“El buey no es de donde nace, sino de donde pace”. Este refrán implica que lo importante no es el lugar de nacimiento de un buey, sino el lugar donde pasta y se alimenta actualmente.
Puede aplicarse a las personas, enfatizando que su origen no define quiénes son o dónde pertenecen.
No he podido evitar echar mano de este refrán que se oía en mi casa siendo niña, aunque mi madre, cuando me lo recordaba, no decía buey sino burro (no sé por qué). Últimamente me ronda en la cabeza en muchas de las reuniones que tenemos en nuestro periódico NHU Lavapiés, La Latina y Embajadores. Y es que algunas de las personas que se suman a estos Consejos Abiertos de Redacción (sí, con mayúsculas porque hay que ser muy valientes para poner en marcha algo así) se sienten “de pata negra” por vivir en el barrio, y osan encararse con algunos de nosotros porque no vivimos en el barrio de Embajadores.
El hecho de vivir o no vivir en un barrio, ¿define la forma de sentirlo? ¿Uno está limitado a las fronteras del barrio en el que nace o en el que crece?
Llevo trabajando voluntariamente en el barrio de Embajadores desde el año 2005, en la época en la que venían muchos inmigrantes, ayudándoles con sus “papeles” o viajando a sus países de origen para ver qué podíamos hacer allí, junto con ellos, para mejorar sus condiciones de vida. En este barrio seguimos haciendo talleres, debates, encuentros, mesas informativas; pegamos miles de carteles convocando a todo el barrio a distintas actividades; nos ponemos en contacto con vecinos, comerciantes, centros culturales, centros educativos, deportivos, artísticos, con asociaciones diversas, de vecinos, de comerciantes, con el Ayuntamiento… Y desde el año 2013 con esta publicación mensual, donde se le da voz a todo aquel vecino que tenga algo que decir.
Dicho esto, ¿se me puede considerar vecina?
Actualmente vivo en Moratalaz, desde que vine a Madrid de Laredo (Cantabria). Pero por medio, y hasta que he vuelto al barrio, he vivido en el barrio del Pilar, Moratalaz (otra vez), Santa Eugenia, Carabanchel, Velilla de San Antonio (donde llegué a ser concejala) y vuelta a Moratalaz. Y me siento afortunada. Para mí es un privilegio haber sido vecina en tantos sitios. Y aunque conozco mi actual barrio como la palma de mi mano y he sido testigo de sus numerosos cambios, no me considero de ahí más que de otro lugar (un sentimiento bastante común entre los madrileños, por cierto). Y nada me asegura que el día de mañana, tal vez, tenga que volver a hacer las maletas y mudarme a otro lugar.
¿Uno se considera vecino con más legitimidad por dormir en el barrio? ¿Hay que demostrar alguna clase de autenticidad como vecinos? Creo que este es un pensamiento muy superficial. El signo de nuestra época es que la mayoría no vivimos donde queremos, sino donde podemos. Ya nadie es de ningún lugar. Actualmente, el lugar donde uno vive es o pura casualidad o coyuntura epocal.
Además, el barrio ha dejado de ser un lugar donde echar raíces y se está convirtiendo en un lugar de tránsito donde la gente va y viene, llega y se marcha, un barrio de continuo recambio.
La forma de sentir un barrio no está limitada a si vives en él o no. Ni siquiera a si has nacido o crecido en sus calles. La forma de querer este barrio es hacer algo para mejorar las condiciones del lugar y la vida de sus gentes. Y para esto, no es requisito tener que estar viviendo en él. Lo que importa es lo que uno hace.
En este barrio hay gente a la que se le llena la boca hablando de multiculturalidad e interculturalidad. Sin embargo, yo me siento fuertemente discriminada por algunos cuando digo que no vivo aquí, aunque parte de mis días los pase en estas calles.
Ojalá seamos capaces de ser más inclusivos y más tolerantes con temas como estos, que no son tan visibles, y que podamos construir un barrio sin tantas barreras y prejuicios. A ver si ahora vamos a aplicar el ius soli (o derecho de suelo) también en el barrio.
Nines Fuentes
