Opinión

Clara Campoamor y demás pecadoras que llegamos demasiado lejos

By 11 de enero de 2026No Comments

Clara Campoamor y demás pecadoras que llegamos demasiado lejos

Últimamente proliferan titulares: «El feminismo en España ha ido demasiado lejos y ahora se discrimina a los hombres». En realidad es el 44% de los hombres quienes responden así, mientras el 75% de la población sigue apoyando la lucha por la igualdad entre hombres y mujeres, especialmente estas últimas (82%).

¿Pero qué será llegar demasiado lejos? Por mucho que se responda con la emocionalidad, y/o con los intereses, nadie puede negar que las mujeres trabajan más en total (mucho más en la casa y casi tanto en el empleo), ganan mucho menos, sufren violencia por parte de los hombres… 

Cierto, no todas ni tampoco por parte de todos los hombres, claro, pero en la web de feminicidio.net están los datos: en 2025, hasta el 12 de diciembre, 90 mujeres han sido asesinadas por hombres, ya sea por sus parejas (45), sus familiares (20), vecinos, conocidos, compañeros de residencia, etc., etc. Y los asesinatos son solamente la punta del iceberg; debajo están tantas y tantas vidas destrozadas día a día.

El feminismo es un movimiento social que aboga por una sociedad en igualdad, con los mismos derechos y libre de violencia contra nosotras. Va por olas: cuando nos juntamos, nos atrevemos a desafiar el orden que se nos impone y salimos a la calle. Gritamos obviedades, unas muy en serio y otras de broma, como aquello de «perdonen las molestias, nos están matando», dirigido a quienes, precisamente, se sienten ofendidos por nuestra insistencia. 

Cuando consiguen desactivarnos, la ola se repliega y vuelve el runrún de que hemos llegado demasiado lejos. Pero la realidad es que, aunque en cada ola avanzamos y algo queda, en lo fundamental, en lo estructural, retrocedemos casi al mismo punto, o peor.

El 1 de diciembre celebramos el aniversario del voto femenino, conseguido en 1931 gracias a la ola feminista de entonces (sufragismo) y especialmente a Clara Campoamor. Ganó por 4 votos: la mitad de los señores diputados decían que era ir demasiado lejos. Las derechas no querían que saliéramos de casa; las izquierdas decían que no estábamos capacitadas. 

Clara Campoamor escribió un libro contándolo todo: Mi pecado mortal: el voto femenino y yo. Cuando, en 1933, la izquierda perdió las elecciones, se echó la culpa al voto de las mujeres, y particularmente a Clara Campoamor. Da igual que ella explicara con datos cómo la izquierda había obtenido el doble de votos que en 1931, pero había perdido porque se había presentado atomizada. Da igual que en 1936 ganara la izquierda unida en la candidatura del Frente Popular. Nadie se disculpó con ella y en la emocionalidad colectiva permanece aún la impresión de que las mujeres no estaban preparadas.

Gracias al movimiento feminista, la República aprobó el divorcio en 1932; ilegalizó los prostíbulos y penalizó a los proxenetas en 1935 (Clara Campoamor había fundado la Sociedad Abolicionista en 1922); se quedó a las puertas de legalizar el aborto (Cataluña lo hizo en 1936), entre otros logros. Franco los revirtió todos. 

En 1975, gracias a María Telo y a la Asociación Española de Mujeres Juristas que ella fundó, se aprobó una reforma del Código Civil que, entre otros avances, eliminó la figura de la «licencia marital» por la cual las mujeres casadas no podían hacer nada o casi nada sin permiso del marido (incluso perdían su nacionalidad al casarse con un extranjero). Luego recuperamos el divorcio, el aborto, algunas medidas contra la discriminación en el trabajo… Siguen pendientes leyes para abolir la prostitución, el alquiler de vientres, la pornografía, otras violencias sexuales en la web…

El permiso de paternidad de igual duración que el de maternidad ha sido un paso, aunque las trampas de la ley impiden que la mayoría de los hombres puedan quedarse solos al cargo de sus bebés el mismo tiempo que las madres, sin lo que no habrá corresponsabilidad ni igualdad en el empleo.

Decidme, ¿hemos llegado demasiado lejos las feministas? Al contrario, como dijo Simone de Beauvoir, «basta una crisis política, económica o religiosa para que los derechos de las mujeres sean cuestionados». 

En EE.UU., el movimiento ultra Repeal the 19th pretende quitarles el voto a las mujeres (les votan menos a ellos). Si se aprueba el proyecto de ley Save Act, habrá que presentar varios documentos para poder votar, y en todos deben coincidir nombres y apellidos del/la votante. Como las mujeres adoptan el apellido del marido, muchas no cumplirán ese requisito. ¡Demasiado lejos!