Opinión

Accidentes ‘in itinere’ IV

By 8 de marzo de 2026No Comments
Matías E. Kítever. Accidentes in itinere III

Accidentes ‘in itinere’ IV

Matías K.

 

Mensaje vocal del Capitán: ¿qué tal, Martins?, esta noche voy a llegar tarde, tengo un compromiso familiar, el cierre queda abierto, te he dejado la lista para que hagas la compra, la primera reserva es a las nueve, que no te pille el toro por los cuernos, el cocinero no me coge el teléfono, te ocuparás tú del servicio, sé que puedes hacerlo, tío, ¡eres un máquina!, ¡eres un máquina!, mañana y el fin de semana harás también el servicio de comidas, te veo luego… (gracias por avisármelo con tiempo, ahora cómo le digo a P que no puedo ir al parque el fin de semana, no me jodas, dónde está el cuadrante, dónde, dónde, y por qué tengo que hacer la compra, por qué no la hace el camarero). Mensaje vocal del ayudante: todo ok. Entro a la cocina, la lista está pegada a la pared, un desastre, hay comida por el suelo, recipientes abiertos, nadie se ha ocupado del office al mediodía (esto no lo mencionas en tu mensaje, no, no lo voy a hacer, no, y no me toca hacerlo a mí, tampoco las compras, no se puede hacer un servicio así). Me pongo el delantal, ¿o debo hacerlo? (pues no y que se joda, pero no se puede trabajar así, con la cocina sucia, ahora me toca a mí recoger todo lo que él deja tirado, reviso las cámaras no vaya a ser que se le haya olvidado algo y después me haga sentir responsable porque un plato no puede salir, pero qué me importa que le falte un plato, problema suyo, por qué no puede hacer la compra el camarero), y salgo del restaurante, bajo por la calle (por qué tengo que hacerlo yo, ¡claro, la maldita cláusula de la polivalencia!, le hablaré cuando vuelva de esto y de lo otro, si soy el cocinero lo mío es cocinar, lo suyo es que alguien se ocupe de lo demás, no puedo trabajar así, no quiero trabajar así, no puedo estar haciendo los deberes de otro), trato de tomar distancia, pero la voz que sale de la parte trasera de mi calavera insiste (son cosas que no me apetece hacer como trabajar, como obedecer, y esto ya se está haciendo costumbre, que no es “pa” tanto, que no es “pa” tanto, pero está mintiendo todo el tiempo y es que…, es que no me apetece, esto es un desorden insoportable, no es posible que no te avisen las cosas con tiempo, además los cambios se deben anunciar tres días antes, que está escrito en el estatuto de trabajadores que no pueden tratarlo a uno de cualquier manera, que por eso estamos como estamos, además te pagan mal y quieren que hagas siempre más con menos, el maldito credo capitalista que tan bien encaja en esta ciudad llena de salvajes que si no compran comen, beben o hacen fila para apostar, que esto es el laboratorio neoliberal más grande de España, que lo privatiza todo, los parques infantiles, las escuelas, las universidades, la salud haciendo migas con los de la Roca Negra y sus algoritmos que hacen millones de transacciones en milisegundos, que encima tienen la genialidad de llamarle Aladino y es lo mismo por donde se le mire, en este barco se reproduce todo lo que pasa afuera, también aquí se repiten las mismas estupideces, eso de que somos una familia, ¿pero quién quiere otra familia?, ¿quién quiere amigos en el trabajo?, eso de que no existen los jefes, que si la empresa sale adelante todos lo haremos), me acerco a pagar, ¿que cuál es el número de afiliado para hacer los descuentos?, pues no lo sé (y no me importa), y vuelvo al restaurante, subo el cierre, el camarero no ha llegado (¿entonces también me toca a mi barrer el salón?, que se jodan, es más, me voy, me voy y no vuelvo más, total, hasta que no me dé ese puto pedazo de papel firmado no tengo obligaciones de nada, que se jodan él y todos los demás, el cocinero, la del office, los camareros, mi maldito vecino que me jode por el ruido y que está loco, que se jodan los de Castell que me saca dinero de la cuenta y la maldita endogamia de las universidades y la homologación y la derecha y la izquierda), entra comanda…