El morado se pelea con el rojo
Morado
sobre rojo
sobre morado.
El morado
se pelea con el rojo
de una bandera
que no puedo lucir
sin ser tachada de ideologías
que no me representan.
La rojigualda guarda
un pasado
con el que no empatizo.
La mutación de un color
es mutilación
de una parte de la historia.
Cuando nací, todo fue amarillo
porque mi género le daba la espalda
a tonalidades preconcebidas.
Ni rosa ni azul.
Iba de culo, y amarillo.
Y así continúo en mi adultez,
negándome a segundas acepciones
de colores impuestos.
“Desabanderada”,
que no abanderada
de mi país, soy.
Huérfana de estandarte
en una nación de polos
siempre enfrentados
por todo y para nada,
desde siempre
y para siempre.
Soy anárquica
de lo desteñido de etiquetas.
Me bajo de esta guerra simbólica.
Con bandera blanca
ahorraré en tintes
manchados de fábrica.
Se hace democracia
con la memoria
para evitar hacerla
con el poder.
Arreglamos el pasado
en un presente descompuesto,
que ya buscará arreglar el futuro.
Prefiero ser apátrida
a no poder lucir ser
de donde soy sin querer.
Polarización idiota
sin idiosincrasia.
No habrá ganador
en este pulso de colores
sin otra guerra civil de por medio.
Andrea Fergón @versayunando
