curso, 16.50 euros en bruto al día (no dicen si con o sin retenciones).
Las prácticas, como eran de esperar una vez que ya te hueles el asunto, no tienen nada que ver con absolutamente nada de lo que te han hecho estudiar durante esas 500 horas y más, ya que no había más que tareas y documentos que rellenar, y hacer copias y pegas de las cosas.
Está subestimada la profesión de vendedor, tenía que haber empezado en ello a los 15 años y aprender del ejemplo: el gestor del curso se presentó como alguien de pedagogía, al que le importaba una barbaridad la formación y el futuro de las personas. Le importaría, claro, saber si iban a aguantar su curso. Todo eran estrategias para asegurar tu permanencia y todo para que las sospechas llegasen lo más tarde posible.
Primero señalan que hay plazas limitadas y que el curso como tal tiene un valor de 3000 euros, igual que un máster. Lo vendía como el máster de tu vida porque era compacto, en horario de tarde, y luego tenías unas prácticas divinas (en un zulo). Si pedías detalles, resultaba que era demasiado pronto para preocuparme por ellas y que tu deber era acabar el curso. Tú dirás si no puedo saber qué prácticas hay, ¿me van a contratar por leer manuales caducados? No solo los yogures caducan. El profesor dijo claramente que no estaban actualizados. Como he comentado, es un sinfín de entretenimientos, porque sentido no tiene. Si te apuntas, en primer lugar es que estás como demandante de empleo. Por tanto, buscas activamente empleo y, por lo general, tienes tal grado de desesperación que aceptas hacer cualquier curso (o cosa) que te prometa salir de la precariedad. Lo cierto es que no había suficiente alumnado para que se formara el curso y, como no lo había, el de la academia colocó a su hijo y a otros pocos más que, a las primeras de cambio, dejaron el curso (al día siguiente). Lo cierto es que me tenía que haber tomado antes las molestias de ver quién carajos había escritos esos manuales, ya que, cuando me puse a verificar quién había, di con que el temario tocho sobre inventario de consumos y similar lo había escrito un biólogo especializado en biotecnología con un máster y estaba buscando de forma activa empleo. Debe de ser que le faltan otros dos más. Donde caben dos, caben tres.
Carlota Magdaleno Ruiz
