Lo de Extremadura y lo de aquí
Cuando escribo esto es el día siguiente de la debacle de Extremadura. Veo esta mañana la imbecilidad de un buen amigo de Velilla de San Antonio publicando una imagen de Los santos inocentes, en una ocurrencia que ni siquiera es original porque después veo lo mismo en otras publicaciones de Facebook más explícitas, añadiendo a esa imagen tan conocida un texto que dice: “Zeñorito, hemos ganao las elecciones”. Tendrán suerte si al final del día no se encuentran con alguna extremeña o extremeño que les siente de culo de un bofetón como respuesta a su falta de respeto. Lo mismo el hermano de Sánchez, el del puesto inventado, les parece menos zeñorito.
Lo de Extremadura tiene alguna posible consecuencia positiva que desde la izquierda podemos saludar como la esperanza que puede suponer un Podemos que, unido a Izquierda Unida, pone distancia con Sumar y su sumisión absoluta a este Gobierno infame. Otra posible consecuencia muy esperada y muy decepcionada es que este resultado y este desplome del PSOE en un territorio tan propio puedan alentar una contestación interna que dignifique la imagen degradada de unas bases socialistas que parecen cualquier cosa menos socialistas. Y la tercera consecuencia es que la abstención está creciendo porque mucha gente decente que necesita otra izquierda se emplaza a la espera, y ojalá lo esté haciendo como abstención activa y organizada. A esa abstención se puede sumar el voto en blanco o el voto nulo que, por mucho que digan algunos, no tiene por qué significar nada distinto a la expresión del cabreo y la espera de tiempos mejores.
Si el PP no ha decrecido salvo en un puñado de votos y ha crecido un poco en representación, y la abstención ha crecido de modo importante, preguntarse de dónde ha salido el voto de Vox solo admite una respuesta. Que la sangría del PSOE alimente a Podemos e IU no sorprende, que alimente la abstención tampoco, pero que alimente al PP e incluso a Vox son palabras mayores.
El pueblo de Extremadura es el mismo pueblo honesto y currado de siempre, y algo está pasando para que se mueva de esta manera; y me temo que el resto del pueblo español puede seguir el mismo camino.
Sigo pensando que todo pasa en la izquierda, lo bueno y lo malo, y que la derecha poco tiene que ver con estas situaciones. Y lo absurdo que ya resulta hablar de derecha e izquierda también es una consecuencia de la degradación que nos rodea.
Alguien tendrá que hacerse responsable de la desintegración del movimiento sindical justo en el momento en el que sindicatos no apesebrados serían más necesarios que nunca, de la desintegración también del movimiento vecinal para dar respuesta desde la decencia a la degradación de los barrios populares y al vacío creativo de la cultura alternativa, que ya solo depende de Fondos Next Generation condicionados al cumplimiento de una agenda globalista de encefalograma plano.
Que en Extremadura mucha gente no meta el voto a la derecha, a pesar de no encontrar sentido a votar a las alternativas que se le presentan desde la izquierda, ya es meritorio y demuestra que mucha gente si no puede votar no vota a la derecha en ningún caso.
Esta chica de Podemos o IU, que es ingeniera agrónoma y de Madrid, no ha tenido más votos porque el mundo rural ya no se fía del ecologismo urbanita, y porque quienes vieron que, pudiendo activar los círculos y desatar un movimiento social de verdad, se llamó asaltar los cielos a mendigar las migajas del poder formal no se van a conformar con cualquier cosita.
Ya no valen ni relatos ni significantes vacíos y, sin embargo, la tensión por la eclosión de algo nuevo que ilusione es cada vez mayor. Y algunos tontos muy tontos interpretan que la gente se está derechizando, y hay que ser imbécil sin remedio para pensar así.
Los círculos fueron muy interesantes, aunque menos que las asambleas. Se podían haber asaltado desde la base los sindicatos, los barrios y el mundo rural, y nos conformamos con muy poco y con instalar a los peores. Que se compren un chaletaco o que abran un bareto en el barrio es lo de menos, y las tabernas del local del Partido Comunista tenían su gracia en cada barrio; lo demás es una falta absoluta de alma, como en el viejo PSOE decepciona también el silencio humillado de tanto militante. Definitivamente todo pasa en la izquierda…
Javier Jesús Herranz Aguayo
