Cuando mis turnos me lo permiten suelo ir al trabajo en tren aunque viva lejos, a las afueras de Madrid. También lo hago hasta Embajadores muchas tardes para participar en este periódico que ahora lees.
Os voy a contar una pequeña peripecia vivida en la línea C5 de Renfe Cercanías de Madrid el 24 de junio, volviendo de trabajar. Una anécdota escrita el mismo día que me ha sucedido y que manifiesta un problema mayor. Me bajo en Atocha a las 17:50 para hacer mi último transbordo. Mi tren no aparece en las pantallas. Pasan 20 minutos y nada, cuando lo normal son máximo 8. Ya va llegando la hora punta y el andén rebosa de pasajeros. Decido subir a las taquillas, donde un empleado de Renfe me dice que hubo una pequeña incidencia, pero debe estar resuelta. El andén sigue apretándose. Al poco, aparece en pantalla que el tren llega en 9 minutos. Llega pasados 15 minutos, pero no todo el mundo puede abordarlo. Muchos quedan en la estación esperando un hipotético tren que llegará 3 minutos después, según un casi inaudible aviso por megafonía.
El tren inicia la marcha y me percato de la valiosa experiencia que supone sentir tanto calor humano en un día tan bochornoso y sin aire acondicionado. Cara con cara, culo con culo, codo con codo, manotazos para agarrarse pero imposible caerse, enlatados todos, nos movemos los usuarios resilientes y concienciados con el medio ambiente. Sudando como en una sauna finlandesa, por nuestro bien común, buenísimo para abrir los poros de la piel y eliminar toxinas. Recuerdo la campaña de 2024 del Ministerio de Transportes: “Transporte público, ¿lo pillas?”. Parece que quien desarrolló la idea del anuncio lo desconocía totalmente.
Luego, el cabreo disimulado con buen humor: “¡Gracias, Pedro!”. A lo que algún ignorante respondía: “¡Gracias, Ayuso!”, aduciendo que Cercanías forma parte de la Comunidad de Madrid. ¿Y por qué ignorante? Porque las competencias sobre Renfe Cercanías son de Renfe Viajeros y Adif, pertenecientes al Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana. Y aunque Cercanías se coordina con Comunidad y ayuntamientos mediante el Consorcio Regional de Transportes de Madrid, lo cierto es que su mantenimiento o abandono y su funcionamiento o fallo son responsabilidad estatal central. Más tarde, situación tensa por la dificultad de algunos pasajeros para bajarse en su parada debido al hacinamiento.
Por fin llego a mi estación de destino y por el paso inferior, a oscuras, cruzamos hacia la salida. Pregunto a una mujer con chaleco reflectante que pone: “Renfe Pregúntame”. Le pregunto, no sabe nada. Puede haber sido la lluvia o “algo” en la línea. Pido la hoja de reclamación al taquillero y me señala un QR en el cristal. ¡Claro!, lo de la transformación digital. Desde casa pongo mi reclamación de máximo 500 caracteres y un mes para responderme. Reclamación digital que espero que no manden a la sostenible papelera de reciclaje.
La desidia, el abandono y la degradación que año a año va sufriendo este servicio público es palpable. Hace días, con otra reclamación, empleados de Renfe nos confesaron la abrumadora falta de inversión en las infraestructuras. Vías muy envejecidas, averías, retrasos normalizados, por no hablar de los descarrilamientos entre Atocha y Recoletos que han llegado a comprometer la seguridad. Afirmaban que el gobierno estaba castigando a los madrileños, cosa que comparto porque tengo ojos. Seguramente, Pedrito cree que con su madrileñofobia castiga a Isabelita y a la derecha. Pero Ayuso, como él, no viaja en Cercanías. Al menos nunca me la he encontrado, como ella a su ex. En Cercanías vamos los curritos, de izquierdas y de derechas. Luego se asombran de las tendencias en los barrios trabajadores, verdadero soporte de la economía real, olvidados por la izquierda fake.
Repetir que gracias a los impuestos tenemos escuelas, hospitales y carreteras, para blanquear la desidia llegó a su fin. Situaciones que deberían ser excepcionales se han convertido en la “nueva normalidad”. Los ciudadanos tenemos derecho a decidir cómo se priorizan y se gastan nuestros impuestos. Seguramente, ministros de Transportes como Ábalos o Puente, responsables máximos de Cercanías, han tenido mejores cosas que hacer estos años y no han podido ocuparse de dotar de un transporte digno a los millones de personas que usamos esta red pública.
Miguel Ángel Carreño
