Dana, un año después
29 de octubre de 2024, una fecha que me marcó un antes y un después. Una fecha que nos golpeó de lleno a los valencianos, donde nació el lema “El pueblo salva al pueblo”.
Recuerdo aquel día como si no hubiera pasado el tiempo, el agua arrasaba y se apoderaba de todo a su paso sin control, calles convertidas en ríos, personas atrapadas a su suerte, las cuales se estremecían en gritos de ayuda. Nunca olvidaré aquel momento en el coche, con las manos temblando al volante, sin saber muy bien qué decisión tomar. Dentro de mí algo me dijo que no debía detenerme, no por cobardía, sino por instinto de supervivencia; decidí poner rumbo a Valencia capital, una carrera contra el tiempo. Atrás quedó la desesperación, la gente intentando salvar sus coches, sus hogares y a sus seres queridos.
Cuando por fin llegué a Valencia capital, unos amigos me abrieron las puertas de su casa, me ofrecieron todo lo que estaba en su mano, un plato de comida caliente, una cama y sobre todo un abrazo. Esa noche apenas dormí, no podía dejar de pensar en los que se habían quedado atrás, en mi familia y amigos, de los cuales no pude saber nada hasta el tercer día, ya que estábamos incomunicados.
Un año después las heridas siguen latentes, el dolor, la rabia, la impotencia, el abandono y las vidas perdidas pesan más que nunca. Las promesas se quedaron en el aire, las ayudas no llegaron dentro de la necesidad, que crece, cada vez crece más.
Durante aquellos días el agua y el barro lo arrasaron todo: casas, negocios, caminos, esperanzas e ilusiones, pero, dentro de todo mal, sacó lo mejor de nosotros. Cuando las instituciones y el Gobierno miraban para otro lado, y solo se preocuparon de lanzarse dardos unos a otros para llegar a tiempo y salir en la foto, fue el pueblo quien se lanzó de lleno a salir a flote del fango; entre amigos, vecinos y familiares, fuimos los que nos levantamos unos a otros.
El tiempo ha pasado, las ayudas prometidas apenas han levantado hogares, principalmente las ayudas de las fundaciones de Juan Roig y Amancio Ortega, que fueron las primeras en llegar a los afectados. Poco después fueron las del Gobierno valenciano y, finalmente, las del Gobierno central, estas últimas con un 17% de lo que se prometió. Es triste que el Gobierno de tu país no te socorra en su día y te deje en la estacada cuando más lo necesitas, pero también es triste sentirte engañado y que te tomen el pelo sabiendo que tu vivienda no puede esperar más tiempo porque las humedades y las grietas se apoderan de ella, hogares sin techo y sin luz, negocios con la persiana bajada para siempre, familias que no han podido regresar a la normalidad.
Sigo creyendo que un día volveremos a la normalidad, aunque sea difícil. Tal vez la normalidad sea esto: aprender a vivir con lo que quedó, con la rabia, la esperanza y la certeza de que, cuando todo falla y juega en nuestra contra, seamos nosotros los que nos levantemos los unos a los otros. Porque cuando todo se viene abajo, lo único que queda es la humanidad de quienes te tienden la mano.
Fdo.: Christian Jiménez López
