Congelados

Como en la pelí­cu­la, un frío géli­do y cor­tan­te reco­rre Euro­pa. Nos lle­gan imá­ge­nes por los medios de miles de migran­tes atra­pa­dos en esta cli­ma­to­lo­gía adver­sa, ante unas fron­te­ras que les cie­rran el paso. Nos lle­gan noti­cias horri­bles de seres huma­nos que han muer­to con­ge­la­dos en una tie­rra fría que no los aco­ge. Huyen del horror de la gue­rra, o de la per­se­cu­ción reli­gio­sa, o de la repre­sión polí­ti­ca, o del aco­so sexual. Tam­bién huyen de la mise­ria. Todas estas cau­sas de vio­len­cia extre­ma debe­rían ser moti­vo sufi­cien­te para dar­les asi­lo en los dis­tin­tos paí­ses, y no solo por moti­vos polí­ti­cos. Pero Euro­pa ha pre­fe­ri­do pagar a Tur­quía para que haga el tra­ba­jo sucio y ejer­za de gen­dar­me de Euro­pa, sin exi­gir la más míni­ma garan­tía en el res­pe­to de los dere­chos huma­nos. La elec­ción ha sido escon­der la cabe­za para no tener que enfren­tar el duro pro­ble­ma, ni siquie­ra tener que cum­plir con los exi­guos cupos de asi­lo acor­da­dos entre los miem­bros de la UE.

El duro cora­zón de un con­ti­nen­te que siem­pre alar­deó de ser pio­ne­ra en la defen­sa de los dere­chos huma­nos se ha con­ge­la­do, a cau­sa del frío del racis­mo y la xeno­fo­bia que se pro­pa­gan por el cen­tro, este y nor­te de Euro­pa. Que cie­rra fron­te­ras y levan­ta muros a lo des­co­no­ci­do y que pre­su­po­ne un faná­ti­co vio­len­to a todo aquel que es dife­ren­te por su reli­gión, su cul­tu­ra, sus cos­tum­bres o su sta­tus eco­nó­mi­co. Es cier­to que casi siem­pre hay una peque­ña pro­por­ción de faná­ti­cos sea cual sea su cul­tu­ra, nacio­na­li­dad, creen­cia reli­gio­sa o ateís­mo. Pero la gene­ra­li­za­ción lle­va a la estig­ma­ti­za­ción que solo sir­ve para ali­men­tar nue­va vio­len­cia.

Los que adop­tan esta pos­tu­ra des­pia­da­da, o des­co­no­cen, o no les intere­sa ver cues­tio­nes evi­den­tes como que, des­de que la huma­ni­dad es huma­ni­dad, des­de que el géne­ro homo die­ra sus pri­me­ros pasos, las migra­cio­nes han sido una cons­tan­te en su his­to­ria. Ir más allá de sus orí­ge­nes es algo que lle­va gra­ba­do en lo más pro­fun­do de su ser. Des­de los pri­me­ros repre­sen­tan­tes de las espe­cies homo has­ta los actua­les, ha habi­do un visi­ble cam­bio anató­mi­co. Si, por ejem­plo, en espe­cies como Homo hei­del­ber­gen­sis la robus­tez era un ras­go muy apa­ren­te, en Homo sapiens, menos fuer­te apa­ren­te­men­te, con un esque­le­to ali­ge­ra­do, la adap­ta­ción para las gran­des mar­chas y migra­cio­nes es mayor. La his­to­ria de la huma­ni­dad es, en gran medi­da, una his­to­ria de migra­cio­nes, encuen­tros, con­flic­tos y mez­co­lan­zas que lle­gan has­ta la actua­li­dad. Así, hoy en día, a pesar de las gran­des penu­rias que aso­lan el pla­ne­ta, la huma­ni­dad con sus avan­ces téc­ni­cos pone su mira­da en pla­ne­tas cer­ca­nos a los que poder emi­grar en un futu­ro no muy lejano. Y con sus nue­vos teles­co­pios espa­cia­les, escu­dri­ña las estre­llas veci­nas, des­cu­brien­do cien­tos de exopla­ne­tas, con la espe­ran­za de des­cu­brir algún día que no esta­mos solos en la inmen­si­dad de este uni­ver­so.

Vol­vien­do al pre­sen­te, es ilu­so­rio supo­ner que unos sim­ples muros de hor­mi­gón o alam­bra­das, podrán fre­nar los movi­mien­tos migra­to­rios más gran­des  des­de la Segun­da Gue­rra Mun­dial. Es inge­nuo supo­ner que los más de 65 muros que hoy exis­ten, como los de los Bal­ca­nes, o el de Pales­ti­na, Meli­lla, o el hipo­té­ti­co alu­di­do por Trump entre Méji­co y EEUU, van a poder dete­ner las migra­cio­nes, mien­tras siga aumen­tan­do la desigual­dad y la injus­ti­cia entre dis­tin­tas pobla­cio­nes del pla­ne­ta, así como entre dis­tin­tas capas socia­les de las pro­pias pobla­cio­nes de los lla­ma­dos paí­ses “ricos”. Es cíni­co desatar gue­rras para usur­par los recur­sos natu­ra­les, ener­gé­ti­cos y estra­té­gi­cos en paí­ses no muy leja­nos y que­rer evi­tar que la pobla­ción que sufre esos crí­me­nes, lue­go tra­te de emi­grar a los mis­mos luga­res a don­de emi­gran final­men­te sus recur­sos expo­lia­dos.

Solo un vien­to cáli­do del sur, de soli­da­ri­dad y com­pren­sión, pue­de des­con­ge­lar este pai­sa­je. La caí­da en cuen­ta de que, más allá de apo­yar oene­gés cuya capa­ci­dad de acción y visión estruc­tu­ral es muy limi­ta­da, es inevi­ta­ble pre­sio­nar a los esta­dos –empe­zan­do por el gobierno del pro­pio país–, que son las estruc­tu­ras que tie­nen la capa­ci­dad real de tomar car­tas en el asun­to, es un pri­mer paso. Un segun­do paso es la con­cien­cia­ción y movi­li­za­ción para que esta Euro­pa, deje de ser la Euro­pa de los capi­ta­les y de la extor­sión, y por fin empie­ce a ser la Euro­pa de los pue­blos, en la que el pro­gre­so sea para todos sin dis­tin­ción. Y empu­jar para que cada vez más nacio­nes comien­cen a ali­near­se en un fren­te común que se opon­ga a las inva­sio­nes y sea capaz de enfren­tar a los gran­des lob­bies. Para que los gran­des capi­ta­les que se han apro­pia­do ile­gí­ti­ma­men­te de los recur­sos y la tec­no­lo­gía sean obli­ga­dos a que estos revier­tan en toda la pobla­ción mun­dial. Es nece­sa­rio de una vez por todas afron­tar el gran pro­ble­ma de la dis­tri­bu­ción mun­dial de la rique­za –cada vez más con­cen­tra­da– y la nece­si­dad de eli­mi­nar las gue­rras y todo tipo de vio­len­cia como medio en la con­se­cu­ción de cual­quier obje­ti­vo. Es nece­sa­rio, pues, cons­truir con la mira­da pues­ta en la futu­ra Nación Huma­na Uni­ver­sal.