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NHU Lavapies, Latina y Embajadores
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Historias de Lavapiés
¿Sabíais que…?

¿Sabíais que…?

Fuente de Cabestreros. Fotografía de Carlos Viñas

¿Sabíais que el ba­rrio de Lavapiés no exis­te? Nuestro ba­rrio no exis­te co­mo tal, lo que exis­te es el ba­rrio de Embajadores, y Lavapiés es una ex­ten­sión den­tro de los lí­mi­tes de es­te ba­rrio, se­gún lo de­fi­ne el Ayuntamiento de Madrid.

¿Sabíais que nues­tro ima­gi­na­rio ba­rrio se com­po­ne de 107 ca­lles?

Calle de Atocha

Calle de Atocha

Un dic­cio­na­rio de­fi­ne la ATOCHA co­mo una plan­ta her­bá­cea de ta­llo rec­to y ho­jas lar­gas muy re­sis­ten­tes, que pue­de ser usa­da pa­ra ha­cer cuer­das y pas­ta de pa­pel.

Pero pa­ra Madrid, Atocha co­men­zó sien­do el lu­gar de una ba­ta­lla al­re­de­dor del año 720, en el lu­gar don­de hoy co­mien­za la Avenida de Barcelona.

Cine Doré

Cine Doré

En 1896 lle­gó a Madrid el pri­mer ci­ne­ma­tó­gra­fo con el que con­ta­ría nues­tra ciu­dad. Fue una con­ce­sión de la fir­ma de los her­ma­nos Lumière que aca­ba­ban de in­ven­tar­lo el año an­te­rior. Así, a fi­na­les del si­glo XIX, en los ba­jos del Hotel Rusia (en la Carrera de San Jerónimo), el ci­ne co­bró vi­da en la ciu­dad de los ga­tos.

Palacio de Linares

Palacio de Linares

¿Quién fue Raimunda Osorio y Ortega? Si os di­je­ra que fue una hu­mil­de chi­ca de Lavapiés que aca­bó con­ver­ti­da en la es­po­sa de un mar­qués asom­bro­sa­men­te ri­co, me que­da­ría cor­to. Lo cier­to es que hay una te­ne­bro­sa le­yen­da de­trás del nom­bre de es­ta mu­jer que me­re­ce la pe­na que ana­li­ce­mos.

Raimunda de­bió na­cer du­ran­te la dé­ca­da de los años 30 del si­glo XIX, tras la muer­te del rey Fernando VII.

La Calle Salitre

La Calle Salitre

Calle Salitre

La Puerta de Lavapiés era una de las en­tra­das a Madrid en la mu­ra­lla que Felipe IV ha­bía eri­gi­do en 1625. En reali­dad se lla­ma­ba Portillo de Valencia pe­ro el maes­tro Texeira de­ci­dió re­nom­brar­la co­mo “Puerta de Lavapiés” en el plano de Madrid que di­se­ñó pa­ra el mo­nar­ca. Se ubi­ca­ba al fi­nal de la ca­lle Salitre, en el cru­ce con la ac­tual ca­lle Valencia, que no exis­tía por aquel en­ton­ces, y en cu­yo lu­gar se ex­ten­día un ex­ten­so cam­po que ni si­quie­ra se ha­bía lle­ga­do a la­brar.