No deja indiferente a nadie familiarizado con la política el pensamiento y la personalidad del expresidente uruguayo José Mujica, fallecido recientemente, a punto de cumplir sus noventa años. La honestidad y claridad de sus ideas irrumpió en el panorama del convulso siglo XX latinoamericano, donde las dictaduras proliferaron y llenaron países como Chile, Argentina o Uruguay de terror y muerte.
Mostró un pensamiento y una praxis política realmente excepcionales. Su vida, llena de contrastes, no está exenta de polémica: activista político desde los 14 años, guerrillero urbano (Tupamaros), participante y más tarde líder del movimiento político Frente Amplio durante la dictadura militar, lo que lo llevó a ser preso político durante quince años. Con el cambio de régimen, fue ministro de Agricultura y más tarde llegará a ser presidente de su país en 2010.
Reconocido por su pobreza y austeridad, principios asimilados de sus ideas anticapitalistas, donaba el 90% de su salario a causas sociales, predicaba con sus ideas y vivió con sus principios filosóficos, lo que le acarreó la connotación de presidente filósofo.
Sus ideas políticas iluminan la vida intelectual con pensamientos profundos, como su definición de la democracia: “¡Ay de aquellos que creen que el poder está arriba! El poder está en el corazón del pueblo que decide…”. Activista político de izquierdas en su juventud, se decantó por un pensamiento democrático, con sensibilidades sociales hacia las clases campesinas y trabajadoras.
Respecto a su pasado decía: “Cuidémonos de trasladar nuestras frustraciones a las generaciones más jóvenes…”. Creía ampliamente en el delegar y el reconocer el valor de las generaciones que le sucedían. A los jóvenes les recomendaba: “Hay que tener una causa para vivir, una pasión que te mueva y te comprometa. La vida no puede ser más que trabajar para conseguir y pagar facturas”. La pobreza para él, citando a Séneca, era “desear una prosperidad más allá de lo posible y ansiar más de lo que realmente necesitamos”. Rescata el valor de la vida misma, la austeridad en lugar del despilfarro, criticando la superficialidad, el consumismo y la banalidad en que se sumergen muchos seres humanos, realmente pobres mental y espiritualmente.
Su utopía socialista lo lleva a perseguir un mundo más justo. Durante su presidencia la prosperidad llegó a Uruguay y el desempleo solo era del 5%. El país gozó de estabilidad y prosperidad.
Despedimos a un político consecuente con sus ideas. No militó ciegamente en la izquierda latinoamericana, llegó a censurar y señalar al presidente venezolano Maduro como dictador y usurpador de la presidencia de su país. Una voz crítica que nos alerta sobre el holocausto ecológico, las injusticias sociales y la falta de principios y valores en que nos sumergimos como sociedad.
Francisco José Alonso Rodríguez
Politólogo, sociólogo, presidente de la Liga Española Pro Derechos Humanos y del Centro de Estudios Ateneos
