No sé qué decirte mientras el
amasijo
sigue encendido,
la noche se pierde
en el peso
oscuro y denso,
junto a la orilla calmada
del Río que cantando
reposaba el sueño
de aquel silencio,
de aquella presencia,
de aquella caricia
desconocida.
Te seguiré cantando
en la dulce vigilia
de los cuatro vientos.
Sé que duermes junto a mí,
en la fuente encendida
de mis noches oscuras,
donde camino perdido
en un suspiro infinito
acariciando y rozando
el Alma y los latidos.
Alfonso Becerra
