EDITORIAL
La gente no estamos para postureos ni dogmas
Cada vez que nos intentan meter por el carrilillo de lo aceptado, nos cabrean más y más. Si tardan en darse cuenta de que ya no son referencia para nadie, esto va a terminar mal, muy mal. La joden más aún cuando a gentes que no tenemos nada que ver con ultraderechas o pulsiones reaccionarias nos acusan de cualquier porquería para mantener el orden y una superioridad ética e intelectual que ya no tienen.
Aquí, en el barrio, no existe apenas presencia de Vox y similares, y el cabreo se mueve hacia la abstención o hacia donde cada cual puede o entiende; pero no se puede decir que el silencio, la seguridad y la limpieza son de derechas y el desorden, la suciedad, el ruido y la fiesta son de izquierdas, porque la izquierda vecinal nos construyó en Madrid los barrios más alegres, disfrutables, equipados y solidarios del mundo mundial.
En este número entrevistamos a Daniel, de La Chispera, que es el presidente de una asociación joven y no clásica, no es una de esas de la FRAVM, para entendernos. No van a reemplazar a los Osuna o a los Saturninos de toda la vida de dios, pero nos parece que se van a entender muy bien con ellos.
En NHU nos aburre el lenguaje modernete y no andamos a cada paso hablando de sostenibilidad, género y memoria para trincar Next Generations, y a Alejandro, nuestro guardián de las palabras y la gramática, la “x” y la “@” le dan grima porque dice que son faltas de ortografía sin paliativos. Las ciudades de quince minutos, los pasaportes covid y las limitaciones a la movilidad nos parecen tan carcelarios como las cámaras por todas partes, y no nos parece que defiendan ningún bien común. Como decimos siempre, con el miedo de la gente hay que hacer algo, se trate del miedo a que la policía te pare por tu aspecto o miedo a que alguien desesperado te robe lo que tengas poniéndote una navaja en el cuello. Y seguro que tanto miedo no está justificado, pero el miedo es miedo y te resta vida y alegría. Y el miedo a llegar a la caja del súper y ver la cuenta tampoco es “moco de pavo”, y decimos “súper” porque el puesto del mercado de toda la vida ha sido reemplazado por otra cosa distinta, y en el bar de toda la vida ya no se sirve chatos ni cafés, cañas o botijos por un poco más de un euro.
No queremos que la gente pida permiso para decir lo que quiera o para escribir lo que quiera, y a los censores les exigimos que se aparten de inmediato y dejen de joder a cada paso. Tenemos mucho que hablar y mucho que acordar para cuidarnos y protegernos, y necesitamos como el comer recuperar la confianza en lo público; pero que no nos toquen a la gente y que no se les ocurra poner en cuestión su valor como pueblo que salva al pueblo.
Este espacio no tiene dueño y, si hemos llegado hasta aquí y hemos asumido el coste de decir en cada momento lo que nos parecía cierto y decente, no vamos a acojonarnos ahora con amenazas o señalamientos. Tampoco cada piropo diciendo que somos distintos y mejores nos despista ni nos endiosa. Venimos de mucho intento fracasado y de mucho naufragio.
Está todo muy extraño y, como decía la canción que cantaba María Jiménez, necesitamos que alguien consiga que el mundo nos parezca más amable, más humano y menos raro.
Hay que juntarse, hay que hablar, hay que intentar hacer inteligencia conjunta, y si te dicen que eres tóxico o que vampirizas la energía de alguien y para evitarlo te callas lo que ves y lo que sientes, te vamos a animar a que no lo hagas y a que te sueltes la coleta sin temor y sin mesura.
El barrio o los barrios no viven su mejor momento de encuentro y actividad, y los espacios de relación en el barrio son oro puro; y si a un grupo de gente se le ha ocurrido crear uno de esos espacios, bienvenidos.
Por nuestra parte, los lunes a las 19:00 horas en el local 5 de la plaza de Cascorro, 11, seguiremos con nuestro consejo abierto de redacción, al que puedes venir, escribas o no; y los viernes, en el mismo lugar y hora, nuestro espacio de conversación sin prejuicios. Y como dice una de las amigas y elemento central de este proyecto, comeremos algo rico y tomaremos un café también rico y aromático.
Nos necesitamos más que nunca y no nos sobra nadie, y eso de aceptar y apreciar la diversidad aquí no lo declamamos y sí lo ejercemos.
Nos vamos a alegrar de verte o de conocerte el próximo viernes o el próximo lunes, y te vas a sentir bien. Nos da igual si afuera llueve, hace frío o está oscuro. Dentro del local nos expresamos, nos escuchamos y nos disfrutamos, y de vez en cuando se discute un poco, que también activa las neuronas y es un buen ejercicio de “cardio”, digan lo que digan expertos y doctores…
