Opinión

Pongamos que hablo… de teatro

By 16 de octubre de 2025No Comments
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Pongamos que hablo… de teatro

@bravoo_esther

El teatro es trinchera

Dicen que la vida es puro teatro, pero a veces se nos olvida ir a verla en directo. Nos conformamos con el “teatro” de la política, con el drama en las redes, con la comedia romántica de las plataformas… y dejamos el verdadero escenario vacío.

Así que hoy no vengo a contarles un cotilleo de camerino ni una anécdota de producción (tendremos números para eso): hoy vengo a hacer campaña. Campaña por el teatro.

Vayan. Vayan solos, que no pasa nada por reírse (o llorar) en soledad en la oscuridad de una butaca. Vayan con amigos, para comentar luego en el bar si el final era genial o un horror. Vayan con sus padres, que seguro que tienen historias de aquel teatro de antes que olía a puro y a colonia. Lleven a sus hijos, aunque no entiendan todo: el teatro también educa los oídos, la paciencia y la imaginación.

Vayan, aunque tengan sueño, aunque tengan Netflix, aunque llueva o haya fútbol. Vayan porque nada se parece a estar ahí, sintiendo la respiración del actor que se está jugando la vida en escena, escuchando al público reír en coro o quedándose en silencio absoluto cuando algo les toca de verdad.

Vayan, hay ofertas, hay descuentos, seguro que encuentran un precio adecuado a su bolsillo, pero no dejen de ir, el teatro cura el alma y para ello no hay precio que lo valga.

El teatro es un espejo, pero también es un refugio. Es donde nos reconocemos y a veces donde nos atrevemos a soñar. Es donde las tragedias se viven sin consecuencias y las comedias nos salvan los lunes. Y me explico: como espectadores podemos llorar, indignarnos y sufrir, pero cuando se encienden las luces de sala, volvemos intactos, y es ahí donde destaco que el teatro es un lugar seguro para experimentar emociones que nos hagan reflexionar sin que tengan un impacto real en nuestra vida. Y cuando digo que el teatro nos salva los lunes, me refiero a las comedias, esas que te levantan el ánimo, que te aligeran un poquito los pesares y que nos recuerdan que la vida es divertida y bella, incluso cuando los lunes pesan.

Y siguiendo con el hilo de que el teatro es un refugio, no olvidemos que el teatro también es trinchera. En Palestina, mientras caen bombas, hay artistas que montan funciones en medio de las ruinas para que sus hijos no olviden lo que es soñar. Hacen teatro para seguir vivos, para que su historia no la cuente otro. Y no es la primera vez que el mundo mira a otro lado: ya nos pasó con Ucrania. Llenamos portadas, colgamos banderas en los balcones… y hoy todo sigue igual. Las guerras siguen, la gente sigue huyendo, pero las cámaras se fueron.

Quiero detenerme un segundo aquí para rendir mi más profunda admiración a un compañero y amigo, el director de escena Ignacio García, que está ahora mismo en Ucrania, dirigiendo repertorio español entre alarmas y bombas, entre refugios y miedo. Llevar el teatro a una zona de guerra no es solo valentía: es un acto de amor radical por la cultura, es regalar un poquito de esperanza donde casi todo es incertidumbre.

En mi primera columna les prometí que cada mes traería historias para reír, indignarse o llorar. Pues aquí está la primera: una invitación a no rendirse, a llenar el teatro, aunque todo parezca en contra.

Esta es mi minipromesa: yo seguiré yendo al teatro, aunque llueva, aunque haya fútbol, aunque el mundo parezca caerse a pedazos. Y les invito a hacerla suya: ir al teatro al menos una vez al mes, solos, acompañados, con hijos, con padres o con desconocidos…, pero ir.

Porque mientras haya público, habrá teatro. Y mientras haya teatro, habrá quien cuente lo que pasa, aunque al mundo no le guste escucharlo. En Palestina lo saben bien. También lo supimos con Ucrania. Que no se nos olvide.

Nos leemos el mes que viene.