Barrio

Presencia armada, presencia humana

By 20 de julio de 2025septiembre 4th, 2025No Comments
Max Stewart. Presencia armada, persencia humana

Vivo en Lavapiés desde hace año y medio. A estas alturas, me sigue costando entender por qué ciertos hechos, que deberían generar indignación generalizada, se han vuelto casi invisibles en la vida cotidiana del barrio. La presencia policial excesiva, los controles por perfil, las redadas sin explicaciones suficientes… ocurren con una frecuencia inquietante. Pero lo más preocupante es que, cada vez más, se aceptan como parte del paisaje.

El pasado miércoles 4 de junio, en plena plaza de Nelson Mandela —un espacio que lleva el nombre de un símbolo mundial de libertad y lucha contra la represión—, fuimos testigos de uno de esos episodios que exponen claramente el problema. Más de 50 agentes intervinieron en un operativo policial que terminó con varias detenciones. Entre ellas, la de un joven guineano de 26 años que simplemente grababa con su móvil lo que sucedía. Fue reducido con fuerza desmedida, quedó inconsciente y fue introducido en un coche patrulla sin recuperar la consciencia. Tras pasar casi 24 horas en comisaría, una jueza declaró ilegal su detención y ordenó abrir una investigación a los agentes por una posible extralimitación. Las grabaciones ciudadanas fueron clave para demostrar que no se trató de una actuación proporcionada.

Desde hace años, se acumulan denuncias por actuaciones policiales selectivas y desproporcionadas. Las redadas dirigidas a vendedores ambulantes, las identificaciones por perfil racial y la intervención ante reuniones pacíficas forman parte de un patrón que no responde a la seguridad ciudadana, sino a una forma sistemática de exclusión.

Lavapiés es un barrio plural, construido sobre una mezcla que no encaja en las normas rígidas de otros espacios. Aquí se cruzan idiomas, culturas, creencias, formas de vestir, de celebrar y de rezar.

Lo que en otros barrios puede ser considerado riqueza cultural, aquí sigue siendo tratado con recelo institucional. La diferencia se convierte, una y otra vez, en sospecha.

Y cuando la sospecha se convierte en intervención, el resultado es siempre el mismo: miedo. No prevención, no cuidado, no diálogo. Miedo. Y ese miedo no lo sentimos todos por igual. Lo sienten, sobre todo, quienes viven marcados por estigmas que ni siquiera tienen que ver con sus actos, sino con su origen, su acento o su forma de estar en el espacio público.

Como vecino, me niego a aceptar que este sea el precio de vivir en Lavapiés. Me niego a asumir que la presencia policial desmedida es la única respuesta posible a la diversidad. La seguridad no nace del control. Nace del respeto mutuo, de la cercanía institucional, de la confianza entre quienes comparten un mismo espacio.

Este barrio no es zona de riesgo. Es un barrio con alma, con historia, con memoria, con comunidad. Aquí no se necesita más vigilancia, sino más escucha. No hace falta más presencia armada, sino más presencia humana.

Convivir no es vigilar. Es reconocer la dignidad de todas las personas, sin jerarquías ni prejuicios. Y si algo quedó claro el miércoles es que aún estamos muy lejos de lograrlo.

 

Max A.Stewart @maxx.stewart