Quien camine sin prisa por las calles de Lavapiés puede toparse, casi sin querer, con pequeños cuadrados dorados incrustados en la acera. Brillan bajo el sol y, si uno se detiene a leerlos, revelan nombres, fechas y destinos. Son las Stolpersteine, o piedras que hacen tropezar con la memoria, un proyecto europeo creado por el artista alemán Gunter Demnig, que rinde homenaje a las víctimas del nazismo entre 1933 y 1945, incluidos los deportados españoles.
Estas placas son, en realidad, pequeños cubos de cemento de diez centímetros, en cuya parte superior, de latón, están grabados los nombres y datos de personas que fueron víctimas del nazismo. Cada una recuerda a un vecino o vecina que sufrió la deportación, el exilio o la muerte en los campos de concentración. El proyecto comenzó en 1992 y, desde entonces, se han instalado —según datos de 2023— más de 100.000 Stolpersteine, con cerca de 30 países involucrados.
La memoria en Lavapiés
En Madrid, la memoria tiene rostro: el de Isabel Martínez y Jesús Rodríguez, un matrimonio jubilado que, desde 2019, es el motor del colectivo Stolpersteine Madrid, una iniciativa ciudadana que ha logrado instalar ya más de un centenar de estas placas conmemorativas por toda la capital.
El proyecto madrileño nació en Grant Librería, en el número 21 de la calle Miguel Servet, en el corazón de Lavapiés. Desde 2018, este espacio acoge encuentros, exposiciones y actividades en torno a la memoria histórica. Allí se gestó el primer grupo de voluntarios y, con el tiempo, un movimiento que ha ido creciendo piedra a piedra. En colaboración con Swinton Gallery, el colectivo organizó recientemente la muestra Cada nombre importa, con acuarelas del artista David Cárdenas y la presentación del mapa interactivo Madrid-100 Stolpersteine, que recoge la ubicación de las primeras cien placas colocadas en la ciudad.
Las piedras del barrio
En Lavapiés, muchas de estas piedras que hablan se encuentran en lugares por los que pasamos a diario: portales antiguos, esquinas y calles llenas de historia. Podemos leer nombres como los de Ángel Hernández García (Concepción Jerónima, 6), Victoriano Valencia (Zurita, 9), Juan García Rodríguez y Fermín Luis García (Santa Isabel, 17 y 41), José Galinier Muñoz (Doctor Fourquet, 20), Fausto Parra Galiana (Sombrerería, 7), Manuel Rodríguez Pérez y Constanza Martínez Prieto (Argumosa, 14 y 5), Enrique Martínez Barona (Ave María, 43), Manuel García García (Mesón de Paredes, 60), Rubén Tabares Hernández (Carlos Arniches, 17) y Manuel Nieto Sainz y Juan Antonio García Acero (Huerta del Bayo, 5).
Cada uno de ellos representa una historia de resistencia, pérdida y dignidad, y su nombre, grabado en el suelo, devuelve una presencia humana al barrio. A Victoriano Valencia le dedicamos un artículo en el número 135, correspondiente al mes de julio. El resto, esperamos lo tengan también.
Cada nombre importa
Cada piedra cuenta una vida. Una persona, una familia, una historia truncada por el odio. Pero también una esperanza: la de que la memoria siga viva en el suelo que pisamos.
“No se trata solo de recordar a las víctimas”, dicen Isabel y Jesús, “sino de devolverles su lugar entre nosotros”.
En 2023 se colocó la Stolpersteine número 100.000 en el mundo, y ya son casi 30 los países que forman parte de este gran mapa de memoria.
Y no podemos olvidarnos del historiador y profesor del Instituto Ramiro de Maeztu de Madrid, Benito Bermejo, autor de un inventario de los al menos 9000 españoles que fueron enviados a campos de concentración nazis y de su correspondiente destino.
Carlos Sánchez Tárrago
