Cultura

La Casa de Maternidad de Mesón de Paredes: un refugio para las madres del Madrid decimonónico

By 12 de diciembre de 2025No Comments
La Casa de Maternidad de Mesón de Paredes: un refugio para las madres del Madrid decimonónico

La Casa de Maternidad de Mesón de Paredes: un refugio para las madres del Madrid decimonónico

En pleno corazón del barrio de Lavapiés, en la calle Mesón de Paredes, se levantó a mediados del siglo XIX una institución que marcaría la historia de la asistencia sanitaria y social de Madrid: la Casa de Maternidad. Su origen se remonta a 1859, cuando, de forma provisional, se habilitó un espacio anexo a la Inclusa y al Colegio de la Paz, en el antiguo convento de Santa Catalina. Aquella instalación, concebida para dar atención médica y amparo a mujeres en el momento del parto, pronto se consolidó como una de las piezas esenciales del sistema benéfico madrileño.

El proyecto adquirió un carácter más estable en 1863, cuando la Casa se trasladó al número 66 de la misma calle, en un edificio de nueva planta. La prensa de la época recogía con orgullo la culminación de las obras, destacando que el nuevo establecimiento podría albergar cómodamente a más de un centenar de mujeres. La inauguración oficial tuvo lugar el 30 de diciembre de 1864, con la presencia del gobernador de la provincia, la Junta de Damas de Honor y Mérito y diversos representantes eclesiásticos y civiles. Aquel día, cincuenta mujeres parturientas ya ocupaban las salas, y la capacidad del edificio permitía acoger hasta ciento diez.

La Casa de Maternidad nació con un doble propósito: ofrecer asistencia obstétrica gratuita y preservar la intimidad de las mujeres que, por su situación social o familiar, buscaban discreción. Muchas de ellas eran madres solteras o de escasos recursos, para quienes el parto podía convertirse en una condena social. La institución pretendía, además, evitar abortos clandestinos e infanticidios, males frecuentes en una ciudad que crecía con rapidez y desigualdad. Su relación con la Inclusa era directa: las nodrizas contratadas allí contribuían a la lactancia de los recién nacidos, con la esperanza de reducir la altísima mortalidad infantil que asolaba el Madrid de la época.

La gestión de la Casa recaía en la Junta de Damas de Honor y Mérito, dentro de la estructura de beneficencia provincial. Este modelo representaba un paso decisivo en la transición desde la caridad privada hacia una asistencia pública organizada y fiscalizada. El personal estaba formado por un director, tres médicos, dos ayudantes cirujanos, varias Hijas de la Caridad, enfermeras parteras, un escribiente y dos porteros. Entre los facultativos destacó Jerónimo Blasco y Romanillos, quien, en el curso 1861-1862, ejerció además como profesor autorizado para la enseñanza de practicantes y parteras en la Universidad Central, señal del papel docente que también desempeñaba la institución.

La vida cotidiana de la Casa de Maternidad no estuvo exenta de dificultades. Las condiciones higiénicas del edificio fueron objeto de críticas, especialmente a comienzos del siglo XX, cuando el higienista Philip Hauser denunciaba su ubicación en una zona insalubre y reclamaba la construcción de una nueva maternidad en las afueras de la ciudad. A pesar de los esfuerzos de renovación y las aportaciones filantrópicas —como la del duque de Sevillano, que destinó fondos a la Inclusa, el Colegio de la Paz y la Casa de Maternidad—, las instalaciones fueron quedando obsoletas frente al avance de la medicina y las nuevas concepciones sobre salud pública.

Durante casi un siglo, miles de mujeres madrileñas pasaron por las salas de Mesón de Paredes. Algunas figuras conocidas nacieron allí, como el escritor Francisco Umbral, en 1932, o el cantante Julio Iglesias, en 1943 (en 1943 era totalmente razonable que un joven médico, como era su padre, hiciera atender a su esposa en una maternidad pública reconocida). La Casa continuó funcionando hasta 1956, cuando fue clausurada y sustituida al año siguiente por la moderna Maternidad de O’Donnell, adaptada a los estándares sanitarios de la época.

Aunque el edificio desapareció, la huella de la Casa de Maternidad de Mesón de Paredes permanece en la memoria urbana de Madrid como un símbolo de la evolución de la asistencia materno-infantil. Representó un puente entre la caridad tradicional y la sanidad pública moderna, y su historia recoge, en definitiva, los esfuerzos de una ciudad por humanizar uno de los momentos más delicados de la vida: el nacimiento.

Carlos Sánchez Tárrago