Isadora Tata
Cuando las criaturas lloran y lloramos. Es evidente lo que estamos viviendo, un desasosiego y preocupación, la cosa está que arde, bandera roja, los muertos ya innombrables pueden aparecer como fantasmas en nuestra memoria. La consciencia de la muerte, por qué, de quién, adónde, cuándo y cómo. Luchas homicidas a lo largo del mundo, la rosa de los vientos se pudre, orbe que salta por los aires por el cambio climático… ¿Quién tiene razón? Se decidirá por la ausencia de nuestros pobres congéneres, nuestros prójimos. Las palomas, símbolos de la paz, destrozadas, destripadas, descuartizadas, mancilladas. La tierra regada con la sangre del pueblo inocente: viejos, niños, mujeres y hombres. ¿Dónde irán sus almas? ¿Quién dará razón de ellas? ¿Qué espíritu nos hará llorar y saber el valor de la vida y festejar la alegría de estar vivos? La humanidad transida y aprueba, ¿cuál será el fin? Volando en pedazos la esperanza, destruyendo el seso y la carne, cómo aullaremos en el dolor de una bomba, de un tiro o de un hongo nuclear. Rompiendo el futuro a cachos. A tumba abierta.
